De generación en generación: tecnología, suelos y diversificación en el traspaso de la pasión por el campo

Ya sea en campos nuevos como en hectáreas que trascienden varias generaciones, para los productores el agro es oficio, dedicación y devoción.

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De generación en generación: tecnología, suelos y diversificación en el traspaso de la pasión por el campo
11deMayode2020a las13:03

Sean establecimientos ganaderos o agrícolas, el apego a la actividad es una pasión que suele transmitirse de padres a hijos.

Agrofy News habló con dos productores sobre el entusiasmo que lograron contagiar hacia una nueva generación.

La premisa, mejorar el suelo

José Galvano es desde hace 20 años un aficionado del campo y junto a su mujer, su suegro, sus cuñados y cuñadas, y hasta con sus hijos, trabaja  en un campo agrícola ganadero en Marcos Juárez, provincia de Córdoba. Sus preocupaciones van más allá de las próximas cosechas y se extienden hasta los cuidados del suelo y las próximas generaciones. "El objetivo es dejarle a nuestros hijos un campo como el que nosotros recibimos", asegura José.

Se trata de una empresa agropecuaria familiar que viene de larga data y pertenece a la familia de su esposa. “Somos toda una familia de productores agropecuarios”, detalla José. Parte del crecimiento fue adaptarse a los nuevos tiempos que corren. “Cada vez se profesionalizó más. Trabajamos como una empresa, tenemos reuniones de directorio y protocolos”, asegura el productor, quien contó que cada vez rotan más, incorporan cultivos de servicio y una buena dosis de fertilización. “Tratamos de de hacer las cosas lo mejor posible”.

En el campo trabajan alrededor de 20 personas y utilizan maquinaria propia. “Utilizamos la última tecnología, rotamos maíz, trigo, soja y con la virtud de que la rotación es buena para el suelo. Nuestra idea es que el campo esté verde todo el año, por eso hacemos cultivo de servicio, que aporta nitrógeno, absorbe el exceso de agua y le gana a las malezas”, destaca. En relación a la maquinaria, cuenta que la renuevan cada vez que puedan.

“Es un círculo virtuoso, todo lo hacemos para mejorar el suelo”, aclara. La pasión de José se traduce también en su trabajo desde hace 10 años es parte de la comisión directiva de Aapresid, la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa, con un proyecto para que los jóvenes se incorporan a la vida institucional de la entidad. “Mis hijos, Luca y Lourdes de 17 y 13 años, y mis sobrinos son la nueva generación. A todos les gusta el campo. Les entusiasma”, sostiene.

“Mi hijo me acompaña a las cosechas y más ahora, en época de cuarentena, porque le gusta. También habla mucho con mi suegro. Mis dos hijos viven en un clima en el que constantemente se habla de campo, es un tema diario”. José explica que su hijo estudiará Administración de Empresas en Rosario. “Muchos productores sufrieron por no saber administrar bien su campo. Capaz podés contratar a un ingeniero agrónomo, pero administrar algo a veces es más difícil que laburarlo. Es algo que a él le gusta, y elige libremente. Juntos pensamos a qué universidad le gustaría ir”, precisa.

La diversificación como estrategia

Pedro Vigneau es quinta generación de productores. El ex presidente Aapresid narra que el campo, que está en Bolívar, data de 1882, cuando su tatarabuelo, que llegó como inmigrante desde los Pirineos, lo compró. “Vino con 16 años a trabajar en una estancia en Lobos. Juntó unos mangos con dos amigos y se fueron al oeste a comprar entre los tres ovejas. Se dividieron el campo con unos palitos, mi abuelo sacó el más largo y eligió el campo con la laguna”, recuerda.

El bisabuelo de Pedro llegó a tener 30.000 hectáreas, de las cuales a él le tocaron 1000. “Y a mis hijos les tocarán 300 y pico”, indica.

A los 22 años Pedro se hizo cargo de la empresa familiar. “Mi familia primero tuvo ovejas, después vacas y luego se dedicó a la agricultura”, afirma. “A mis tres hijos les gusta mucho el campo, les encanta. A mí me apasiona y eso se transmite de alguna forma. Somos apegados a la fotosíntesis”, añade. Incluso, su hijo mayor estudia agronomía. “Cuando mi hijo terminó el colegio, quiso estudiar diseño industrial, lo envié a Silicon Valley, para que conociera. Volvió enloquecido, comenzó la universidad y a los seis meses se cambió a agronomía. Uno de los argumentos era que no se veía dentro de una oficina y que quería trabajar afuera como yo”, observa.

Para el emprendedor, la clave es la diversificación. “Mi estrategia siempre fue diversificar. Convencí a mi madre de vender una parte del campo de Bolívar para comprar otro en Río Negro. Después fuimos comprando también en Corrientes, tuvimos novillos en una isla entre Ramallo y Puerto Ruiz, vacas capitalizadas en los Esteros del Iberá, siembra en el sur de Buenos Aires, armé un fideicomiso. Ahora estoy armando algo sobre producción y carne en La Matanza con una organización vecinal para dar trabajo allá”, enumera.

En la actualidad, Pedro está invirtiendo en una aceleradora de startup de agro. “Me parece muy interesante estar en la cresta de la ola tecnológica apostando por chicos que vienen por un empuje tremendo para modificar cuestiones arraigadas”, agrega.

Pedro explica que su generación “switcheó” de la agricultura tradicional a la siembra directa. “No hay que atarse a esquemas rígidos. Mi esquema es tener la flexibilidad que frente a disrupciones te permita poder tomar nuevas decisiones. Alguien con capacidad de adaptación es fabuloso”, completa.

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