Dos tamberos armados detuvieron a ladrones

RANCHOS.- Cansados de los robos y acostumbrados a escuchar las experiencias de otros chacareros víctimas del abigeato y pocas veces recompensados, por lo menos con la Justicia, los propietarios de un tambo situado a pocos kilómetros de esta tranquila ciudad del interior bonaerense decidieron actuar por mano propia.

12deDiciembrede2003a las10:08

No sólo se tirotearon con los ladrones, sino que consiguieron detener a uno y guiar a la policía para que atrapara a dos cómplices que huían.

En este distrito, donde en los últimos tres meses se robaron más de 100 cabezas de ganado, la situación es tensa. Los productores están preocupados por la inseguridad, y el vicepresidente de la sociedad rural, Andrés Juul, reconoce que "si esto no mejora va a ser muy difícil decirle a otra gente que no se defienda con un arma". En Ranchos, no hay patrullas rurales de la policía. La falta de móviles y la cantidad de caminos de tierra, que suman cientos de kilómetros en todo el distrito, dificultan la prevención del delito. Según cuentan los productores, el cuatrerismo recrudece en los días previos a las fiestas de fin de año.

Los dueños del campo donde funciona el tambo La Josefina no fueron jaqueados por los cuatreros, pero sí por los robos.

El establecimiento está a 15 kilómetros del pueblo, entre la ruta 20 y un camino vecinal, y su historia se emparenta con la de los productores de Tres Arroyos que hace ya más de un año decidieron armarse para custodiar sus campos.

"Empezamos a darnos cuenta del robo porque a veces teníamos 38 bolsas o menos. Además, un día había llovido y encontramos huellas extrañas. A todo esto, en dos oportunidades vimos por la zona, en auto, a un hombre que había dejado de comprarnos masa", relató Francisco Ferrante, de 25 años, que con su hermano, Marcelo, de 22, y el tambero, conversaron y llegaron a la conclusión de que algo tenían que hacer. Y pensaron que resolver el tema por su cuenta sería lo mejor: "La idea era agarrarlo con las manos en la masa", dijo Francisco.

Las manos en la masa

El martes, Marcelo y el tambero, armado con una escopeta de caza, decidieron ocultarse al costado de la cámara de frío. Francisco se escondió detrás de unos arbustos.

A las 21.10, cuando creían que el plan no iba a funcionar, el silencio fue interrumpido por el motor de un automóvil. Los tres advirtieron que provenía de un monte situado a unos 300 metros del tambo.

"Vimos a dos personas que entraron y tomaron cuatro bolsas. Cuando estaban saliendo del tambo, prendimos la luz y les dijimos que se quedaran quietos", relató Marcelo.

Uno de los delincuentes gritó "no me maten" y se tiró al suelo. El otro se deshizo de la carga robada y empezó a correr en dirección al monte. Pero antes giró el torso y disparó cinco veces, según recuerdan los Ferrante.

En ese momento, la escopeta estaba en manos del tambero, que disparó contra las piernas del sujeto que huía. Segundos después, sonó el teléfono celular del ladrón que habían atrapado. Era el tercer delincuente, que llamaba desde el automóvil -un Ford Corsa- donde esperaba a sus cómplices.

Tras el tiroteo, los Ferrante se comunicaron con la comisaría -desde su celular- , que pronto envió personal de Ranchos y Chascomús. La policía detuvo al conductor y al que intentaba escapar.

Los detenidos fueron identificados como Juan Carlos Tallarico, Aldo Sánchez y Luis Ojeda, herido en el muslo durante la huida. Los dos últimos tienen antecedentes policiales por abigeato.

Es más, los habitantes de la zona cuentan que un hermano de Ojeda también se dedicaba al robo de ganado y que, desde que murió, en un robo, ese delito disminuyó.

Los hermanos Ferrante son nietos del ex intendente de Ranchos, Alberto Ferrante, cuyo nombre identifica a una avenida. Viven en La Josefina, junto con su madre viuda y todos los días trabajan en el campo. Ambos reconocen que fue ar

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