Joven campero: sufrió un grave accidente y tiene un pedido desesperado para el presidente Luis Lacalle Pou

Después de trece operaciones entre Uruguay y la Argentina, finalmente fue amputado; “El campo para mí es libertad", destaca Alexis Mesa y demuestra una gran pasión por el sector

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Joven campero: sufrió un grave accidente y tiene un pedido desesperado para el presidente Luis Lacalle Pou
08deFebrerode2022a las11:33

La mayoría de los recuerdos de la infancia de Alexis Mesa, un joven de 17 años de Río Negro, Uruguay, están ligados a un accidente que le cambió la vida para siempre.

El primero data de sus cinco años: es el origen de la mala fortuna que vivió hasta ahora y por el que lucha para salir adelante con el acompañamiento de su familia, tras ser amputado de una pierna en 2020. Para esto, hizo un llamamiento al presidente Luis Lacalle Pou para que le agilicen su pensión por invalidez y lo ayuden a gestionar una pierna ortopédica a través de un Programa Nacional de Discapacidad del Ministerio de Desarrollo Social de Uruguay.  

La historia de Alexis Mesa

Alexis tenía solo cinco años cuando el tractor que utilizaba su padre para cortar el pasto de la estancia donde trabajaba le pasó por encima y le destruyó una pierna. La larga lista de médicos que visitó su familia, tanto en Uruguay como en la Argentina, les dieron esperanzas de que el niño iba a recuperar la movilidad absoluta de sus extremidades con el paso del tiempo y la ayuda de la ciencia, sin embargo, después de 13 operaciones no solo no pudo conseguirlo, sino que la infinidad de cirugías a las que fue sometido le desarrollaron otras enfermedades crónicas como la diabetes. 

“Mi padre me había pedido varias veces que me corriera, él estaba cortando pasto, me decía que me fuera, que me apartara, pero yo me movía en el mismo sentido a donde iba el tractor. Estaba jugando. En un movimiento determinado, el tractor se fue para atrás y yo también me tropecé con algo. Una pierna, que es la que tengo sana, quedó doblada para abajo y la otra quedó derecha, a esa fue a la que le pasó el tractor por encima”, narra sobre el momento que le cambió la vida para siempre. Alexis se sabe de memoria todo el relato, la cantidad de situaciones que comenzó a vivir a partir de este accidente. Del resto de aquel día solo recuerda las sirenas de la ambulancia en la que fue trasladado hasta el hospital y la preocupación de su familia, que por entonces estaba unida y con proyectos a futuro. 

“No tengo otros recuerdos de mi infancia. Ese es el primero. Tengo fotos de cuando era chico, pero no recuerdo nada de todo eso que supuestamente viví. Lo que tengo en mi memoria va del accidente para adelante”, asegura. En la estancia Las Violetas, el lugar donde pasó todo, vivían su mamá y papá cuando él era chico, pero con el tiempo lo abandonaron para abrir su propio comercio y dedicar tiempo al joven que tenía que hacer frente a las operaciones. 

Trece operaciones y un deseo no escuchado

A los 9 años ya contaba nueve operaciones, después llegaron otras dos, con el tiempo otras dos; a sus 17 lleva 13 y espera que la cuenta haya llegado hasta acá. En nueve de las trece operaciones le aplicaron anestesia completa, esto afectó severamente el páncreas y le despertó diabetes tipo uno. “Hasta los nueve años me hicieron como nueve operaciones en Río Negro. Cuando tenía 13 años, entre 2017-2018, me detectaron diabetes. Caí en coma en varias oportunidades, antes de la amputación, por la diabetes. En Argentina estuve en coma”, cuenta. 

Luego de la primera operación los médicos no consiguieron hacer una buena reestructuración de la pierna y esto no solo no mejoró su calidad de vida, sino que la empeoró. “Ahí me dejaron la pierna mal. No lograron salvarla. Me quedó dura y se empezó a ir para el costado. Lo único que tenía movimiento era el tobillo y la rodilla. No podía caminar bien. Caminaba rengo. Después de todas esas operaciones, nos fuimos a un pueblo que se llama Paysandú, donde mi viejo y mi madre abrieron un comercio”, relata.

A sus 14 años viajó a la provincia de Entre Ríos, Argentina, con su familia a donde esperaban encontrar finalmente una solución definitiva a su problema. Ahí les indicaron que tenía que someterse a otra operación de corte completo para reacomodarla y llevar la pierna a su posición correcta. “Pero también lo hicieron mal. Como estuvo torcida mucho tiempo, con la operación quedó más corta y me quedó dura, sin movilidad, no pudieron hacerlo bien. Y después de esa operación hicieron otras para poner 10 fierros”, describe.

En el medio, en 2019, vino la separación de sus padres y tuvieron que abandonar la casa de Paysandú hasta 2020, cuando se solucionó todo mientras se recuperaba de un virus intrahospitalario que agarró en una cirugía. Con el sufrimiento en carne propia, Alexis pedía a gritos por una solución definitiva para terminar con el dolor de las heridas que tenía por dentro y por fuera.  

Tras su momentánea recuperación, el 4 de marzo de 2020 recibió el llamado que tanto había esperado: los médicos habían decidido amputar la pierna con la advertencia de que la herida demoraría un año en cicatrizar, pero el proceso fue de solo seis meses. “Lo que yo más quería era amputarme, lo quería hacer desde los 14 años, porque pasaba sufriendo más por la pierna doblada y andando rengo que sin la pierna, pero me dijeron que no me la podían cortar porque tenía movimiento en el tobillo, que me la iban a salvar”, expresa. La lucha resultaba interminable para todos, los viajes a la Argentina y los gastos de las operaciones comenzaron a generar una madurez prematura en el chico que fue analizado por varios psicólogos para saber si estaba seguro de que podía someterse a una amputación. Finalmente, los médicos accedieron a amputarlo. “Cuando desperté lo primero que hice fue mirar si ya no la tenía. Estaba feliz. Ahora ando mejor”, afirma. 

Volver al origen de todo

Pese al accidente que tuvieron en el campo, Alexis y su papá volvieron a la estancia donde comenzó toda su trágica historia y donde siente que pertenece. “Acá soy como un peón, pero lo que hago es ayudarlo a mi viejo porque todavía soy menor de edad y estoy estudiando. Ayudo con algunas cosas que hay que hacer o que necesita, pero lo hago de voluntad”, sostiene. 

Ahora, casi dos años después de la amputación, posa feliz en Instagram vestido con la percha campera y los caballos de la estancia, su otra pasión. “El campo para mí es libertad. Cuando estás en el pueblo estás encerrado y en el campo haces lo que te gusta”, precisa. Es ahí donde se siente auténtico, libre, sin discriminaciones de ningún tipo ni las miradas incómodas de la gente que le impidieron forjar una amistad con los chicos de su edad. En Las Violetas ayuda a su papá cuando hay alguna vaca que necesite asistencia, sino le avisa sobre algún problema en el campo o lleva los animales al corral. De a poco, se va involucrando en las tareas y pone en práctica lo que ha aprendido en la escuela agraria, donde estudia actualmente en el departamento de Flores.

La larga vida que tuvo en los hospitales lo llevaron a despertar cierto recelo por ellos. “No me gustaría volver a un hospital, porque directamente mi infancia la pasé ahí. Le decían a mi viejo que eran médicos recomendados y en vez de amputarme empezaron a hacer pruebas, a experimentar. Ahora, con 17 años pienso que capaz hubiese tenido otra infancia. Mi vida hubiese sido mejor si me hubieran amputa desde chico, capaz que ni diabetes tendría”, se lamenta.

Un pedido al presidente Lacalle Pou

El pedido que tiene Alexis para el presidente Lacalle Pou es que lo ayuden a obtener una pensión por invalidez que le permita poder comprar los medicamentos necesarios para la insulina y tratar la diabetes que desarrolló en este tiempo y, además, cubrir los gastos de estudios y sus necesidades. “Mi viejo le hizo una carta al presidente diciéndole que preciso de una ayuda para cubrir los gastos de la diabetes que me surgió por las operaciones. La carta se la mandamos con la señora del presidente (Lorena Ponce de León), pero nunca nos dijo nada ni solucionaron nada. Tengo gastos y mi padre con el sueldo que tiene no me puede pagar todo”, relata.  

Hace unos meses se puso en contacto con MIDES, un programa del Ministerio de Desarrollo Social, que le prometió dar una pierna ortopédica, pero hasta ahora no le han dado una solución al problema. “Fui, me tomaron las medidas, dijeron que el 28 de enero, después me corrieron para el 4 de febrero, pero después dijeron que el técnico estaba con Covid-19. Siempre es una cosa u otra”, se queja. La prisa que tiene por la pierna ortopédica no es más que el mero deseo por recuperar la infancia y pre adolescencia que debió tener; quiere moverse fácilmente entre la gente y hacer vida en el campo. Después de cursar el bachillerato piensa estudiar para ser técnico ganadero en una escuela de Flores, donde hay otra agraria en la que se hacen tres años más y los estudiantes terminan recibidos de técnico ganadero y agropecuario, el sueño que tiene por cumplir. 

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