Papa andina, un cultivo ancestral que se convirtió en snacks

Investigadores del INTA desarrollan la industrialización de este tubérculo de más de 10 mil años de historia, como chips de papas fritas. Para 2020 esperan estar en las góndolas del mercado.

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30deMayode2019a las12:31

Con la papa andina como protagonista de esta historia, INTA Balcarce y Jujuy trabajan en conjunto para convertir este cultivo ancestral en una industria del snacks. Los institutos buscan sumar valor agregado a un alimento proveniente del norte con alto valor nutricional y cualidades organolépticas superiores.

 

“Es la primera tirada experimental de papas andinas nativas en una planta industrial, perteneciente a la empresa Gauchitas de Balcarce, donde se logró llegar al envasado para consumo y degustación del producto con reconocidos chefs argentinos”, explicó Sergio Feingold, Coordinador del Programa Nacional de Biotecnología y responsable del Laboratorio de Agrobiotecnología de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) Balcarce del INTA.

Desde el INTA estiman un volumen de producción de 5.000 kg/ha, a partir de producir entre 60 y 80 mil semillas para distribuir entre productores en la campaña 2019/2020. Feingold destacó: En esta investigación se seleccionaron cinco genotipos de calidad nutricional e industrial superior para producir una cantidad suficiente de ‘papa semilla’ para su cultivo”.

La industrialización llegó después de 8 años de investigación, destacaron que demandó caracterizar y multiplicar unos 120 genotipos de este cultivo andino, en su gran mayoría provistos por el Banco de Germoplasma de papa y forrajeras de Balcarce. En esta oportunidad se seleccionaron los genotipos de mayor calidad nutricional e industrial.

Más de 10 mil años de memoria

En 2016 se restituyeron a las comunidades y productores locales de Jujuy unos 100 genotipos que se habían multiplicado a partir de la colección de larga data de papa andina.

“Este hecho permitió resaltar el valor de la conservación ex-situ en bancos de germoplasma y a su vez reconocer el compromiso de los productores locales con la conservación de la diversidad genética in situ”, añadió Feingold.

“Actualmente podemos vislumbrar el retorno de genotipos superiores a la producción local con valor agregado y potencial industrial”, finalizó.

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