El motor de la integración regional

El Mercosur se presenta hoy como el proyecto estratégico más importante que los argentinos y los sudamericanos tenemos entre manos.

02deJuliode2003a las08:40
Leopoldo Moreau. DIPUTADO NACIONAL (UCR). PRESIDENTE DE LA COMISION DEL MERCOSUR.

El reciente viaje a Brasil del presidente Kirchner y las definiciones que surgieron de su entrevista con el mandatario de ese país Luis Inácio Lula da Silva, así como también la XXIV reunión del Consejo del Mercado Común que tuvo por escenario la ciudad de Asunción, pusieron de manifiesto una fuerte voluntad política para profundizar la integración regional. El Mercosur es hoy, sin duda alguna, el proyecto estratégico más importante que los argentinos, en particular, y los sudamericanos, en general, tenemos entre manos.

Desde la inspiración inicial de quienes fueron sus promotores, los ex presidentes José Sarney y Raúl Alfonsín, el Mercosur se proyectó como un mercado común que debía sustentarse en instituciones que expresaran la unidad política de sus actores. Diversas circunstancias que no es del caso analizar en esta nota muestran que dicho proceso atravesó etapas de avance, retroceso y estancamiento, situación que, en pos del bienestar de nuestros pueblos, debe ser rápidamente superada.

En el agasajo a la delegación argentina que días atrás visitó Brasil, el presidente Lula sostuvo: "Más allá del respeto que me merecen empresarios y diplomáticos, quiero decirles que si no le metemos política al Mercosur, no vamos a avanzar". En otras palabras: no habrá integración plena sin decisión política y sin su correlato institucional.

Para ello el cambio cultural es esencial ya que el paso trascendental de todo proceso de integración, como lo estudiaron los especialistas, está dado cuando los dirigentes políticos adhieren a valores nuevos que permiten crear las instituciones integradoras.

La integración, y en esto Europa es el ejemplo, exige la creación de una nueva voluntad política que anime una nueva comunidad, que no puede ser el fruto exclusivo de una simple agregación de intereses económicos.

Frente a tamaño desafío, los países miembros del Mercosur deben alistarse para dar un salto cualitativo y prepararse para superar los dilemas funcionales y sustantivos de un proyecto que resulta vital para la supervivencia regional y que, en ese sentido, hasta ahora se ha venido mostrando deficitario.

Superar este déficit implica un cambio en la naturaleza institucional. El esquema de integración tendrá que dejar de ser intergubernamental para transformarse paulatinamente en supranacional. Esto creará las condiciones para dotar al sistema de mayor pragmatismo, funcionalidad y control. Sin embargo, esto sólo será posible en la medida en que esa institucionalidad converja sobre una definición común acerca del significado del interés regional.

Si bien el carácter intergubernamental de la estructura del Mercosur ha logrado significativas mejoras en materia comercial y geopolítica, no existen garantías de continuidad y previsibilidad en el sistema de integración porque éste depende excesivamente de las decisiones políticas nacionales y de algunos actores no gubernamentales, a los que si bien debe reconocérseles un peso relativo, no siempre se encuentran motivados por los intereses superiores de la comunidad regional.

Esta situación ha venido demorando los avances políticos y jurídicos. Así, se hace patente la necesidad de conformar, entonces, una institucionalidad de base democrática y carácter estable.

Hoy por hoy, existen dificultades operativas elementales al momento de pensar en el Mercosur como "una" institución. Esto se manifiesta en que carece de una representación institucional de naturaleza permanente ante terceros estados, organismos internacionales o bl