Mercado de Cañuelas: Oscarcito, el histórico cafetero de Liniers que rehizo su vida por la mudanza

Sirvió café durante 47 en el antiguo predio y decidió mudarse para conservar su trabajo; su amistad con Samid y una anécdota con Lanusse

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Mercado de Cañuelas: Oscarcito, el histórico cafetero de Liniers que rehizo su vida por la mudanza
19deMayode2022a las12:28

Mañana oscura y fría en Cañuelas. En el medio del campo, un plantel de luminarias que simulan un estadio de fútbol. Muy lejos de eso, es el flamante Mercado Agroganadero de Cañuelas.

Los compradores y vendedores recorrían las pasarelas a la espera del primer campanazo, que da inicio a la venta. En medio del ruido ambiente de la hacienda y el grito de los arrieros para encerrar a los animales, un sonido rompía la escena al tono de “café, café”.

Con la baja temperatura que registraban los termómetros y el viento que se hacía presente, al grito de "café, café" se escuchaba la respuesta: “Oscarcito, dame un cortado”. A medida que avanzaba con su carrito y barbijo de Vélez Sarsfield, Oscar Badolato mostraba su cancha para servir. Un talento que supo adquirir a fuerza de 47 años de trabajo en el Mercado de Liniers. Arrancó de muy joven, servía café a centímetros del expresidente de facto Agustín Lanusse y hoy es íntimo amigo de Alberto Samid.

“Las sensaciones son encontradas. Por un lado tristeza y por otra parte alegría”, cuenta Oscar a Agrofy News. El cafetero, como se lo conoce en el mercado de hacienda, decidió seguir los pasos del mercado y mudarse a Cañuelas.

“Te va a cambiar la vida, vas a ver”, le dijo un comprador a Oscar cuando contaba que anoche fue su primera noche en la casa de Cañuelas y esperaba que le sirva el café. “Es un barrio de pueblo, aunque no te conozcan te saludan”, comentó mientras recordó cómo se vivía antes en Capital Federal.

Oscar Badolato tiene 66 años y sigue recorriendo las pasarelas al igual que cuando empezó. Pone el mismo entusiasmo y siempre hace un comentario que genera risas entre café y café. Y no puede faltar el clásico: “Para vos son cien pesos”. Alerta de spoiler: el precio del café de Oscar es cien pesos, pero todos conocen el juego y siempre hay risas cómplices.

“Por un lado, estoy contento, pero dejar Liniers fue algo tremendo”, insistió el cafetero al hablar del traslado. Creyó que iba a terminar en Liniers, pero contó que quiso seguir haciendo lo de toda la vida.

A lo largo de sus 47 años en el mercado, vio pasar personajes como Alberto Samid, funcionarios, expresidentes, entre otras figuras. Oscar recordó que, en sus primeras semanas de trabajo, salió a ofrecer café como de costumbre, pero lo frenaron dos personas “gigantes”. “Me dijo ‘no oferte acá, váyase para allá’.  Me echó mal”, recordó Oscar.

Cuando levantó la cabeza para dar media vuelta y partir hacia otra parte identificó al expresidente de facto Agustín Lanusse. Su sobrino, Ricardo Lanusse, era consignatario y, según contó Oscar, su preferido. Por eso siempre lo visitaba.

Pero no todo fue amargura por no vender, Oscar también cosechó grandes amistades y una de ellas con Alberto Samid. “Al que criticaron toda la vida fue al turco Samid. Con el turco jugábamos al fútbol juntos dentro del mercado”, contaba mientras servía otro café.

"El último", le dijo a quien esperaba con ansias poder calentar su cuerpo con la bebida caliente. Otro comprador de hacienda que pasaba por al lado se animó a decir: “Hace falta un vaso de ginebra, para calentar las tripas”.

Oscar y Alberto Samid se hicieron amigos. Para Oscar, el turco es un hombre de trabajo que a las 5 estaba en el mercado para comprar hacienda.  “Le podés criticar cualquier cosa, que debe o que no debe, lo conozco de pibe y es una muy buena persona”. 

El fútbol no era lo de Samid, pero sí el ajedrez y así se conocieron con Oscar. La amistad perdura. Incluso fue invitado de lujo en el asado de 5000 personas. “Estuve en la estancia donde se hizo el asado y estuvo bárbaro. Fue con la pulsera y todo (por Samid que se encuentra en prisión domiciliaria)”. 

Oscar cargó sus termos en el carrito y se dispuso a seguir recorriendo las pasarelas. “Café, café”, gritaba mientras le respondían: “Oscarcito, dame uno”.

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