Herbicidas: "No hay sustancias inocuas, solo hay formas inofensivas de manejarlas"

El presidente de la Asociación Argentina de Toxicología afirmó en el Congreso de Malezas 2021 que la toxicidad de los herbicidas está limitada a la manipulación de los productos

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14deJuniode2021a las10:51

Durante la segunda jornada del Congreso de Malezas 2021, organizado por la ASACIM, Aldo Sergio Saracco, presidente de la Asociación Toxicológica Argentina (ATA), aseguró que para que exista riesgo de intoxicación con herbicidas “debe existir una exposición” al producto que sea “prolongada en el tiempo”, situación en la cual también tiene relación la cantidad de producto aplicada. “La dosis hace al tóxico”, aseveró.

En una conferencia plenaria, moderada por Jorgelina C. Montoya del EEA INTA Anguil, el médico agregó que la toxicidad “no depende solo del producto”, también de aspectos como “el tiempo de exposición, las condiciones meteorológicas y las características genéticas de la persona alcanzada”.

“La actividad agrícola es la que tiene el mayor uso de herbicidas, con un 85% y los trabajadores agrícolas y sus familias son el principal grupo expuesto y sobre los que hay que trabajar en prevención”, insistió.

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Por esto, dijo que “el trabajador de fitosanitarios debe ‘descontaminarse’ para disminuir el efecto de la exposición” (cambiarse e higienizarse al finalizar la tarea), y se debe tener en cuenta que “en días de calor se da una absorción más rápida del agroquímico”; en tanto aseguró que “equipos de protección adecuados garantizan que la exposición al uso de herbicidas sea mínima y no haya riesgo de absorción”.

El presidente de la ATA dividió los efectos que provocan los herbicidas en la salud en “agudos” y “crónicos”. Los primeros son los efectos irritativos (dermatitis o pigmentación de la piel, “que pueden ser minimizados con los equipos de protección para el trabajo”) e inhalatorios, que se previenen con el uso de máscaras con los filtros adecuados.

En el caso de los efectos crónicos como carcinogenecidad, inmogenecidad, inmunotoxicidad y efectos disruptivos endócrinos, reconoció que pude haber “un vínculo” con los herbicidas, “ya que dependiendo de cómo han sido producidos y de los controles de calidad, pueden tener altos niveles de dioxinas, que son sustancias con posibilidad de generar malformaciones y efectos carcinogénicos en animales”.

Esto es porque “los agroquímicos utilizados para el control de plagas tienen impacto a través de sus principios activos y de los aditivos que tienen asociados, con mayor o menor impacto en el suelo, el aire o las aguas. Cuando existe un mal uso, como la aplicación donde hay personas sin protección y no saben que se hacen aplicaciones, como en las banquinas o vías o en barrios para desmalezar, ponen a los grupos en ventanas críticas”.

Tras este reconocimiento Saracco afirmó que “en las dosis indicadas, cumpliendo lo que dice el marbete y aplicando las dosis útiles, no se han observado impactos en la salud”.

Saracco remarcó que “la realidad indica que los agroquímicos utilizados para el control de plagas tienen un marcado impacto a través de sus principios activos y de los aditivos que tienen asociados, con mayor o menor impacto en el suelo, el aire o las aguas”.

Disminuir riesgos

“No hay sustancias inocuas, solo hay formas inofensivas de manejarlas, que es donde hay que centrarse”, alentó. El médico apuntó que “hay que tener responsabilidad en disminuir el riesgo, trabajando sobre las vulnerabilidades”. Entre las poblaciones vulnerables puso a los niños y a las mujeres en gestación. “Aquí una mayor exposición, aumenta la posibilidad de potenciar los efectos tóxicos en la salud”.

“El abordaje de este problema debe ser una comunicación clara y, por otro lado, la regulación y la prevención, en cuanto a la calidad y la certeza de los productos que se comercializan”.

Saracco dijo que en la comunidad médica “hoy hay una visión más amplia” del tema de la exposición a agroquímicos “que incluyen lo ambiental, el problema de la exposición crónica y otros aspectos que hacen a las posibilidades de riesgo”. Esas visiones están contenidas en el Libro Púrpura de la ONU, que va por su 8va versión (la última, de 2019).

Entre las indicaciones de la ONU citó que “hay que tomar las mayores medidas de cuidado y tratar de ser menos vulnerables usando la protección personal adecuada y los pulverizadores bien mantenidos y controlados. No solamente centrarse en el agroaplicador, sino también el transporte, almacenaje, la producción y la distribución”.

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