La soja se agranda con las proteínas

Este año se sembrarán 40 mil hectáreas con la oleaginosa de alto Profat. Productores, industriales y semilleros se alían para introducir la calidad específica en el complejo sojero.

08deNoviembrede2003a las09:32

El desarrollo de valor agregado en el complejo sojero está comenzando a despuntar con fuerza. En ese camino se embarcaron las multinacionales Monsanto y Cargill que en esta campaña salen a ofrecer al productor lo que denominan "un sistema integral", para producir y comercializar soja con mayor contenido de proteínas.

La propuesta se materializa a través de un contrato a través del cual la primera compañía pone a disposición del productor su nueva variedad de semillas denominadas Sojas de Alto Profat (SAP) con mayor porcentaje de proteína y aceite que las del resto del mercado; la segunda, garantiza la compra del 100% de esta producción y bonifica el precio en función del excedente en proteínas.

El gancho es seductor. Produciendo estas variedades el productor puede obtener, en promedio, 3,5 dólares más sobre el valor de la tonelada de oleaginosa en el mercado. Además, tiene garantizada la entrega inmediata y la colocación segura de su mercadería.

"No tiene costo comercial, se ahorra comisiones, paritarias, almacenaje", resumió el gerente de oleaginosas de Monsanto, Pablo Ogallar.

Desde Monsanto estimaron que en esta campaña se implantarán alrededor de 40 mil hectáreas con esta variedad de soja y prevén que crecerá hasta las 60 o 70 mil hectáreas en el próximo ciclo.

El optimismo se basa en una prueba que realizaron el año pasado con este tipo de semillas y que, según explicó Ogallar, dejó "muy conformes" a los productores.

En realidad, desde las multinacionales explican que se trata de "un cambio en el modelo productivo de soja", ya que el productor siempre estuvo acostumbrado a retener la mercadería para utilizarla como moneda de cambio y especular con ella de acuerdo a los vaivenes del mercado.

En este caso, desde la semilla hasta el destino final, el proceso está prefijado.

La firma Monsanto, a través de su red comercial, vende la variedad de semilla y el productor firma un contrato en el que se compromete a entregar el 100 por ciento de lo producido con ellas a Cargill, en su puerto de Punta Quebracho (Puerto General San Martín).

El productor tiene la libertad de fijar el precio en ese momento, puede hacerlo antes de la cosecha o bien tiene plazo hasta fines de septiembre del año siguiente para ponerle precio al grano, que además del valor de mercado obtendrá un plus en función del mayor nivel de proteínas y aceite que contenga.

El negocio se canaliza a través de Renessen, el joint venture que a nivel mundial conformaron ambas compañías para el área de nutrición animal.

Calidad diferenciada

El desarrollo de variedades que permitan aumentar el tenor de proteínas surge de una tendencia que fue marcando la propia demanda externa, especialmente de harinas de soja.

"Hace aproximadamente cinco años el mercado comenzó a demandar harina con alta proteína y desde la Argentina nos comprometimos a suministrarla con un nivel del 47 por ciento y un máximo de 3,5% de fibra", explicó Héctor Autino, miembro de la Asociación Argentina de Grasas y Aceites (Asaga).

Para lograr esto, las fábricas de la región debieron adaptar su tecnología para realizar un proceso de descascarado de la semilla, lo que permite aumentar los niveles proteicos de las harinas y pellets.

Actualmente la soja en la Argentina tiene un porcentaje de proteínas de alrededor del 38,5% base seca, más bajo que el que contiene la oleaginosa producida en lugares como Brasil, Paraguay o Estados Unidos.

El fenómeno, que está relacionado con características medioambientales, deja a la producción argentina en inferioridad de condiciones a la hora de competir en los mercados que demandan granos o subproductos (especialmente pellets para

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