El desequilibrio entre precios y salarios afectó el consumo de carne, que lleva casi una década de contracción

La Bolsa de Comercio de Rosario informó que el consumo de carne lleva casi diez años en caída; además, especificó que la pérdida de poder adquisitivo de la población favorece a esta tendencia

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El desequilibrio entre precios y salarios afectó el consumo de carne, que lleva casi una década de contracción
26deAbrilde2022a las11:24

En los últimos diez años se observó una caída en el consumo de carne vacuna dentro de Argentina, al tiempo que los ciudadanos reemplazaron este producto por otras proteínas animales, como pollo o cerdo, según advirtió un informe publicado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). 

En el año 2000, un argentino consumía, en promedio, 99,3 kilos de carne al año. De este total, el 65,3% era carne bovina, el 26,8% aviar y el 7,9% porcina. Sin embargo, la crisis económica y política que golpeó al país en el 2001, provocó una fuerte caída en estos indicadores: para el 2002 el consumo de carne anual por habitante rondaba los 80,7 kilos, aunque los cortes vacunos representaron un 72% del total.  

Sin embargo, el estudio realizado por Alberto Lugones, Desiré Sigaudo y Emilce Terré advirtió que desde ese momento el consumo de carne bovina “comenzó un descenso de participación dentro de la dieta de los argentinos de manera casi continua hasta la actualidad”. 

Un claro ejemplo de esta situación fueron los consumos de carne registrados en los años 2015 y 2018, cuando cada argentino ingirió cerca de 116 kilos. No obstante, y a pesar de este incremento, la incidencia de la carne vacuna en este total se vio disminuida, lo que implicó que los ciudadanos dejaron de consumir estos cortes y los reemplazaron por pollo o cerdo. 

En este sentido, se observa que el consumo de carne aviar pasó de representar el 26,8% del total en el año 2000, para dispararse al 41,1% en el 2021. En tanto, la ingesta de carne porcina mostró una variación similar: mientras que estos cortes representaban un 7,9% del total consumido por los argentinos al iniciar el siglo XXI, al finalizar el año pasado estas cifras escalaron al 14,5%. 

Sin embargo, el informe señaló que “desde el 2018 se ha presentado un descenso en el consumo de carnes en general”. En el 2021 se consumieron 109,5 kilos de carne por habitante, siendo este el peor indicador desde el 2014. “Se debe destacar que, durante el año pasado, el consumo de carne bovina per cápita fue el menor del que se tenga registro, observándose una ingesta promedio de 47,8 kilos, un 26% por debajo de lo que se comía en el año 2000 y un 19% menos que en el 2015”, agregó el estudio.

¿El precio influye en la baja de consumo?

Para analizar cómo impacta el precio de la carne en su consumo, el informe consideró el costo de los cortes más representativos de los argentinos: el asado (carne bovina), el pechito de cerdo (carne porcina) y el pollo entero (carne aviar), según el precio indicado por el Instituto de la Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA). 

El precio de kilo de asado –medido en términos reales y a valores constantes- se multiplicó casi cinco veces entre enero del 2007 y febrero del 2022, pasando de $4,57 a $22,4, y evidenciando con ello una suba de 389%. En igual período, el kilo de pollo pasó de costar $2,3 a $5,7 (143%), mientras que el kilo de pechito de cerdo pasó de $5,3 a $15,1 (+182,1%). 

“En Argentina todas las proteínas animales vieron incrementados sus valores reales, aunque esto se presenta en diferentes magnitudes dependiendo del tipo de carne. En consecuencia, podría afirmarse que la carne bovina fue la proteína animal que más vio aumentar sus cotizaciones reales, seguida por el cerdo y por último el pollo”, concluyó el estudio.  

El hecho de que actualmente se necesiten casi 4 kilos de pollo o un kilo y medio de pechito de cerdo para adquirir un kilo de asado, podría explicar por qué los consumidores reemplazaron la carne vacuna por otros cortes. 

Por otro lado, el informa destacó que sin bien durante muchos años la población argentina no modificaba significativamente su consumo de carne cuando sus ingresos se contraían, esta tendencia se revirtió en la última década. Así, se observa que la ingesta de proteínas animales dependió del poder adquisitivo de los salarios

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