Nicolás Pino reclamó eliminar las retenciones "por ley y para siempre": "Está demostrado que deben dejar de existir"

En la inauguración de la Expo Rural 2026, el presidente de la Sociedad Rural Argentina sostuvo que la baja de derechos de exportación permitió reinversiones y un fuerte crecimiento de la producción

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26deJuliode2026a las12:34

En el acto inaugural de la 138° Exposición Rural de Palermo, el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Nicolás Pino, volvió a colocar a las retenciones en el centro del debate y aseguró que la experiencia de los últimos años demuestra que la reducción de esos impuestos se traduce directamente en más inversión y producción.

"Está demostrado, como venimos diciendo en reiteradas ocasiones, en coincidencia con el Presidente: las retenciones deben dejar de existir, por ley y para siempre", afirmó durante su discurso ante autoridades nacionales, provinciales y representantes del sector agropecuario.

Pino recordó que desde 2002 el campo aportó, según la entidad, US$ 215.000 millones en concepto de retenciones y sostuvo que, durante la actual gestión, la reducción parcial de esos derechos permitió liberar alrededor de US$ 6.000 millones que fueron reinvertidos por los productores.

"¿Qué hicimos los productores con la suma no confiscada? Lo que sabemos hacer. Lo reinvertimos en genética, pasturas, maquinaria y otros tipos de mejoras", sostuvo.

Como consecuencia, señaló que crecieron el empleo rural, la producción y la superficie destinada a la actividad. Entre los ejemplos mencionó un aumento del 34% en la producción de maíz, un récord de 30 millones de toneladas de trigo y una duplicación de la cosecha de girasol hasta las 7,5 millones de toneladas, además del crecimiento en carnes, huevos y miel.

Un respaldo al rumbo económico, con reclamos pendientes

En otro tramo de su exposición, Pino destacó algunos resultados de la política económica nacional y consideró que existen avances que benefician al sector.

"La reducción de la inflación, la mejora en el equilibrio fiscal y la estabilidad cambiaria han creado previsibilidad", expresó. También valoró la apertura de mercados, la desregulación y el mayor diálogo entre el Gobierno y la entidad ruralista.

Sin embargo, aclaró que todavía quedan desafíos estructurales.

Entre ellos mencionó la necesidad de avanzar con una reducción de la carga tributaria en los distintos niveles del Estado y cuestionó impuestos provinciales y municipales.

"Es imprescindible que dejen de agobiarnos con impuestos y que lo recaudado vuelva en forma de obras y servicios públicos", afirmó.

En ese sentido, pidió eliminar "el manejo arbitrario del impuesto a los Ingresos Brutos", las tasas viales que no se traducen en obras y los gravámenes al traslado de mercadería entre provincias, que calificó como "aduanas internas".

Infraestructura, conectividad y tecnología

El titular de la SRA también hizo foco en la necesidad de invertir en infraestructura para mejorar la competitividad del agro.

Reclamó obras en caminos rurales, trenes, puertos y comunicaciones, además de un plan para prevenir inundaciones, especialmente en la cuenca del río Salado, y medidas frente a la llegada del fenómeno El Niño.

Asimismo, sostuvo que el futuro del sector estará marcado por la incorporación de tecnología.

"La nueva revolución agropecuaria será digital", aseguró, al enumerar herramientas como agricultura de precisión, drones, inteligencia artificial, automatización, robótica, genética avanzada y plataformas de gestión.

En ese marco, consideró que la conectividad rural será un factor clave para reducir costos, mejorar la eficiencia y aumentar la competitividad internacional.

El potencial del agro

Pino planteó que, con reglas adecuadas, el agro argentino tiene capacidad para incrementar significativamente su producción.

Según indicó, el sector podría aumentar 50% la producción de cereales y oleaginosas, sumar un millón de toneladas de carne, duplicar la superficie forestada y agregar 2.000 millones de litros de leche, incorporando alrededor de US$ 20.000 millones adicionales por año a la economía.

Para alcanzar ese objetivo, insistió en la necesidad de eliminar las retenciones, ampliar el acceso al crédito de largo plazo y promover inversiones en maquinaria, riego, almacenamiento, genética, energías renovables y digitalización.

"Confíen en el campo. El campo nunca los va a dejar de a pie", concluyó.

Discurso de Nicolás Pino en la Expo Rural de Palermo

Bienvenidos todos a esta casa. Y este año, con alegría renovada. Porque la Sociedad Rural Argentina está cumpliendo, ni más ni menos, 160 años de vida, y está más joven, presente y dinámica que nunca. 160 años se miden en huella marcada y en camino por recorrer.

En estos años hemos luchado y hemos crecido, en los contextos políticos y económicos más diversos, no sólo para lograr nuestra prosperidad, sino también para defender y ayudar a quienes trabajamos la tierra para el bien de los argentinos.

En estos ciento sesenta años, muchísimos productores, incluidos ustedes los que nos acompañan hoy, han desarrollado también su propia historia, llena de sacrificios y de éxitos, y podrían contarla. Las hemos enumerado y volveremos siempre a hacerlo: la historia de las lanas y carnes de la Patagonia; de las frutas del Alto Valle del Río Negro; del algodón, la yerba y el té del Noreste, de los cítricos y la avicultura del Litoral; de la ganadería, los cereales y las oleaginosas de la Pampa Húmeda; del tabaco, el poroto, el garbanzo y el pimiento del Noroeste; de la uva y el vino de Cuyo. Las cuencas lecheras del país tienen una historia propia, hecha de aventura y resiliencia; y también los productores de miel y los forestales. Tienen también su epopeya particular los criadores de especies y razas reconocidas en todo el mundo: vacunos y equinos, ovinos y caprinos, porcinos, aves, y hasta llamas y chinchillas. Cada rama de la industria que utiliza nuevas tecnologías, y agrega valor a los frutos del campo, fabricando productos derivados, tiene también un camino recorrido para celebrar. Todo aquél que lleva adelante la inmensa variedad de producciones regionales, en todos los rincones de la Argentina, puede hoy emocionarse contando su historia. Todas ellas son, también, parte de nuestros ciento sesenta años. Queremos evocarlas, reconocerlas, compartirlas y abrazarlas. Y decirles gracias, en nombre del país.

Basados en más de un siglo y medio de trabajo, nos corresponde mirar con atención y lucidez a la Argentina de hoy, y a la Argentina que viene.

La mirada de la Rural frente a la economía del país es optimista pero objetiva, crítica pero constructiva, una visión indispensable para poder representar los intereses de los productores.

Desde esa posición, celebramos que el campo sigue siendo clave para la economía. En el último año, la actividad agrícola creció, y ha llegado a producir por valor de 40.000 millones de dólares; la ganadería, 34.000; y el conjunto de las producciones regionales, 11.500 millones de dólares. En total, las cadenas productivas del campo han aportado a la economía nacional más de 83.000 millones de dólares.

Queda claro que cuando el campo demanda cambios justos a la política, lo hace porque tiene mucho para dar.

Desde el año 2002, los gobiernos han sometido al campo a un régimen confiscatorio: las retenciones. 215 mil millones de dólares ingresaron sólo por ese concepto en las arcas del Estado. Durante el actual mandato presidencial, disminuyó ese monto. Ahora bien, ¿qué hicimos los productores con la suma no confiscada, unos 6000 millones de dólares? Lo que sabemos hacer. Lo reinvertimos en genética, pasturas, maquinaria y otros tipos de mejoras. Inmediatamente, crecieron el empleo rural, la producción agropecuaria, y las superficies afectadas a lograrla. El campo ha hecho crecer la producción de carnes, la de huevos, y la de miel. Hemos cosechado un 34 por ciento más de maíz; el doble de girasol: 7 millones y medio de toneladas; y el doble de trigo: un récord de 30 millones.

Conclusión: está demostrado, como venimos diciendo en reiteradas ocasiones, en coincidencia con el Presidente: las retenciones deben dejar de existir, por ley y para siempre.

Por eso afirmamos a los gobiernos: confíen en el campo. El campo nunca los va a dejar de a pie.

La actual política económica nacional ha tenido notables logros. La reducción de la inflación, la mejora en el equilibrio fiscal y la estabilidad cambiaria han creado previsibilidad, reflejada en la baja del riesgo país. La producción ha comenzado a desplazar a la especulación financiera. La desregulación va permitiendo la apertura de mercados, y una inserción creciente de nuestra producción en el mundo. Los indicadores de pobreza han comenzado a disminuir. Y ha crecido el diálogo entre el Gobierno y la Rural: los funcionarios escuchan y toman en cuenta nuestras propuestas. En respuesta, ha aumentado la actividad y la producción del campo. Y cuando el campo crece, crecen también la industria y el comercio. No repitamos el slogan falso de que el campo no genera empleo. De hecho, generamos más de 4 millones de empleos, en formas directa e indirecta. Todo el país se reactiva a partir del crecimiento del campo.

El gobierno nacional, más allá de sus aciertos, ha encontrado otros problemas por resolver.

Uno de los desafíos fundamentales que enfrenta es lograr que la población argentina se redistribuya demográficamente, ocupando todos los puntos de nuestro territorio. La escasez de población se percibe agudamente, sobre todo en lugares como nuestra Patagonia. La densidad poblacional aumentaría a medida que los esfuerzos productivos se volvieran rentables y sostenibles en el tiempo.

A propósito de esta preocupación, debo enviar un mensaje a los funcionarios nacionales, a los Gobernadores y a los Intendentes, varios de los cuales nos acompañan hoy. Para lograr que los productores del campo nos establezcamos en todos los puntos de nuestro territorio, es imprescindible que dejen de agobiarnos con impuestos, y que lo recaudado vuelva, en forma de obras y servicios públicos. Sirvan, como ejemplos de lo que debe suprimirse, el manejo arbitrario del impuesto a los ingresos brutos, las tasas viales que no se traducen en obras, y el cobro de gravámenes por el simple traslado de mercadería entre provincias, que crea aduanas internas, prohibidas por la misma Constitución Nacional.

La baja de impuestos no es sólo un hecho de justicia para los productores. Cuando los impuestos bajan, la producción aumenta, y esto beneficia a toda la población.

Otra deficiencia existente es la falta de inversión en servicios comunes esenciales: salud, educación, seguridad, justicia e infraestructura, que deben ser proporcionados por los Estados nacional, provinciales y municipales; ya sea a través de inversión pública, ya sea a través de inversión privada gestionada desde los gobiernos.

Si ponemos la mirada en el campo educativo, encontramos un signo alentador: las últimas encuestas Aprender han empezado a registrar progresos en saberes básicos. Con respecto a este tema, ya Juan Bautista Alberdi, en 1852, nos señala un lineamiento básico: ¨La educación popular es la condición primera, la base fundamental de la vida política, económica y moral de los pueblos”. Sigamos ese camino. El campo necesita escuelas, que brinden educación básica, y que también capaciten en todas las tecnologías nuevas que el campo necesita.

En cuanto a la infraestructura vial y de comunicaciones, el atraso en que se encuentra es una de las causas que producen el famoso costo argentino, que daña nuestra competitividad. Incluye los trenes y los puertos, pero también los caminos rurales, vitales para el transporte productivo y, mucho más importante, para el acceso de la familia rural a la escuela y al centro de salud. Mejorar los caminos rurales es inversión, no gasto. Su mantenimiento, en general, brilla por su ausencia. No se requiere inventar nada extraño: sólo copiar lo logrado en varios lugares del país, que hemos observado en nuestras recorridas. Otro ejemplo claro de falta de infraestructura es el atraso en las obras necesarias para prevenir las inundaciones, en la cuenca del río Salado. Pero, además, es urgente poner en marcha un plan coordinado de obras que prevengan contra fenómenos naturales derivados del clima, como la próxima llegada de El Niño.

Ya en 1880, cuando la Rural sólo tenía 14 años, su presidente Enrique Sundblad dijo, en este mismo lugar: “Es verdadero patriotismo alentar a quienes, con su trabajo, aumentan la producción del país”. Es nuestro mismo mensaje. El gobierno, cuando realiza acciones justas para el campo, está beneficiando a la Argentina entera. Porque, como dice nuestro lema, citando a Sarmiento, “Cultivar el suelo es servir a la Patria”.

La Argentina enfrenta otro desafío trascendente: volver a transformar el potencial del agro en una estrategia de desarrollo nacional.

Si se generan las condiciones adecuadas, el agro tiene el potencial de crecer un 50% en cereales y oleaginosas, sumar un millón de toneladas de carne, duplicar el área implantada en forestación y agregar 2.000 millones de litros de leche; sin contar con las producciones regionales. Este salto productivo implicaría incorporar unos 20.000 millones de dólares por año a los más de 80.000 millones que el sector aporta actualmente al Producto Bruto Interno.

Pero entonces, el crecimiento de la producción ya no podrá sostenerse en los parámetros del pasado. La expansión de la frontera agrícola tiene límites, ambientales, sociales y económicos. El futuro agroalimentario global dependerá de producir mejor, con mayor eficiencia en el uso de agua, tierra, insumos, energía y conocimiento.

Por otra parte, los mercados internacionales, los consumidores, los sistemas de financiamiento y las cadenas globales de valor incorporan de manera creciente criterios vinculados a huella de carbono, uso responsable de recursos, deforestación, bienestar animal, inocuidad y trazabilidad. Quienes puedan demostrar mejores estándares accederán a más mercados y mejores oportunidades.

Esto significa que la nueva revolución agropecuaria será digital. Agricultura de precisión, sensores remotos, drones, inteligencia artificial, automatización, robótica, genética avanzada, plataformas de gestión y trazabilidad digital; estos factores están modificando la forma de producir, en todo el mundo.

A su vez, la digitalización requiere, básicamente, conectividad, para poder reducir costos, mejorar rendimientos, monitorear variables climáticas, optimizar el uso de insumos, integrar cadenas y aumentar la transparencia de los procesos.

Por eso, una agenda moderna para el agro debe incluir inversión en digitalización. La competitividad se define hoy por la calidad de la infraestructura física y digital que conecte al productor con el mundo.

Los datos comparados con países de la región muestran la magnitud del desafío. La diferencia entre ellos y nuestro país no se debe a la falta de capacidad ni de innovación de los productores argentinos. Es la imposición de las retenciones lo que hace que nuestra curva de producción tome la forma de una meseta, mientras la de nuestros países vecinos continúa su ascenso. Liberados de las retenciones, podremos invertir en maquinaria, riego, desarrollo de energías renovables, ampliación del almacenamiento, avances en genética y digitalización de procesos.

Pero entonces, un país que quiere ser potencia agrícola necesitará un sistema financiero capaz de sostener inversiones a largo plazo y acompañar a las fuerzas productivas. Con el ahorro propio podemos crecer, pero, para hacerlo con la velocidad necesaria, necesitamos líneas de crédito de largo plazo y a tasas compatibles con la inversión. Un crédito que no se puede pagar no es un crédito: es una quiebra asegurada.

Cambiemos ahora de perspectiva y enfoquémonos en nuestra Institución.

Desde que nos hicimos cargo de la conducción de la Rural, nos propusimos llegar a este aniversario 160 habiendo puesto un hito valioso en su historia, un salto de calidad, una renovación real. Creemos haberlo logrado, y estamos listos para seguir superándonos.

Ante todo, pusimos en marcha un proyecto federal: en cualquier lugar del país donde hay un productor, allí hemos estado y estaremos. Más de un millón de kilómetros hemos recorrido, para que los intereses del campo no se defiendan sólo desde un escritorio, sino también desde el lugar donde suceden las cosas. Para escuchar la voz de los productores, se realizaron también con frecuencia reuniones ampliadas de la Comisión Directiva en diversos puntos del país.

Hemos trabajado en formular propuestas a los gobiernos, y hemos obtenido respuestas favorables, con beneficios para los productores. Logramos, en materia de retenciones, que el Gobierno hiciera rebajas y, en muchos casos, supresiones. Hemos trabajado para la eliminación de impuestos distorsivos, para frenar la apropiación indebida del carbono por parte de gobiernos locales, y por la modernización y mayor eficiencia del INTA y el SENASA, organismos necesarios para nuestra actividad.

Con los Poderes Legislativos nacional y provinciales, hemos participado en proyectos referentes a nuestro sector. Con respecto al proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada, también conocido como ley de tierras, entendemos      que     la                       Argentina         presenta                   realidades productivas, ambientales y geográficas muy diversas. Por eso, cualquier regulación debe contemplar esas diferencias. Creemos,      asimismo,                   que         toda regulación   debe asentarse sobre un principio esencial: el pleno respeto al derecho de propiedad, que comprende la libertad de cada propietario para decidir el destino y el uso de su tierra, siempre dentro del marco de la ley y procurando que ese ejercicio no ocasione perjuicios a terceros ni afecte el interés común. No es bueno, por ejemplo, que, como sucede en la Patagonia, los compradores que destinan áreas a la creación de reservas ecológicas, no estén obligados a establecer resguardos, que protejan a los vecinos.

Estamos convencidos de que es posible armonizar el ejercicio del derecho de propiedad con la protección del ambiente y la seguridad nacional. Ese equilibrio es el mejor camino para cuidar nuestros recursos, fortalecer la producción y generar confianza para invertir.

Unas palabras acerca del proyecto de ley de carbono.

A través del manejo del suelo, pastizales y árboles, y del combate contra la erosión, cada productor genera servicios ecosistémicos; son mejoras, basadas en la captación de dióxido de carbono, que mitigan el riesgo climático y preservan la biodiversidad. Estos servicios ecosistémicos son de propiedad privada, y pertenecen al dueño de la tierra. La ley de carbono debe reafirmar esa propiedad del productor y sancionar a cualquier ente (incluidos los Gobiernos provinciales) que quiera apropiarse de los servicios ecosistémicos, con el argumento falso de que constituyen un “bien común”, objeto de un supuesto “dominio originario”. Basta con leer nuestra Constitución Nacional para entender qué significa, en ella, propiedad privada. En la Argentina no existen lo que se ha dado en llamar “bienes comunes”; existen bienes públicos o bienes privados. Esgrimir derechos de propiedad sobre los servicios ecosistémicos, apelando a un supuesto “dominio originario”, es incumplir con la Constitución Nacional.

En 1934, hace casi un siglo, cuando la palabra sostenibilidad aún no se usaba ni conocía, Cosme Massini Ezcurra, presidente de la Sociedad Rural, dijo, en esta misma tribuna: “La Madre Naturaleza toma su desquite cuando no se la considera, esquilmándola sin contemplaciones”. Hoy, durante esta conducción, la Rural viene tomando nota de esa advertencia. Formamos parte de la Mesa Argentina de Carbono, y desarrollamos el Sello de Triple Impacto para la Producción Agropecuaria y Forestal Argentina. La Sociedad Rural Argentina hoy está en condiciones de facilitar que los productores puedan acceder a créditos en el mercado internacional de carbono, y a que productores y cadenas de valor puedan competir bajo cualquier estándar internacional de sostenibilidad. Nuestro Sello ha sido aplicado a la industria vitivinícola, y pronto lo será a otras ramas de la producción agropecuaria. En este rumbo, trabajamos en colaboración con AAPRESID y CREA.

Justamente, también con ellas, con las cuatro entidades que formamos la Mesa de Enlace en representación de los productores, con la cadena del sector y el Gobierno nacional, estamos trabajando en la configuración de las mejores normas para incluir en la próxima actualización de la ley de semillas.

Cuidar el patrimonio de la Rural es una prioridad para esta conducción. Hemos logrado la estabilidad económica de la institución; saneamos sus finanzas, logramos balances positivos; y desarrollamos proyectos para beneficio de los socios. Luego de la mudanza de nuestra sede al nuevo edificio ubicado en este predio de Palermo, emprendimos su puesta en valor: a las obras de infraestructura se añadió la remodelación de la sala de ventas, el restaurante central y su terraza, y la parquización de diversas áreas. Por otra parte, hace pocos días reabrió sus puertas la que fue nuestra histórica sede de la calle Florida, el antiguo Palacio Peña, única residencia de su época actualmente en pie en toda la traza de esa calle. Decenas de profesionales y artesanos recuperaron su belleza y su brillo. La semana pasada, con oportunidad de una recepción dada en ese lugar al cuerpo diplomático, nuestro Canciller, Pablo Quirno, dijo: “Esta casa cuenta una historia. La de una institución que ayudó a forjar a la Argentina moderna, y que entiende que la memoria se honra con obras. Es testimonio de una dirigencia que recupera un edificio histórico, lo devuelve a la vida pública y lo pone al servicio del encuentro.”

En los últimos años, hemos profundizado y ampliado el diálogo con distintos interlocutores: diplomáticos, funcionarios, dirigentes sectoriales empresarios y otros actores sociales y económicos. Participamos en mesas multisectoriales donde se debatieron acuerdos como el bilateral con Estados Unidos, las políticas relativas a la Hidrovía, y el tratado entre la Unión Europea y el Mercosur, por el que tanto hicieron nuestros colegas de la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur, a quienes saludamos especialmente. Hemos trabajado también dentro de la Mesa de Enlace, junto a Confederaciones Rurales Argentinas, Federación Agraria Argentina y Coninagro.

Al nombrar a esas entidades, vienen a mi memoria sus dirigentes Jorge Chemes y Hugo Luis Biolcati, que ya no están entre nosotros y a los que siempre recordaremos.

Continuando con el repaso de nuestra actividad: la Rural trabajó también con las asociaciones de criadores, para mejorar la calidad de la producción, su trazabilidad, los registros de las crías y, en definitiva, el prestigio internacional de nuestros productos. Estuvimos presentes, a nivel regional e internacional, en ferias, congresos y seminarios sobre producción agropecuaria y negocios vinculados con el campo.

También hemos estado muy cerca de áreas de Gobierno como Cancillería, Agricultura y Ambiente, para demostrar que el sistema productivo argentino es competitivamente superador con respecto a sistemas como los de Estados Unidos, China y la Unión Europea, de modo de garantizar nuestro acceso sin restricciones a cualquier mercado. Participamos dentro del Instituto para la Promoción de la Carne Vacuna, en su tarea de abrir mercados al mundo, consolidando al mismo tiempo el consumo local.

A través de la Rural, se han gestionado herramientas de financiamiento para productores. Se generaron acercamientos con entidades bancarias, traducidos en líneas de crédito para insumos y maquinaria.

Seguimos conversando con la UATRE, el gremio de los trabajadores rurales, por un tema que nos preocupa: el sistema de salud de los trabajadores del campo, OSPRERA, que está en grandes dificultades. Los productores y trabajadores rurales aportamos a ese sistema de salud, pero no recibimos, hoy, la contraparte del servicio médico. Es absurdo y preocupante que tengamos que buscar refugio en otras obras sociales teniendo la nuestra, o quedar abandonados, a la buena de Dios.

Esta conducción de la Rural fomenta también la acción del Ateneo de Jóvenes. Ellos nos acompañan en las recorridas por el país, interactuando con los jóvenes productores de cada lugar y fomentando así el federalismo. Varios de ellos ya son parte de nuestro cuerpo de delegados.

De este modo garantizamos la verdadera renovación de la Rural.

La Rural continúa siendo también una cantera de producción de datos económicos y científicos, como respuesta a necesidades de los productores.

Hemos realizado una importante inversión para integrar las diferentes áreas de la Rural en un solo sistema de información. Debemos reconocer que, en ese proceso, han ocurrido ciertos errores, fruto de un mal asesoramiento. Hemos aprendido de ellos y estamos mejorando. Ciertamente, el que nunca se equivoca es aquel que nada hace.

Gracias al nuevo rol asumido por la Fundación de la Sociedad Rural Argentina, hemos fortalecido también, con la colaboración de la Universidad Austral, nuestras instituciones educativas: el CEIDA: Centro de Estudios e Investigación para la Dirigencia Agropecuaria, y el ISEA: Instituto Superior de Enseñanza, Estudios y Extensión Agropecuaria, que se encuentra, con un curriculum actualizado, en proceso de acceder al rango universitario.

Hasta aquí, nuestra visión de la actividad del campo dentro del país, y las realizaciones de estos últimos años, en que nos ha tocado ejercer la conducción de la Sociedad Rural.

Pero sabemos muy bien que todas estas realizaciones no hubieran sido posibles sin el apoyo y la colaboración de todos ustedes. De nuestros socios, de los productores, de los trabajadores rurales, de los investigadores, de todos aquellos que nos han presentado sus ideas, su apoyo y también sus críticas constructivas. Queremos hacer aquí un reconocimiento especial a nuestros 351 Delegados Zonales, que nos permiten atender a las necesidades de cada lugar, y a las 141 sociedades rurales e instituciones de todo el país adheridas al Consejo Federal de la Sociedad Rural Argentina.

El agro no debe estar solo, no debe ser un simple generador de divisas. Tenemos que articularnos, en forma virtuosa, con el petróleo, el gas, la minería, la industria del conocimiento y el turismo, para consolidar, en las próximas décadas, grandes plataformas de desarrollo económico, tecnológico, social y territorial en Argentina. El campo no está en la vereda de enfrente con respecto a las demás actividades productivas. El campo nos une. Un signo de ello es la importante presencia de YPF en esta exposición.

La Sociedad Rural Argentina tiene un papel relevante en ese proceso: representar la diversidad productiva, promover una agenda de competitividad, y fortalecer el vínculo entre el campo y el conjunto de la sociedad, sin grietas, sin antinomias.

Durante estos últimos años, la SRA trabajó para abrir sus puertas, acercar la producción a los ciudadanos y mostrar que detrás de cada alimento y cada innovación tecnológica existen personas, familias, trabajadores y comunidades.

Es emocionante leer que, ya en 1866, hace 160 años, quienes fundaron la Rural, en el documento “Bases para la Fundación”, marcaban como objetivos, con palabras tan parecidas a las nuestras, lo que hoy estamos haciendo juntos. Leo textualmente:

“Son funciones de la Sociedad Rural Argentina:

Velar por el patrimonio agropecuario del país y fomentar su desarrollo.

Promover el arraigo y la estabilidad del hombre en el campo.

Estimular por todos los medios a los hombres de ciencia.

Coadyuvar al perfeccionamiento de las tareas rurales, y al desarrollo y adelanto de las industrias complementarias y derivadas.

Trabajar para establecer relaciones con los principales mercados extranjeros.

Investigar nuestras necesidades.

Conocer nuestro mercado interior en todos sus detalles.

Y asumir la más eficaz defensa de los intereses agropecuarios”.

Ya ven. No estamos solos. Toda una historia de productores agropecuarios nos sostiene y nos alienta.

Los invito a que estemos orgullosos de su legado. Agradezco a cada uno de ustedes su aporte a la construcción del campo próspero y justo que ellos soñaron. Ojalá que todos, desde nuestro lugar, seamos dignos de sus sueños, de su trabajo y de su ejemplo.

Ellos lo escribieron y lo hicieron porque el campo los unió.

A nosotros también, 160 años después, el campo nos une.

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