Ahora, a los bifes por Internet

Una marca argentina exporta cada corte con un código único. Así, el cliente puede ver en la web cómo y dónde se crió y faenó el animal.

14deOctubrede2003a las08:40

Sergio Persoglia

Si usted quiere saber dónde nació el bife que se está por comer, ahora puede. Igual que un consumidor europeo, puede buscar en Internet, con un código que viene en el paquete de carne que compró, si proviene de un amimal, por ejemplo, de Chascomús, de Venado Tuerto o de Saliquelló. Y puede averiguar también cuándo nació, quien lo crió, qué vacunas le dieron, cómo se alimentó y muchos datos más.

El sistema forma parte del programa de carnes Pampa Mía, lanzado por el Instituto Rosenbusch, que armó un acuerdo del que ya participan 65 productores de todo el país, propietarios de unos 50.000 animales.

"Aquí el productor interviene. Es parte fundamental de la cadena y queremos que se siente orgulloso de lo que está haciendo", dijo a Clarín Rural el presidente de Rosenbusch, Rodolfo Balestrini.

La cadena de la que habla el ejecutivo es así.

El productor incorpora sus animales al plan de trazabilidad acordado y se les aplica un microchip en la oreja que permitirá identificarlos electrónicamente con un scanner (lector) especial. A partir de allí, se deben aplicar las Buenas Prácticas de Manejo (BPM) definidas por Rosenbusch, que involucran una amplia gama de cuestiones productiva y que incluyen, por ejemplo, la sanidad y la alimentación.

"Los animales deben ingresar al plan al menos 6 meses antes de la faena, aunque controlamos buena parte desde el nacimiento. Deben engordarse en sistemas pastoriles y no haber recibido tratamientos con hormonas, porque la mayor parte irá con destino a la exportación", explicó a este diario Miguel Penas, responsable técnico de Ronsenbusch.

Luis Santa Coloma es un ganadero de la zona de Baradero y responsable de carnes de Productores de Limangus Argentinos (Proliar). Esa entidad tiene un acuerdo con Rosenbusch para canalizar a través de la compañía la porción que obtuvo de la cuota Hilton, un destino para el que ya faenaron 1.000 novillos.

Para Santa Coloma, "el sistema de chip facilita mucho la lectura de datos directa desde el animal hasta la computadora. Por ejemplo, durante los tratamientos sanitarios que se hacen en la manga. Con el código del tratamiento que se haga y el del animal, todo se guarda electrónicamente sin ningún peligro". Además, y para cumplir con las normas del Senasa en materia de requerimientos de exportación, "se aplica la caravana, que adicionalmente lleva un código de barras", dice el responsable de Proliar.

Desde que los incorporan al plan hasta que son faenados, los productores no deben gastar un peso por los tratamientos que se realizan en los animales. Ni en concepto de insumos ni de trabajo profesional.

Rosenbusch se hace cargo de esos costos y se los descuenta al productor una vez que sus animales fueron faenados y vendidos. El ganadero recibe el precio de mercado por sus novillos y no paga ninguna comisión, lo que significa ya un sobreprecio de entre el 3 y el 7 por ciento. Además, participa de las ganancias que genera la venta de la carne, que son distribuídas por la compañía una vez que los cortes se colocan en sus mercados de destino.

Son las exigencias de los consumidores y las regulaciones de esos mercados los que llevaron a implementar este plan de trazabilidad. Cada consumidor que compra un paquete de carne de Rosenbusch encuentra allí un código. Ingresándolo en el sitio www.control-ar.com.ar, podrá conocer cada detalle de la vida del animal que le dio origen, de su dueño y de la faena.

Así, ya ha sucedido que algún cliente muy satisfecho pida que le envíen siempre la carne derivada de los animales de un productor e

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