Un arma contra los subsidios agrícolas

Hace algunos días, el secretario de Relaciones Internacionales, Martín Redrado, señaló que los subsidios de los EE.UU. a sus exportaciones agropecuarias afectan anualmente a las ventas agrícolas de los países latinoamericanos en unos 6158 millones de dólares.

21deJuliode2003a las08:49

Por Emilio J. Cárdenas
Para LA NACION

Hace algunos días, el secretario de Relaciones Internacionales, Martín Redrado, señaló que los subsidios de los EE.UU. a sus exportaciones agropecuarias afectan anualmente a las ventas agrícolas de los países latinoamericanos en unos 6158 millones de dólares. Si a ese importe le agregamos los subsidios al agro de otros tipos, que se aplican en paralelo, y les sumamos las subvenciones aún mayores -de similar naturaleza- de la Unión Europea (UE), en vigor desde 1964, año en que pusiera en marcha su devastadora "Política Agrícola Común", el daño a nuestra región es definitivamente muchísimo mayor. Con perjuicios que han sido devastadores para la Argentina.

Estos subsidios -contra los que, por años, no hemos reaccionado con la energía que corresponde- son en buena medida responsables de nuestra postergación relativa en el escenario mundial. Porque han coadyuvado sustantivamente a nuestra pérdida de mercados; a la depresión de los precios; al crecimiento de la miseria y expulsión de población, y a la acumulación de una deuda externa creciente, con acreedores cuyos respectivos países no nos permiten vender para poder pagar. Esto es, a nuestra creciente pobreza.

La invocación permanente, desde 1947, de distintas excepciones al GATT y la exclusión explícita de los subsidios agrícolas de todas -menos la última- rueda de negociaciones multilaterales han hecho posible que la UE, Japón, Corea del Sur y los Estados Unidos mantuvieron -por décadas- subsidios distorsivos que benefician a sus respectivos agricultores, en perjuicio directo de los nuestros. Por más de 250.000 millones de dólares por año.

La Cláusula de Paz

Hasta ahora, la denominada Cláusula de Paz (para el mundo en desarrollo resultó una "Cláusula de Demolición") que fue -lamentablemente- acordada en 1994, en la Rueda Uruguay, y que está explicitada en el artículo 13 del "Acuerdo sobre Agricultura", ha imposibilitado usar el mecanismo multilateral de solución de controversias disponible, en contra de los países que subsidian a sus sectores agrícolas.

Esta dañina cláusula, cuya vigencia se acordó duraría nueve años, expira, sin embargo, el 1° de enero de 2004. A su vencimiento, toda la artillería sustantiva y procesal disponible en la OMC quedará disponible para ser utilizada por la Argentina y los demás países del Grupo Cairns. Todos ellos damnificados por una situación que se ha dilatado en exceso y que no puede mantenerse más.

Esto supone que las políticas agrícolas proteccionistas quedarán vulnerables al reclamo de que generan "perjuicios serios" a los países que no subsidian.

Las acciones por daños que podrán promoverse contra los países proteccionistas desde el 1 de enero de 2004 de acuerdo con los artículos 6.3 (a) y (c), 6.4 y 7.8 del Acuerdo sobre Subsidos y Medidas Compensatorias de 1994 (utilizando para demostrar la relación de causa y efecto herramientas tales como los "análisis de regresión" y los "modelos de equilibrio") obligarán -de resultar exitosas- a la UE, el Japón y los Estados Unidos a "tomar acciones apropiadas para remover los efectos adversos de los subsidios o eliminarlos". O, alternativamente, a tener que hacerse cargo de los daños que causen sus subsidios a terceros países.

Es posible que la sola posibilidad de que esto ocurra sea -en gran medida- responsable de las recientes medidas "de liberalización" de la política agrícola europea (realmente mezquinas) y del cambio de la política (no de la realidad) proteccionista norteamericana.

Queda claro que esta alternativa aumenta significativamente el "poder real de

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