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Simposio Fertilidad 2019

El mapa de necesidades nutricionales de los suelos pampeanos

Especialistas del INTA Balcarce detectaron caídas de hasta un 40 % de materia orgánica, disminución de nutrientes básicos y creciente acidificación, en suelos de la zona núcleo.

Por Diego Mañas | Agrofy News

La calidad del suelo es uno de los factores esenciales para la multiplicación de la biodiversidad en el planeta y el desarrollo de prácticas agrícolas sostenibles. Pero para definir el diseño de estos sistemas, resulta prioritario contar con análisis de suelo que, basados en parámetros clave, permitan hacer un diagnóstico actualizado del estado nutricional del suelo y establecer estrategias de manejo que favorezcan la conservación de los nutrientes.

Con el objetivo de evaluar la calidad de los suelos, especialistas del INTA Balcarce –Buenos Aires– elaboraron un mapa de la región Pampeana en el que analizan la evolución de los niveles de materia orgánica (MO), fósforo extractable (P-Bray), pH, bases intercambiables (calcio, magnesio, potasio) y micronutrientes en los últimos siete años.

En cuanto a materia orgánica, el relevamiento indicó que se mantuvo en el mismo nivel en el norte pampeano, lo que sugiere que se llegó a un nuevo punto de equilibrio entre la entrada y salida de carbono de los suelos. “No sucedió así en el sur de la provincia de Buenos Aires, donde la MO continuó disminuyendo respecto del 2011, lo que podría explicarse por el agravamiento del proceso de erosión hídrica”, explicó Hernán Sainz Rozas, especialista en fertilidad de suelos y fertilización de cultivos del INTA Balcarce.

No obstante, el investigador aseguró que los niveles actuales en toda la región pampeana muestran valores entre un 30 y 40 % menores respecto a los suelos en condición prístina, condición que genera problemas físicos (estabilidad estructural y mayor riesgo de erosión) y menor disponibilidad de nutrientes, particularmente de nitrógeno y azufre.

En tanto, los niveles actuales de P-Bray son menores a 15 mg kg-1 (0-20 cm de profundidad) en una vasta superficie de la región pampeana, y en los últimos siete años, este problema se agravó. Esto indica que nos niveles actuales de reposición de fósforo (vía aplicación de fertilizantes) están por debajo de la extracción en productos agrícolas (granos, carne, leche, etc.).

Respecto del pH, el especialista dijo que “hubo un cambio negativo, que se refleja en la disminución de los valores de pH del suelo, sobre todo al norte y este de la región Pampeana, donde se registran preocupantes niveles de pH”. En casos graves de acidificación, aun no alcanzados en la región, en los suelos con pH por debajo de cinco comienza a liberarse aluminio y esto resulta tóxico para las plantas y, a su vez, genera más acidez.

Además, la acidez provoca consecuencias sobre diferentes procesos biológicos y químicos que ocurren en el suelo. “En problemas graves de acidez, se recomienda la aplicación de calcita (carbonato de calcio) o dolomita (carbonato de calcio y magnesio)”, sugirió Sainz Rozas.

De acuerdo con los técnicos, la clave para contrarrestar el impacto negativo y contribuir a la salud de los suelos está en mejorar el balance de carbono: aumentar la frecuencia de cultivos de cobertura, promover la rotación de cultivos y, además, aplicar un plan de fertilización ajustado a las necesidades nutricionales del lote. Se calcula que el manejo racional de estas aplicaciones podría incrementar hasta en un 40 % los rindes de trigo y maíz.

“En síntesis, la situación es que hemos sacado plata de la caja de ahorro y no la hemos repuesto”, advirtió Sainz Rozas, para referirse a la brecha que existe entre los nutrientes requeridos por la producción agropecuaria y los efectivamente repuestos.

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