Re-fundar un país normal

En este artículo, el profesor de Agronegocios y Comercio de la FAUBA, asegura que el actual debate pasa por re-fundar instituciones para un país normal. El caos institucional de los últimos años provoca la ruptura de todos los contratos y del estado de derecho. Lo catastrófico es un modelo de país en contra del nivel de alta productividad.

12deAgostode2003a las08:35

Héctor Ordoñez. Profesor de Agronegocios y Comercio de la FAUBA

Desde el barco frigorífico en 1876 la Argentina experimentó una singularidad compartida con Canadá y Australia. Liderar el desarrollo con el agro y los agroalimentos. Esa situación única determinó la construcción de altísimos niveles de productividad, por encima de la media global. Hasta hoy se sostiene, a pesar de subsidios allá y retenciones aquí. Coexisten dos argentinas: "la creadora de riqueza y divisas, de altísimos niveles de productividad, competitividad sustentada en las ventajas comparativas y competitivas del sector agroalimentario", y otra "pobre, de bajos niveles de productividad en el ámbito global, en industrias, servicios y en estamentos del Estado". Canadá y Australia evolucionaron a partir de sus altos niveles de productividad. Argentina históricamente re-asignó las extraordinarias rentas de la super productividad a sectores poco productivos. Uno de los mecanismos son y han sido las retenciones.

La permanente apuesta Argentina a la sustitución de importaciones ha sido equivoca. La sustitución de importaciones exitosas -Corea, Taiwán y Japón-, se llevaron adelante con foco en la exportación, con precio y calidad clase mundial. En la Argentina sustituir importaciones apuntó al mercado local, protegido, cautivo, sin competencia. Nunca presentó altos niveles de productividad. Siempre menores a la media mundial.

Los niveles de productividad son clave para la acumulación de riqueza, la generación de rentas y de empleo. La empleabilidad y la empresariabilidad de una economía dependen de un marco institucional sólido, de la seguridad jurídica y del nivel de productividad de esa sociedad. En sentido estricto ricardiano los niveles de productividad, son los recursos disponibles, son los costos, y son las ventajas comparativas. En un sentido más amplio la competitividad de una Nación es resultado de un proceso innovativo más complejo, atraviesa los ambientes institucionales, organizacionales y tecnológicos con foco el mercado global y sostenidos fundamentalmente por la calidad del trabajo incorporado a un producto o servicio. Hoy es determinante el conocimiento, mas aún el conocimiento local. El proceso de innovación es co-operativo. Implica la ac ción colectiva. En la era del conocimiento la construcción de conocimiento local es clave de éxito, la misma es también un proceso colectivo. Las clave competitiva es el stock de capital social, cantidad y calidad. Capital social es el potencial de un grupo, una comunidad o una sociedad de llevar adelante visiones compartidas, misiones colectivas y metas comunes.

Siempre se menciona al complejo oleaginoso como la Argentina competitiva. Líder mundial por su alto nivel de productividad. Confluyen la biotecnología, la siembra directa, los agricultores argentinos, las ventajas comparativas, la impresionante competencia en el mercado de tierras, en el mercado de servicios agropecuarios (contratistas agrícolas, transportistas, acopios etc.) y la inversión privada en capacidad instalada de molienda y de embarque (región hidrovía). La cría de ganado no se menciona. Esta en marcha una experiencia piloto en el Salado. Participan once municipios, once asociaciones de productores y la FAUBA en la difusión, capacitación y asistencia técnica de un evento único, singular, en el país y el mundo. El Consorcio Pampas del Salado es un sistema privado de aseguramiento y certificación de origen y calidad. Identificación animal, identidad preservada, trazabilidad, el cump

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