El "cultivo del futuro" que puede producir más alimento que cualquier cereal en las mismas condiciones: rinde 35 ton/ha promedio en Argentina y hay que invertir US$10-12k/ha para producirlo
Agrofy News conversó con el ingeniero agrónomo Daniel Caldiz, coautor de El Manual de la Papa; explicó por qué es uno de los cultivos más eficientes del mundo, cuánto hay que invertir para producirla en Argentina y qué falta para que el país dé un salto exportador

China, que es el principal productor mundial de papa, tiene un promedio de 17 toneladas por hectárea.
El ingeniero agrónomo Daniel O. Caldiz, coautor de El Manual de la Papa, sostiene que el cultivo tiene ventajas productivas, nutricionales y económicas que lo posicionan como estratégico para el futuro. En esta entrevista analiza números, desafíos y oportunidades.
El respaldo de una obra técnica sin precedentes
Daniel O. Caldiz es coautor de El Manual de la Papa, junto al reconocido especialista holandés Prof. Dr. Anton J. Haverkort. Una obra de 600 páginas que reúne más de 100 años de experiencia combinada y que ya fue presentada en distintos países de América Latina. El libro aborda genética, fisiología, manejo, industria y comercialización del cultivo, y fue concebido como legado técnico para productores y profesionales.

En su manual usted define a la papa como el “cultivo del futuro”. ¿Por qué?
Daniel Caldiz: Porque tiene ventajas competitivas muy claras frente a otros cultivos. En términos de rendimiento por hectárea, la papa produce más alimento que un cereal en las mismas condiciones. Incluso en situaciones de baja tecnología puede rendir entre 10 y 12 toneladas por hectárea. Un cereal, en esas condiciones, no produce ni la cuarta parte en términos de volumen alimenticio. Desde el punto de vista nutricional también es muy eficiente. Es rica en potasio y hoy existen desarrollos para incrementar hierro y zinc. Eso la convierte en un cultivo estratégico para países con limitaciones de superficie o problemas de seguridad alimentaria. Además, si uno mira la evolución global, el área cultivada y los rendimientos promedio han aumentado sostenidamente. Se expandió a África, zonas tropicales y subtropicales donde hace 50 años era impensado.

¿Cómo está posicionada Argentina frente al mundo?
D.C: Muy bien. Nuestro promedio ronda las 35 toneladas por hectárea. Países como Holanda están cerca de 43. China, que es el principal productor mundial, tiene un promedio de 17 toneladas por hectárea, aunque produce 96 millones de toneladas porque tiene muchísima superficie.
Estamos muy por arriba de otros países en desarrollo. En zonas como Balcarce, Mendoza o Patagonia estamos al nivel de Idaho, en Estados Unidos.
Casi un 50% de la superficie se cultiva en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, en el llamado triángulo Mar del Plata, Tandil y Necochea. Esa área, que es la zona núcleo de la papa, se está ampliando.

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Valle del río Negro y Chubut: regiones con potencial para expandir el cultivo
Además de las zonas tradicionales, ¿hay regiones con potencial para expandir el cultivo en Argentina?
D.C: Sí. Hay regiones con muchísimo potencial. Una de ellas es el Valle Medio y el Valle Inferior del río Negro, en la Patagonia. Hoy la superficie cultivada allí es muy pequeña si se la compara con la disponibilidad de tierra que existe. Pero no es tan simple como llegar y plantar papa.
Primero hay que sistematizar los campos, desmontar y llevar riego, lo que implica inversiones importantes. Si se hacen esas inversiones, es una región que puede crecer mucho en superficie. También hay zonas interesantes en la Patagonia vinculadas a la producción de papa semilla, por ejemplo en el valle del río Chubut.

¿Por qué esas regiones patagónicas son atractivas para producir papa semilla?
D.C: Porque son zonas muy aisladas desde el punto de vista agrícola. Cuando uno quiere producir semilla de alta calidad busca justamente lugares donde haya pocos cultivos alrededor y baja presencia de insectos que transmiten virus. En esas condiciones se pueden implantar plantas provenientes de laboratorio, los llamados minitubérculos y multiplicarlas durante varios años con muy baja incidencia de enfermedades.
En esos sistemas prácticamente el único insumo externo es fertilización y riego, y el uso de agroquímicos es mínimo. Por eso son áreas muy interesantes para desarrollar en el futuro, aunque todavía falta infraestructura: caminos, galpones y sistemas de riego.

¿Cómo se estructura la cadena productiva?
D.C: Entre 65% y 70% va al mercado fresco. El resto a la industria, principalmente bastones prefritos congelados. En Argentina operan tres grandes jugadores globales: McCain Foods, Lamb Weston y Simplot. Que estén instaladas en el país habla del potencial productivo que tenemos.
¿Cuánto cuesta producir una hectárea?
D.C: Hoy estamos entre US$10.000 y US$12.000 por hectárea, considerando arrendamiento, semilla, fertilización, riego e insumos. La semilla es un componente clave. En papa, la “semilla” es el tubérculo, producido bajo condiciones sanitarias especiales, con costos altos de logística y manejo.

El productor argentino, al nivel de los líderes mundiales
¿Qué nivel tecnológico tiene hoy el productor argentino de papa?
D.C: Si uno mira a los mejores productores del país, no tienen nada que envidiarles a los productores de Estados Unidos, Canadá o Europa. En zonas como el sudeste de Buenos Aires, Córdoba, San Luis, Mendoza o la Patagonia hay sistemas productivos muy tecnificados. Los productores manejan muy bien el suelo, el riego, la fertilización y el control de plagas y enfermedades, y eso es lo que explica que puedan alcanzar rendimientos tan altos.

¿Dónde están hoy las principales brechas productivas?
D.C: Hay productores que ya están en un nivel tecnológico muy alto y otros que todavía tienen margen para mejorar. La diferencia muchas veces tiene que ver con la capacidad de inversión. En Argentina es muy difícil acceder al crédito, y eso hace que la renovación de maquinaria o la incorporación de nuevas tecnologías sea más lenta que en Europa o Estados Unidos.
Aun así, Argentina logra importantes rendimientos competitivos…
D.C: Exactamente. Por eso siempre digo que el mérito es del productor argentino. Logra rendimientos muy altos en un contexto con muchas restricciones económicas. Eso obliga a ser muy creativo, eficiente y profesional en el manejo del cultivo. Y creo que esa capacidad de adaptación explica por qué el productor argentino ha logrado destacarse incluso en condiciones más difíciles que las que tienen los productores europeos.

¿Qué desafíos enfrenta el cultivo?
D.C: Las enfermedades de suelo son complejas. No se erradican, se manejan con rotaciones. También estamos viendo mayor presión de Alternaria: antes se hacía una aplicación de fungicida, hoy pueden ser cinco. Otro punto crítico es la planificación comercial. El año pasado hubo sobreoferta y caída de precios. No se puede expandir superficie si no hay mercado. Argentina podría producir más, pero necesitamos un plan exportador, abrir mercados en África o Medio Oriente y trabajar barreras paraarancelarias.

¿Qué le diría a un joven productor que está interesado en iniciarse en este cultivo?
D.C: Que es un cultivo atractivo por su rentabilidad, pero que no apueste todo a un solo destino. Diversificar entre mercado fresco e industria reduce riesgos.
Y que se forme. El conocimiento es clave. Por eso hicimos el libro. No buscamos hacernos ricos; queremos que más gente tenga acceso al conocimiento.
La papa argentina combina altos rendimientos, tecnología competitiva y presencia de grandes industrias globales. Pero el salto de escala dependerá menos del potencial agronómico, que está probado, y más de una estrategia comercial y exportadora de largo plazo.
Como resume Caldiz: “Tenemos la capacidad productiva. Ahora necesitamos una visión de mercado”.


