La cebada: un cultivo de invierno que refresca el verano

Este cultivo se utiliza para forraje y para la producción de cerveza. En los últimos años esta industria creció y se destinó mayor producción a la fabricación de esta bebida. Cada argentino consume 40 litros por año.

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28deEnerode2019a las08:42

Con la llegada del calor, algunos tienen la oportunidad de tomarse un pequeño descanso de la rutina diaria y, siempre con la moderación del caso, la cerveza se presenta como la bebida por excelencia para acompañar esos momentos soleados de verano.

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Históricamente, el argentino ha sido gran consumidor de cerveza y, en los últimos años, una buena parte del crecimiento en ese consumo se vio influenciado también por el boom de la cerveza artesanal. Los números no mienten: en Argentina se consumen unos 1.800 millones de litros de cerveza por año, es decir, 40 litros de cerveza por argentino al año.

Al ritmo de la industria

La cebada  es utilizada tanto en alimentos de consumo humano como animal (forraje). Sin embargo, el destino más famoso que se le da al grano cosechado es la producción de malta para la industria cervecera.

En Argetnina, se siembra a partir de mayo y se cosecha desde noviembre. La provincia de Buenos  Aires es la que produce alrededor del 90% del tonelaje nacional, incentivada por condiciones climáticas y, además, por la posibilidad de adelantar en aproximadamente 15 días la siembra de la soja de segunda, ya que el ciclo de la cebada es más corto comparado con el del trigo. Por otro lado, su siembra beneficia la estructura del suelo cuando se la usa para rotación con otros cultivos, por lo que además de ser una atractiva opción comercial en el mercado también es un paliativo para la tierra.

 

Según los resultados, el sudeste de Buenos Aires es el área más importante en lo que a cebada refiere (sobre todo General Alvarado, Lobería, Tres Arroyos, Bahía Blanca, Coronel Dorrego, Necochea, Tandil y San Cayetano). También hay condensaciones importantes en el centroeste de Buenos Aires (Olavarría, Laprida, Coronel Suárez y Guaminí), sudeste de La Pampa (especialmente en Hucal y Toay), el sur de Córdoba (Río Cuarto, Unión y Juárez Celman) y de la provincia de Santa Fe (Caseros y General López). Además, los datos relevados muestran una tendencia que crece: el noroeste bonanerense (Bragado, 9 de Julio, Carlos Casares, Chivilcoy, Junín y Alberti) está teniendo cada vez mayor participación en la siembra de cebada.

Tampoco pareciera ser casual, justamente, que en estas tres provincias se encuentren concentradas las principales malterías del país: Cervecería y Maltería Quilmes S.A. (en Tres Arroyos y Zárate), Cargill S.A. (Bahía Blanca y Rosario) y Maltería Pampa S.A. (Púan), que junto con la firma exportadora de cebada cervecera Toepfer S.A. / ADM Agro (en Bahía Blanca) son las que producen semilla fiscalizada y las entregan a los proveedores y distribuidores para que los productores siembren por convenio (sin ir más lejos, por ejemplo, Quilmes procesa cada año en Tres Arroyos y Zárate entre 1 y 1,2 millones de toneladas de cebada, casi un tercio de toda la que se cosecha por año en Argentina).

Como se puede observar en la gráfica, Buenos Aires aporta la mayor cantidad de su cebada cosechada a la producción de cerveza, bebida que se está reacomodando en el mercado nacional, entre el resurgimiento de Quilmes, la apertura a la cerveza importada y el auge de lo artesanal, entre otros factores. Por ese motivo, se abre un amplio horizonte al cultivo que, además, constituye la mejor alternativa para los que quieren salir de la producción de trigo.

Mucha espuma

En la campaña 2018/19 la cebada tuvo un desarrollo óptimo: poca presión de enfermedades, con el nivel de lluvias suficiente, un total de 4,4 millones de toneladas en el mercado y una buena temporada de precios (en invierno llegó a 235 dólares la tonelada). Todo esto llevó a los productores a tener vendida su cultivo prácticamente antes de ser cosechado.

En cebada, un alto rinde no siempre es bueno porque un grano grande "chupa" las proteínas y así la planta no alcanza la calidad cervecera, que se logra con alto porcentaje proteico (entre otras cosas, para que la bebida tenga buena espuma). Si no llega a ese estándar, se destina a forraje: un negocio bastante menor. Para ganar calidad, se ayuda con fertilización, aunque no todos los años es un gasto rentable. Sin embargo, debido a los buenos precios de 2018, los productores fertilizaron más y esto generó una mejor calidad para que la cebada "salga cervecera".

El panorama internacional también ayudó: el total de compra de cebada (cervecera y forrajera) para esta campaña está superando las 2 mil toneladas, mientras que el año pasado apenas alcanzaba las 676.000. Ante la escasez global, la cebada argentina llegó a nuevos mercados, debido a  condiciones climáticas adversas en los cinco principales productores del mundo: Rusia, Australia, Canadá, Ucrania y la Unión Europea. Además, la industria cervecera local adquirió cerca de 500 mil toneladas más respecto al año anterior, y la forrajera para exportación dio un importante salto (de 163,5 mil toneladas en 2017/18 a más de un millón de toneladas en esta campaña).

Así dadas las cosas, entre el buen número que va al exterior, la “reinvención” de las grandes empresas locales de cerveza industrial y los aproximadamente 700 productores de cerveza artesanal argentinos, este cereal seguramente pasará muy cómodo el próximo invierno.

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