Estudian la sustentabilidad en el Chaco

El ingeniero Rodolfo Gil, del INTA, junto a técnicos de la experimental Las Breñas, en el Chaco, y la regional de Aapresid de esa región, viene trabajando en determinar modelos agrícolas sustentables para esa zona.

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05deDiciembrede2003a las08:22

“En esta región, el 75 por ciento de las lluvias se concentra entre octubre y marzo”, comenzó explicando el técnico consultado por Infocampo. “El promedio anual se ubica entre 700 y 900 mm, o sea que en principio sería suficiente para un cultivo que necesita 500 mm para cumplir su ciclo. El problema es su distribución, es decir que llueva cuando realmente se necesita”, continuó.

El segundo punto son los suelos, que si bien no presentan limitaciones por profundidad, resultan frágiles a una práctica agrícola intensiva. “Observamos que la capacidad máxima de almacenaje, hasta el metro de profundidad, se ubica, en líneas generales, entre 320 y 350 mm, pero sólo 110 a 130 son fácilmente utilizables por los cultivos”, indicó Gil. “O sea que se necesitará que lluevan otros 400, bien repartidos durante el ciclo”.

Buenos barbechos y siembra directa son dos prácticas de manejo que ayudan a tener mayor disponibilidad de agua para la siembra de los cultivos de gruesa. Este año en particular, caracterizado por la seca, la soja sembrada después del trigo presenta una cabellera radicular muy poco desarrollada, lo cual limita la capacidad de exploración del perfil, y compromete su supervivencia ante condiciones climáticas adversas. “En esta campaña, un trigo que terminó rindiendo, en muchos casos menos de 1.000 kg/ha, quitó toda el agua del suelo para la soja”, comentó el entrevistado. “La situación fue mejor en siembras tempranas de soja, en lotes bien barbechados”.

Otro tema clave es la generación de rastrojos de cobertura, que son la fuente de materia orgánica “joven”, la más involucrada en fertilidad. “Estamos hablando de que hacen falta unos 7.000 kg/ha de residuos, y eso se consigue con maíz o sorgo, no con soja”, comentó Gil. También señaló que miden la evolución de la materia orgánica en campos que vienen de desmonte. En este sentido estiman una caída desde tenores iniciales de 5 a 3% en el lapso de cinco años.

“También se observa que el régimen de explotación de la tierra, más en manos de arrendatarios, lleva a que no se realicen prácticas sustentables como ser la fertilización”, concluyó Gil. Como síntesis, el técnico habló de la armonización entre la condición de los suelos, la variable clima y el manejo de los cultivos.

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