No podía terminar de cosechar maíz por la humedad y adoptó una estrategia distinta: "En la acondicionadora había cola de tres días”, cuenta el productor que ya piensa en la próxima siembra
Las demoras en la cosecha de maíz y soja complica la logística en zonas como el sudeste bonaerense; desde la Regional Aapresid Mar del Plata, el productor Eduardo Barrios cuenta cómo están atravesando una campaña marcada por el agua y qué decisiones ya empiezan a tomar de cara a los próximos meses

“El perfil nunca tuvo piso”. Con esa frase, Eduardo Barrios, productor de la Regional Aapresid Mar del Plata, resume la situación que atraviesan los campos del sudeste bonaerense después de un otoño-invierno inusualmente húmedo. “Colegas de Necochea advierten que las lluvias acumuladas entre marzo y agosto rondan los 850 mm”, agrega.
En Est. Santa Lucía, ubicada a pocos kilómetros del mar, en la zona de Chapadmalal, la lluvia no dio demasiadas treguas. El problema no fueron grandes temporales, sino una sucesión de precipitaciones de baja intensidad, pero persistentes, que mantuvieron los suelos saturados e impidieron recuperar condiciones de transitabilidad.
El impacto se siente especialmente en la cosecha. “Aunque sean pocos milímetros, si llueve de manera constante, el piso no termina de afirmarse y la máquina no puede entrar”, explica Barrios.
Una cosecha de maíz que no logra avanzar
El maíz es hoy uno de los principales focos de preocupación. Al 15 de agosto, apenas se había cosechado el 17,5% de las 201 hectáreas implantadas en el establecimiento. El contraste con la campaña anterior es contundente: a la misma altura del año, en 2025, la cosecha ya estaba prácticamente finalizada.

Imagen ilustrativa.
Pero el atraso no es el único problema. La imposibilidad de esperar condiciones ideales obliga, muchas veces, a ingresar al lote con mayor humedad de la deseada. En lo cosechado hasta ahora, el maíz promedia 19,8% de humedad, frente al 17,7% de la campaña pasada, y la humedad incluso fue aumentando a medida que avanzaron los cortes.
Esto impacta directamente sobre el resultado económico. Más humedad significa mayor merma y mayores costos de secado. “El agua del grano se termina pagando dos veces: por un lado, en kilos que se pierden durante el secado y, por otro, por el mayor costo de acondicionamiento”, reflejan los datos del establecimiento.
