Creer o reventar: la desesperación por la sequía y la esperanza de los productores del norte con una cruz especial
La vera del arroyo La Golondrina es el epicentro para el pedido de agua; productores de la zona rural de Fortín Olmos, Santa Fe, recorren kilómetros para llegar

FORTÍN OLMOS (Enviado especial).- La sequía afecta con dureza el norte de Santa Fe. El relevamiento del Sistema de Información sobre Sequías para el sur de Sudamérica (SISSA) señaló que la última lluvia antes del 12 de enero fue el 27 de diciembre de 2022 en esta zona de la provincia, pero los acumulados son escasos y la desesperación crece. En el medio, la esperanza empuja y una cruz embarrada parece ser, por ahora, el único camino. Creer, reventar o rendirse ante la seca.
Sequía extrema en Santa Fe
La región lleva tres años sin tener milimetrajes habituales y esto ocasionó que sea una de las sequías más importantes. Los productores recuerdan que hubo otras fuertes, pero fueron cortas e intensas. “La de ahora es una larga agonía. Llueve un poco cada tanto, pero no alcanza”, cuenta un poblador de Fortín Olmos, que está 326 km al norte de la capital de la provincia.
Agrofy News recorre una de las zonas más golpeadas por la seca en todo el país en busca de graficar lo que para muchos es una verdadera pesadilla.
Esta localidad está ubicada en el departamento Vera, el más grande de Santa Fe. Se encuentra en la cuña boscosa, que es la puerta de entrada a los bajos submeridionales. Esta zona es recordada en el pueblo por ser un gran humedal, donde todo era vida silvestre, fauna y flora.

Los lugareños apuntan hacia la canalización que se hizo en la década del 90 como la culpable de la situación actual. En medio de la sequía, la única esperanza es una cruz.
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Todo lo que paga el campo de Inmobiliario Rural en Santa Fe irá a obras rurales: son $38.342 millonesEsta zona es 100 % ganadera, con pocas cabezas. El suelo es arcilloso y el agua, salada. En noviembre, el agua de las napas dijo basta y la situación comenzó a ser crítica.
Sin embargo, los pobladores hace años que recurren a la cruz embarrada. El arroyo Las Golondrina, a unos pocos kilómetros del pueblo de más de 3000 habitantes, resguarda la única salvación en este momento complejo de animales muertos de sed.
Mientras se recorre hacia adentro de los bajos submeridionales, el productor José Ramos, más conocido como Titino, señala el puente que está adelante, en el camino, y diece: “Ahora viene la cruz de barro”. Automáticamente, tiene que explicar de qué se trata.
Al pasar el arroyo Las Golondrinas, los pobladores pusieron dos cruces. Una tiene más de 15 años, la otra es un poco más reciente. En épocas complicadas de lluvias, los lugareños saben que una sola cosa los puede salvar, la cruz. Es un lugar donde se suelen realizar misas y hasta peregrinaciones.
La vista frente a la cruz es dura. Todo color ocre por la falta de agua. Animales que buscan absorber la poca humedad que quedó de los ocho milímetros del último fin de semana. Al costado de la misma hay un puente desolado y sin sentido ante el lecho seco del arroyo. El cielo celeste y el sol resplandeciente, lejos quedaron las nubes. Sin embargo, la fe mueve montañas, en este caso genera lluvias.
Para que la cruz cumpla, cuando se va de camino al campo el productor debe embarrarla para que llueva. Una sola condición: si no llovió, no se puede agregar más barro.
Solo será posible embarrarla si la lluvia la lava. En la parte final del año, Ramos la embarró y le llovió dos veces con un acumulado de más de 100 milímetros.
Titino se entusiasmó y quiso más lluvia, por lo que camino al campo después de ese diluvio volvió a embarrar la cruz. Esta vez la cruz le jugó una mala pasada. La tormenta se armó, pero no llovió. Titino lo ve como una enseñanza ante la ambición de más lluvia. La consecuencia fue la voladura de techo de la casa del campo.
A partir de ese momento, sabe que hay que pedir lo justo y necesario. Mientras los productores hacen todo lo posible para llevar agua a los animales, saben que una sola cosa los puede salvar, la cruz embarrada.


