La fluctuación del peso y el nivel de competitividad

21deJuliode2000a las08:08

Escribe Manuel Alvarado Ledesma (*)

La moneda de nuestro país no sufre devaluaciones desde que se puso en marchala Convertibilidad. Eso está claro.

Pero en realidad su valor fluctúa, ya que el cambio es fijo con respecto aldólar, pero no lo es con relación a las demás monedas. Así, aunque no hayadevaluación, a través del comportamiento oscilante del dólar, el peso seaprecia o deprecia permanentemente.

¿Cómo es esto? Una cosa es la apreciación/depreciación y otra larevaluación/devaluación. Por ejemplo, en enero de 1999, cuando Brasil liberóla banda cambiaria, su moneda se devaluó, y de manera acentuada. Si nuestropaís, hoy, abortara el Plan de Convertibilidad (esto planteado meramente comoun ejercicio teórico) obviamente el peso se devaluaría.

Nuestra moneda también se aprecia o deprecia (no lo hace en términosnominales, pero sí en términos reales) según se comporte el nivel de preciosinternos (inflación/deflación). Estos procesos de apreciación ydepreciación, sin que haya devaluación nominal, inciden fuertemente en elnivel de competitividad y, por lo tanto, en el saldo de la balanza comercial.

• Apreciación y depreciación

Al haber una estrecha relación entre tipo de cambio y competitividad delsector agroalimentario, lo que verdaderamente interesa es la apreciación odepreciación del peso con respecto a la de los países compradores de alimentosmás importantes. En síntesis, la relación con las monedas de los que noscompran alimentos es la que determina la competitividad del sector. Por ello,interesa el valor de las monedas de la Unión Europea y de Brasil puesto queellos se llevan el 50% de nuestras exportaciones de origen agropecuario.También tienen un papel relevante las monedas de los países que integran elNAFTA y de Chile, así como las de China, Japón, Corea y, por supuesto, laAsociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), que comprende a Brunei,Filipinas, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia.

En vista de ello, cualquier modificación entre el dólar y esas monedastiene una repercusión inmediata en el nivel de competitividad del sectoragroalimentario.

• Dos momentos

Entre 1991 y 1993, el peso tuvo una fuerte apreciación ya que el tipo decambio real sufrió una acentuada baja por la importante alza de precios quevenía de arrastre. Pero, en el siguiente trienio todo cambió. Por un lado, sedetuvo totalmente la inflación, y por otro, el dólar fue sufriendo unaconstante depreciación respecto del resto de las divisas.

Éstos fueron años de bonanza para el agro y su industria.

El problema se dio cuando a partir de la gran devaluación del peso mexicano,la globalización mostró su lado cruento, y una sucesión de devaluaciones (laque más nos dañó fue la de Brasil) puso a nuestro peso en situación desobrevaluación.

A su vez, la devaluación brasileña provocó la desvalorización de lasmonedas del resto del Mercosur y de Chile. A este proceso vino a sumarse lafuerza del crecimiento de la economía de los EE.UU. junto a la depresión de laU.E y Japón, que empujaron más aún el valor del dólar. En tal contexto, estadivisa no hizo otra cosa que subir de valor durante esos años y con ella,nuestro peso. La consecuencia quedó claramente a la vista, con estos años debaja de precios y menor competitividad, en el mercado agrario y de alimentos engeneral.

• El real y el euro

Pero desde hace algunos meses, la tendencia se ha modificado. Conpronunciados vaivenes, el valor del real ha evolucionado en forma creciente porapreciación nominal y por la acción de la inflación interna. Si bien el euro,desde su creación, no hizo otra cosa que depreciarse, desde principios de mayomuestra signos de reversión. En rigor, desde esa fecha elevó su valor casi un10%, por lo que las posibilidades argentinas de exportación hacia la U.E.mejoraron consider

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