Un camino de variedades

El lugar que hoy ocupa la soja está justificado entre otras razones, y más allá de las obvias preocupaciones sobre la sustentabilidad de nuestra producción granaria, por haber planteado objetivos claros que produjeron logros concretos, plasmados en las variedades de este cultivo, indica en este artículo el directivo de Nidera S.A.

30deJuniode2003a las08:15

Rodolfo Luis Rossi. DE NIDERA S.A.

Entre los principales factores tecnológicos que pueden ser considerados responsables y de fundamental relevancia, por el suceso en la expansión de la superficie y la producción de soja en la Argentina, está la creación de variedades y su posterior difusión en las distintas regiones productivas.

Esto se deduce del hecho, que las variedades son un eje vital, que el agricultor selecciona para su sistema de producción: los insumos a utilizar, la maquinaria, la estructura de cultivo, las labores y la estrategia general, son interdependientes del material genético a utilizar.

Hoy podemos ser muy categóricos en definir y describir este suceso. La mejora genética de la soja fue una constante en la investigación en soja en la Argentina, adonde la actividad privada, y principalmente el programa de Nidera por más de 26 años, se propuso metas permanentes y logró mantener la calidad de nuestros cultivares. Las primeras introducciones al país, se sintetizaron en pocas variedades adaptadas, que permitieron el establecimiento del cultivo. Cuando el cultivo llegaba a 1 millón de has. El 90% se justificaba con dos variedades americanas de grupos largos de madurez.

En los inicios de la década del 80 propusimos una genética de alto rendimiento, con variedades resistentes a vuelco que respondieran a las excelentes condiciones de los suelos provenientes de una agricultura mixta que dejaba el maiz. Estas variedades sirvieron para impulsar la expansión sojera a regiones más al sur y oeste, que hoy son el propio corazón sojero.

Así lanzamos los grupos V, que en pocos años ocuparon un 50% del área de siembra nacional. Posteriormente se realizó el afianzamiento del cultivo, en base al lanzamiento de los grupos III y IV corto de madurez, en las zonas más australes de la Pampa Húmeda, para lo cual además inscribimos las primeras variedades de los grupos I y II.

La propia inestabilidad climática de esos años, como el desplazamiento de la zona sojera hacia regiones más marginales, llevaron a diseñar un nuevo "ideotipo", para el grupo V : las variedades de crecimiento indeterminado. Estas impactaron en la "conquista del oeste", y permitieron iniciar en el norte, las primeras "sojas de primavera". Los grupos más precoces se difundían aceleradamente permitiendo, en sincronía con la mayor tecnología de manejo, sustentar los rendimientos, en una superficie en permanente crecimiento.

El programa tomó un nuevo vigor desde 1990. Se incrementó significativamente el tamaño del programa y formamos un destacado grupo de trabajo. El programa capitalizaba las posibilidades que otorgaba el cultivo al permitir la expresión de diferentes grupos madurativos en las mismas latitudes. El flujo de genes hacia un lado y el otro, se concretaba en nuevos genotipos de altísimo rendimiento. Era imperioso comenzar a proteger el mismo para todas las enfermedades "potenciales" que la propia difusión del cultivo, planteaba como amenazas.

El permanente desarrollo de nuevas variedades, muchas de ellas pioneras, permitió el crecimiento de la soja en nuevas regiones, algunas inexploradas, manteniendo los rendimientos a nivel país. La ganancia genética obtenida, no se manifestaba en el promedio nacional, pero logró mantener una tendencia creciente y una estabilidad de los mismos.

Los avances en mejoramiento genético y su aporte se lo pude medir de varias maneras, hemos elegido cuantificar la producción obtenida en el país por el uso de nuestras variedades entre 1990 y el 2003: más de 150 Millones de ton

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