Se encarecen los productos argentinos

Hace un año, el panorama para la exportación de carne vacuna era extraordinariamente promisorio. Hoy, la situación luce muy complicada para la mayoría de las empresas y los últimos registros de embarques al exterior son decepcionantes.

19deAbrilde2003a las08:33

ace un año, el panorama para la exportación de carne vacuna era extraordinariamente promisorio. Hoy, la situación luce muy complicada para la mayoría de las empresas y los últimos registros de embarques al exterior son decepcionantes. ¿Qué pasó?

Primero. El tipo de cambio pasó de $ 3,65 en setiembre de 2002 a $ 2,95 por dólar esta semana.

Segundo. El tipo de cambio neto sufrió aún más, porque el Estado hace meses que acumula atrasos en la devolución del IVA, y en el pago de factor de convergencia y de los reintegros. Es una deuda millonaria.

Tercero. El precio del novillo pesado pasó de 35-40 centavos de dólar en abril-mayo del año pasado a 65 centavos en la actualidad. Ya no somos los más baratos en Sudamérica. El efecto de la devaluación competitiva ya se agotó.

Oferta atomizada

Cuarto. Como consecuencia de la atomización de la oferta argentina, con más de 50 frigoríficos o grupos de exportadores, de la falta de coordinación entre esas mismas empresas o por parte del Estado, y de la necesidad de vender, los precios FOB de la carne argentina han caído entre un 25 y un 30 por ciento en menos de un año.

Quinto. No hay suficiente novillos pesados: hace tres años la industria exportadora faenaba hasta 180 mil novillos pesados mensualmente, y le dejaba otros 30 mil ó 40 mil novillos al consumo del NOA, de Cuyo o de las orillas del gran Buenos Aires. Hoy, rascando el fondo de la olla, no se faenan más de 160 mil pesados por mes. El avance de la agricultura ha modificado sustancialmente los sistemas productivos, y se hace menos novillo pesado, que es el único cuyos cortes sirven para exportar.

Sexto. No hay financiación, ni bancaria ni de la otra. El que tiene pérdidas operativas, o deja de pagar a los productores y proveedores, o debe parar.

Séptimo. Han abierto o reabierto un enorme número de plantas exportadoras en los últimos meses, con la expectativa de un negocio que parecía brillante.

Hoy se ha acentuado un problema recurrente de la industria frigorífica: el exceso de capacidad instalada. Muchos pequeños frigoríficos regionales están haciendo las inversiones necesarias para ser habilitados para exportación.

Hay una demanda por hacienda en pie que no obedece a la demanda externa, sino a la necesidad de faenar el volumen mínimo para cubrir la capacidad instalada y cubrir los costos fijos de cada planta.

Octavo. El mercado internacional hoy demanda más precio que calidad, y en ese punto perdemos con Brasil, que vende a precios inverosímiles.

La reapertura de mercados que pueden mejorar hasta un 30 por ciento los alicaídos precios FOB actuales, tales como Estados Unidos o Canadá, deberá esperar unos cuantos meses más. En el caso del estadounidense, entre un año y medio y dos años. Nuestra posición en la guerra de Estados Unidos contra Irak no va a favorecer precisamente un aceleramiento de los trámites ante el gobierno de Bush.

Perspectivas


En el corto plazo, muchas adversidades. En el mediano y largo plazo –siempre hemos vivido de estas ilusiones– el panorama luce mucho mejor: un mercado internacional que crece 400 mil toneladas por año, y que hoy se ubica en los seis millones de toneladas.

Cualesquiera sean nuestras limitaciones y nuestros errores, todo indica que no tendríamos dificultades en el futuro para pasar de las 400 mil toneladas actuales a unas 600 mil ó 700 mil toneladas.

Decisión del CFA. Durante la Novena Reunión Ordinaria del Consejo Federal Agropecuario, que se desarrolló en Ush

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