El agro y el "capital social"

La cadena agropecuaria dió esta semana nuevas muestras de llamativo dinamismo. Acaba de terminar el mejor Palermo en muchos años

16deAgostode2003a las08:36

Héctor A. Huergo. DE LA REDACCION DE CLARIN

La cadena agropecuaria dió esta semana nuevas muestras de llamativo dinamismo. Acaba de terminar el mejor Palermo en muchos años, con su CITA fierrera unida a una gran muestra ganadera y el congreso de Agronegocios. Y sobre el pucho, más de 1.200 inscriptos pagaron 250 pesos para asistir al Congreso de Girasol de ASAGIR en el Hilton, el martes y el miércoles (ver páginas 8, 9 y 10). Ayer, 2.000 ganaderos de 17 partidos de la cuenca del Salado celebraron el primer Congreso de terneros con denominación de orígen. Los aeroaplicadores, otro eslabón importantísimo de la nueva agricultura, se reunían en Carlos Paz en su propio congreso (pág 12). En el medio, decenas de reuniones de productores, organizadas por empresas. Ya hay récord de inscripciones para el gran "think tank" del año: el congreso de AAPRESID en Rosario, dentro de dos semanas.
 
 Esta es una expresión de un fenómeno de extraordinaria importancia para el futuro de la Argentina: la construcción de "capital social", un concepto desconocido hasta ahora por la mayor parte de los economistas, y que empezó a ver la luz precisamente en el congreso de ASAGIR. Capital social es la capacidad —según define Héctor Ordóñez— que tiene una sociedad de generar una visión compartida y metas comunes. Esto es lo que están diciendo todos estos eventos encadenados: visión compartida y metas comunes, y (agrega Ordóñez) bajo el común denominador de la confianza entre todos los actores. A partir de ella viene todo lo demás.
 
 La competitividad del agro se basa, precisamente, en la construcción de capital social. La organización de la agroindustria ya resolvió el problema del capital social por sí misma. No sin heridas, pudo superar el dramático conflicto de la devaluación/pesificación, emparchando la cadena primero y consolidando los eslabones después. Así se reconstruyó la confianza, la producción se mantuvo en pié, y hasta siguió creciendo en valor. Pero la cadena todavía no pudo convencer plenamente al sector público sobre la verdadera profundidad del proceso. Por eso pasan cosas tremendas, como esta media sanción de la ley que reforma del impuesto a las ganancias, alterando profundamente las reglas de juego del negocio agrícola. En este caso, por la desconfianza hacia la cadena, plasmada en las declaraciones insistentes de los titulares de la AFIP y la Aduana.
 
 Si hay evasión, ya lo hemos dicho, que se investigue, determine y castigue. Pero la presunción de culpa, sin poder demostrar, lleva a patear el tablero, como un mal perdedor de póker. El objetivo de la nueva ley es limitar las ventas entre filiales de una misma empresa, bajo sospecha de subfacturación. "Si no es para esto, para qué tienen filiales". Bueno, si quieren eliminar el riesgo de subfacturación, que pongan precios índice, como hubo siempre. Pero castigar las ventas entre filiales sólo va a servir para dejar al país afuera del negocio. Hay razones comerciales (internas y externas) y financieras que justifican esa modalidad. Entre las comerciales internas, las restricciones añosas que obligan a pagar multas a quienes desarmen una operación, algo que es usual porque entre la venta y la entrega hay empresas que, por ejemplo, pueden quebrar. Entre las comerciales externas, por ejemplo Irán puede suspender una compra por razones políticas. Son riesgos que existen, pero que la reglamentación interna exacerba, porque además de perder el negocio hay que pagar una multa del 15%. Entonces, muchas operaciones se hacen vendiendo a una filial en otro país, desde la cual se completa el negocio.
 
 Las razones financieras son más fáciles de entender

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