Una familia compró una chacra en los valles de Tandil y se convirtió en el primer emprendimiento de alcaparras

La chacra La Rinconada, ubicada en la localidad bonaerense de Gardey, dispone de una hectárea sembrada con este cultivo

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Una familia compró una chacra en los valles de Tandil y se convirtió en el primer emprendimiento de alcaparras
23deAgostode2022a las11:57

Hace cuatro años, una familia compró una chacra en la localidad bonaerense de Gardey, en los valles tandilenses, y decidió dedicarse a un particular cultivo: el de las alcaparras. Silvina Martini, Fredy Käser y sus hijos Eliana, Carolina e Ignacio compraron 2500 plantas híbridas –mezcla de las variedades Tondino y Espinosa- en la provincia de Santiago del Estero, y se aventuraron a sembrarlas en una hectárea. 

Actualmente, las plantas son jóvenes, y toda la familia se dedica al cultivo de este producto, realizando trabajos de campo como de envasado y venta. Cabe destacar que a diferencia de las alcaparras más comunes, cuyo tallo es espinoso, las que se siembran en la chacra La Rinconada tienen un tallo liso, y hojas arriñonadas, alternas y sostenidas por pecíolos cortos.

Asimismo, los pedúnculos son largos y cada uno termina en una flor blanca, que luego da lugar a los alcaparrones, o sea, los frutos, que también se comercializan, sobre todo en conservas. Además, el valle tandilense ofrece cualidades óptimas para este cultivo: ofrece terrenos ligeros y ricos en materia orgánica, con climas templados (ya que la planta no tolera muy bien las temperaturas inferiores a los 5 ºC). 

Si bien en el país hay importantes plantaciones de alcaparra en Santiago del Estero, Córdoba, La Rioja y Tucumán, este emprendimiento es el primero que trajo a la alcaparra a la zona de los valles tandilenses. En relación a los tiempos, se estima que a los dos años de la plantación ya se puede cosechar, aunque en pequeñas magnitudes; señalaron a La Nación. 

Así, se prevé un progresivo aumento en los volúmenes de producción, que encontrará pleno rendimiento a los seis años de la plantación. Se estima que la planta mantendrá este nivel por unos veinte años, y luego irá mermando. 

La cosecha comienza por lo general en diciembre y, si el verano acompaña, puede terminar bien entrado el mes de abril. A fines del otoño las plantas se podan para que vuelvan a brotar en la primavera. 

Una vez cosechadas, las alcaparras se clasifican por tamaño, se lavan y se llevan a un proceso de curado que dura cerca de un mes. Una vez pasado ese tiempo, están listas para ser envasadas en frascos herméticos en una solución de agua, vinagre y sal. Luego, hay que dejarlas estacionar otros dos meses para que estén listas para el consumo.

 

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