Le tenía pánico a los caballos y los usó para motivar a sus alumnos: la maestra argentina que va por el Nobel de Educación

Ana María Stelman es docente de primaria de La Plata y una de las dos argentinas seleccionadas entre los 50 finalistas al Global Teacher Prize 2021

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Le tenía pánico a los caballos y los usó para motivar a sus alumnos: la maestra argentina que va por el Nobel de Educación
23deSeptiembrede2021a las09:11

Ana María llegó a la escuela primaria N° 7 Fragata La Argentina, en el barrio Hipódromo de La Plata, en 2019, “esquivando caballos”. Les tenía miedo, pánico, según sus palabras. Nunca iba a imaginar que enfrente de ella tenía la materia prima de lo que sería luego su proyecto pedagógico.  

Ana María Stelman: el desafío de vincular

Ana tiene 56 años, tres hijos y desde que se recibió siempre fue maestra en las periferias, en contextos de vulnerabilidad social y en escuelas rurales. En la gran inundación de 2013 en La Plata, el agua que se metió en su casa superó el metro y perdió casi todo. 

En estos dos años desde que llegó a la escuela N° 7, a pesar de la virtualidad y de que muchos de sus alumnos no tenían conexión a Internet o dispositivos para seguir una clase, logró que los 37 siguieran vinculados a la escuela. El “cómo” lo hizo fue la razón para que la nominaran entre 8 mil docentes, de 121 países distintos, para competir por el comúnmente llamado “Premio Nobel de Educación”, que se dará a conocer en noviembre en París.

“Lo que yo hago es trabajar a partir de proyectos, mirando qué es lo que los chicos tienen en el entorno, lo que necesitan. La escucha, la empatía, la atención es lo que me da la pauta de dónde generar ese disparador para querer ir a la escuela”, dijo la docente de primaria, en entrevista con Agrofy News. 

“Siempre estoy trabajando en escuelas que tienen problemas de deserción o ausentismo. Yo trato de que ellos sientan que si no van a la escuela se pierden algo bueno. Con la cantidad de estímulos que reciben los chicos hoy en día necesitan esa velocidad, por eso una hora hacemos una cosa y en la siguiente ya estamos haciendo algo diferente”, contó.

La historia del alumno que aprendió a leer

“Apenas llegué al barrio me encontré con caballos. A la mañana están todos los vareadores: van al hipódromo, vuelven, los sacan a pasear. Yo les tengo terror, pero me dí cuenta de que tenía que hacer algo con ellos, sobre todo después de que otros maestros me dijeran que cuando hablan de caballos los chicos se interesan en la conversación”, contó.

Ana María contó una anécdota que tuvo con un alumno y que le sirvió de puntapié para su proyecto de aprendizaje: “Él tenía dos años más que sus compañeros (10). Me decía ´yo no voy a aprender nunca a leer y escribir porque es muy difícil´. Yo veía sus manos toscas de tanto trabajo manual y luego me enteré que él estaba viviendo en un stud (caballerizas), una historia de vida bastante cruda”. 

“Un día me trajo un yeso que le habían sacado a la pata de un caballo, otro día a escondidas me trajo la viruta que había traído de la cama del caballo. Le propuse hacer un museo de caballos y me traía de todo, herraduras, clavos. Hizo maquetas de los stud, les contaba a los compañeros que eran boxes y comenzó a sentirse parte, a sentirse importante; sabía cosas que los compañeros no”, continuó. 

“En una visita que hicimos al hipódromo le levantó la pata al caballo y empezó a explicarle a los compañeros qué había que hacer para poner la herradura y cómo darse cuenta si un caballo estaba tranquilo o no, que siempre había que ir de costado y no de frente porque no los veía. Él se sintió empoderado y a partir de ahí se empezó a interesar y sin darse cuenta empezó a leer”, contó emocionada.

Los caballos, ese gran disparador

Para darle forma al proyecto tuvo que aprender. Por eso se puso en contacto con la Facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional de La Plata y les contó que quería trabajar con caballos, que no conocía nada de ellos y que incluso le daban miedo.

La contactaron con Mariana, una profesora que estaba llevando a cabo un proyecto llamado “Mi amigo el caballo”. Trabajó con ella en el desarrollo de su propio proyecto pedagógico el que llamó “¿Por qué hay tantos caballos en el barrio?”.

“Luego de la experiencia que tuvimos en 2019 empezamos a armar un proyecto más ambicioso que es el que se está haciendo este año con clases presenciales. A través de eso pude citar a los que no tenían dispositivos para que pudieran tener un contacto directo conmigo, poder verlos, y lo que hicieron desde la Facultad fue ponerse al hombro la escuela que con todas sus dificultades en cuanto a los recursos que tienen los chicos, me ayudaron a que yo pueda trabajar con ellos”, contó Ana María.

Pedagogía con animales y compost con residuos

Además de los caballos, empezaron a trabajar con perros. Los animales se convirtieron en facilitadores de la enseñanza: “Si tenés dificultades delante de otras personas, podés sentirte juzgado. Pero los animales no te juzgan. Les podés hablar de lo que sea, leerles un cuento e incluso contarles cosas personales”, contó la docente.

Y fue un poco más allá. Como vio que muchos chicos tenían mucho contacto con los studs, empezó a averiguar qué hacían con la bosta de caballo. Enseguida descubrió que la mayoría la tiraba, no le veían el recurso económico. Investigó con profesionales y empezaron a trabajar haciendo compost a base de bosta de caballo, lombrices y la producción de plantines. 

“Llevamos bosta y núcleo de lombrices al aula y ellos lo que hacían era medir la temperatura, humedad. Con ese proyecto nos presentamos en la Feria de Ciencias. Fue importante para ellos ver que lo que antes tiraban, ahora cobraba valor”, contó orgullosa. 

Entre los 50 mejores del mundo

Hace más de dos años que colegas le insisten en presentarse al Global Teacher Prize. “Ella hace cosas raras, diferentes”, resaltaron. Hace unos meses atrás, la directora y la cocinera de la escuela la convencieron y hoy junto a Gisela Gómez, docente del Instituto Provincial de Educación Técnica (IPET) Nº 85 en General Paz, Córdoba, representarán a Argentina en este certamen internacional que Fundación Varkey realiza en colaboración con la UNESCO.

“Uno trata de apagar tantos incendios todos los días, de atajar tantos desafíos diariamente y presentarse en un premio como este, pensar en una misma, completar formularios, es raro”, expresó. 

“Creo que hay muchos docentes que están haciendo cosas que no se conocen, que están jugándose todos los días en el salón con mucha creatividad, tratando de dar lo mejor para que los chicos se puedan educar, formar y tener un futuro mejor”, destacó.

Y concluyó: “Me gustaría que sea más visible el trabajo que hacen los docentes para la sociedad y que las familias trabajen más en conjunto”.

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