Destacan la reducción de variabilidad de aplicación de equipos Altina

Jeremías Brusa: “No encontré equipo que redujera la variabilidad de aplicación como la Altina”.

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26deSeptiembrede2019a las14:59

Jeremías Brusa es Ingeniero Agrónomo e integra el Estudio Agronómico BRUSA junto a su esposa Agustina Pividori, también agrónoma. Desde allí brindan servicios de asesoramiento profesional y administrativo en sistemas agrícolas y tambos de la zona centro de Córdoba.

Habitualmente Brusa comparte en su perfil de Twitter algunas apreciaciones sobre el día a día en el campo como el monitoreo de plagas, el cuidado del suelo, la siembra y fertilización de los cultivos, entre otras cosas. El pasado mes de junio, el ingeniero y productor publicó una foto del Kit Altina realizando una fertilización previa a la siembra de trigo en la localidad de Sacanta y decidimos contactarnos con él para conocer su experiencia con la tecnología de nuestra empresa.

https://twitter.com/JeremiasBrusa/status/1136341116016570370

Cómo llegó a la tecnología de la empresa y para qué tipo de tareas utiliza nuestra maquinaria?

Hace dos años adquirí una maquina Altina con uno de mis clientes. Tuve que involucrarme porque no había mucho convencimiento, era una tecnología nueva y no existía gente por la zona que la tuviera. No fue fácil tomar la decisión, porque implica ponerse en otro rubro como el de contratista y eso me quitaba mucho tiempo. Tuve que formar un equipo de trabajo, dar a conocer la tecnología en la zona a través de charlas y experiencias a campo e inclusive me fui hacer un curso de posgrado en suelo con la Dra. Florencia Barbero, quien literalmente me abrió la cabeza. Así multiplique la potencialidad de usar el equipo Altina en los campos que nos toca asesorar.

Actualmente me desprendí del equipo y lo vendí a mi socio por una cuestión de tiempo, ya que quiero abocarme totalmente a mi profesión. Pero, a pesar de no tener más la máquina, sigo siendo un convencido de esta tecnología y la sigo recomendando para fertilizar, hacer enmiendas, aplicación de cebos y siembras.

¿Qué cosas lo han transformado en un “convencido” de esta tecnología?

Soy un convencido porque mido todo. Con una máquina fertilizadora de plato no podíamos aplicar fertilizante con vientos de 15 kilómetros por hora, porque después de 6 meses la cosecha de trigo rendía 30 quintales en las zonas donde el fertilizante no llegó y 48 quintales en las zonas donde sí lo hizo. Eso era «tirar, poner, volear» pero no aplicar.

En cambio, con Altina empezamos a aplicar desde 300 a 50 kilogramos de fertilizante, sembrar 15 kilogramos de alfalfa e incluso aplicar 3 kilogramos de cebo tóxico para bicho bolita por hectárea, todo distribuido como uno supone que se tiene que hacer. La realidad es que yo no encontré equipo que redujera la variabilidad de aplicación a un 5% hasta que trabajé con Altina. Lo medí desde el centro del botalón hasta el extremo y me convencí. Llegué a medir con baldes de agua y carteles con grasa de chancho para que cuando pasará la máquina quede adherido en el lugar donde cayera la semilla de alfalfa o de materiales pequeños, como los granitos de cebo. Esas cosas mostraba en las dinámicas para construir la confianza y la demanda en el servicio.

¿Qué otras características destacaría de la maquinaria?

En mi zona las aplicaciones de fertilizante para la siembra fina se concentran en el mes de abril y mayo, que es cuando se producen las últimas precipitaciones para poder incorporarlos y que estén disponibles para ser aprovechados por el cultivo. Son meses de trabajo a contrareloj, porque se superpone con la cosecha gruesa y las pulverizaciones para barbechos entre otras labores. Por eso tener una máquina que pueda trabajar independientemente del viento, manteniendo la calidad de la aplicación aun con velocidades de más de 30 kilómetros por hora es algo para ponderar. Luego, en la campaña gruesa que ya empezamos a fertilizar en el mes de agosto para el maíz de primera, son pocos los días en los que hay vientos de menos de 15 kilómetros por hora y se hace muy difícil trabajar y ajustar otros sistemas sin resignar un 20% o 30% de variabilidad.

¿Podría mencionar los principales beneficios de los Cultivos de Cobertura? ¿Cómo avanza su implementación en las regiones productivas de nuestro país?

Hace 5 años que venimos midiendo los resultados de distintos manejos y esquemas de cultivos con destino de cobertura o para aprovecharlos con esquemas mixtos. Si bien tuvimos buenos y malos resultados, los beneficios siempre predominaron sobre las desventajas, que en la mayoría de los casos se dieron por un desconocimiento en el manejo que produjo errores sobre los cuales estamos aprendiendo y ajustando permanentemente. Se trata de un cambio de paradigma sobre lo que conocíamos como siembra directa. Florencia Barbero lo viene diciendo desde hace mucho tiempo antes de que nosotros nos diéramos cuenta que con la directa no alcanza.

En mi zona el área sembrada bajo estas técnicas está creciendo. Aquí los cultivos de cobertura son mucho más complejos de manejar ya que trabajamos en una región semiárida. Pero teniendo el objetivo de producir raíces, y con éstas incrementar la materia orgánica y la porosidad del suelo, mejoramos la fertilidad física y eso es un cambio grande. Nos hicimos más eficientes en captar agua y almacenarla para su uso productivo.

¿Cuáles son las herramientas más eficaces de un productor a la hora de combatir malezas?

Estoy seguro que la mejor herramienta es el conocimiento. Nosotros armamos planificaciones para el manejo de malezas sobre el monitoreo y reconocimiento de las especies, pero también hay que sumar a la ecología, que involucra dinámica poblacional, temperatura, humedad y otros requerimientos ambientales que le son favorables para prosperar.

En nuestro caso sumamos selección y rotación de cultivos, elección de híbridos y variedades, eventos biotecnológicos, época y densidad de siembra, cultivos de cobertura, fertilización, controles con fitosanitarios. Y la lista sigue. La profesionalización de las decisiones nos lleva a manejar un sistema que sea sustentable con el ambiente y con el bolsillo; estas dos cosas van juntas. Bajar el impacto ambiental significa bajar el costo de gasoil, agroquímicos y empezar a ver que lo que te deja plata es un sistema basado sobre la tecnología de procesos, no de insumos.

Desde su lugar de ingeniero agrónomo, ¿cuáles cree que son los desafíos del campo argentino respecto al cuidado del suelo?

Creo que el campo argentino está condenado a ser eficiente, y eso es una búsqueda permanente. Digo esto porque tenemos la obligación como profesionales de armar y planificar sistemas productivos plásticos, que se adapten rápidamente a los cambios actuales. Y no hablo solamente del clima. El impacto que tienen las políticas económicas cambiantes hace que tengamos que estar preparados para tener alternativas a la hora de producir leche, carne y granos con distintos costos.

El pensador inglés Arthur Young una vez escribió: “Dios duerme en los minerales, despierta en las plantas, camina en los animales y piensa en el hombre”. Creo que hoy ese paradigma cambió. Es el hombre quien tiene que pensar en trabajar con los animales y las plantas cuidando el suelo y el ambiente, porque en definitiva vivimos de los recursos. No los podemos destruir porque de eso comen y tienen que seguir comiendo nuestros hijos.

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