Aplicó herbicidas solo donde le indicó el dron y se ahorró US$ 600 en un lote

Fernando Solari tenía manchones de avena negra en un lote de trigo de 50 hectáreas y aplicó solo en las 20 hectáreas donde estaban las malezas

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12deOctubrede2022a las09:56

Fernando Solari, es ingeniero agrónomo, productor y, ante todo, un hombre con experiencia. Luego de ser director de tecnología en el Grupo Los Grobo, a sus 74 años se ocupa de gerenciar los campos de la familia en la localidad de Alberti, provincia de Buenos Aires.

Uso de drones en el campo

“Estamos haciendo un sistema de producción lo más sustentable posible y eso nos llevó a un esquema de rotación de cultivos con una importante proporción de cultivos de invierno; los cuales plantean desafíos en cuanto a la aparición de malezas difíciles de controlar como la avena negra y el raigrás”, dice Solari.

“La avena negra se introdujo por contaminación de un fertilizante comprado en un acopio y me ha costado mucho mantenerla a raya”, relata. “Y a pesar de que fui achicando la superficie afectada, se mantenían manchones. Los escapes son desparramados al año siguiente por la cosechadora y como el control de gramíneas de invierno no sólo es caro sino también afecta al rendimiento del cultivo, a veces no se hace el control total cuando la contaminación es poca”, argumenta.

Esta campaña, Solari recurrió a DroneScope.ag para localizar los manchones de malezas que se habían escapado de los controles preemergentes. El objetivo: hacer aplicaciones localizadas, bajar el costo de los insumos y no afectar el rendimiento de los cultivos.

Tras hacer un primer vuelo de muestreo a baja altura con el trigo en tres hojas, el equipo de DroneScope.ag hizo otro vuelo con el cultivo más avanzado. “La detección fue buena y precisa. A más altura se pudo obtener el panorama total y se realizó una prescripción que indicaba que, sobre un lote de 50 hectáreas, solo se debían aplicar herbicidas en aproximadamente 20 hectáreas. Como no conseguimos un equipo pulverizador con corte por secciones, aplicamos con un equipo convencional pidiéndole al operario que fuera solo a los lugares donde estaban los manchones. Se aplicó efectivamente en 20 hectáreas, tal lo indicaba la prescripción. Y ahora, mirando el resultado, pareciera que no quedó ningún lugar sin tratar”, detalla el productor.

“El costo por hectárea del herbicida está en alrededor de los 20 dólares por hectárea. Al aplicarlo solo en la superficie necesaria y no en las 50 hectáreas me ahorré 600 dólares”, se jacta.

“Con un equipo de aplicación variable esto funciona perfecto. Pero incluso si no se cuenta con el equipo, se puede ir a aplicar directamente a los manchones localizados e igual se obtienen buenos resultados. Además, se logra un buen control con un ahorro muy grande de fitosanitarios, en un lapso de tiempo rápido y sin afectar el rendimiento en los sectores donde no había malezas. Por eso estoy conforme con el resultado”, dice.

Para Solari, los drones son una gran herramienta para el manejo de malezas. Especialmente si se trata de rastrojos de maíz o sorgo. “Si uno va en la camioneta no puede ver a más de 20 metros de distancia. Por ejemplo, uno puede hacer una aplicación convencional de herbicidas y 15 o 20 días después, cuando el herbicida ya hizo efecto, si hay una maleza resistente, con muy pocas fotos tomadas desde el dron se puede localizar cualquier manchón. Lo mismo va para la identificación de rama negra o yuyo colorado en cultivos de verano”, enumera el productor de Alberti.

El hombre recuerda que hace 50 años, cuando comenzó a trabajar los campos de la familia, los suelos tenían un porcentaje de materia orgánica cercano al 3,7% -que para esa zona de suelos relativamente livianos es suficiente, dice-. Sin embargo, los lotes no trabajados tenían un porcentaje cercano al 4,5% de materia orgánica. Es decir: la historia había deteriorado el suelo en un 30%. A partir de ahí, su preocupación se centró en levantar esos porcentajes. Con siembra directa los llevó 3,8%. Solo cuando comenzó a intensificar las rotaciones de cultivos logró superar el 4%.

“Me volqué a que los lotes siempre tengan cultivos creciendo. En este momento estoy haciendo cebada-soja, trigo-soja, arveja-maíz y eventualmente una soja de primera si tengo demasiado rastrojo que me complique una siembra de fina. Pero de cada cuatro años, por lo menos en tres estoy con doble cultivo. Ahí sí levantó la materia orgánica y la mayoría de los lotes supera el 4%. Estoy muy conforme con eso y por esa razón no quería aflojar el control de malezas de invierno para continuar con esa práctica de rotación que viene siendo muy positiva”, detalla el productor.

De cara a la nueva campaña, Solari no se deja amedrentar por la falta de lluvias. “Si tengo que comerme una piña, lo haré. Porque en la acumulación de los años, el doble cultivo es más rentable”, dice y anuncia que su hijo tiene la idea de comprarse un dron para incorporarlo al manejo del campo e interpretar las imágenes con la plataforma de DroneScope.ag

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