La seguridad alimentaria, prioridad
Trazabilidad, adopción voluntaria de sistemas de control, integración vertical y certificación son algunas de las iniciativas que propician los privados.
La crisis de “la vaca loca” en los Estados Unidos relanzó una revisión del impacto de problemas en la seguridad alimentaria sobre el comercio agroalimentario. El Servicio de Investigaciones Económicas del Departamento de Agricultura de los EE.UU. (Economic Research Service) elaboró un dossier titulado Seguridad Alimentaria y Comercio Internacional: Teoría económica y estudio de casos sobre el tema.
Uno de los puntos de mayor interés de la presentación es la relación entre la componente privada -donde suelen surgir los problemas- con la pública, constituida por el entorno institucional que enmarca la actividad privada.
El informe destaca una serie de iniciativas que surgen desde el sector privado como estrategia para mejorar la seguridad de los alimentos:
1) Autorregulación mediante la adopción de normas de seguridad, como el sistema HACCP, y buenas prácticas agrícolas, entre otras.
2) Integración vertical del proceso productivo, con el fin de mejorar el control hacia atrás y adelante en la cadena. Esta tendencia se está verificando fuertemente en los Estados Unidos, señala el ERS.
3) Implementación de sistemas de trazabilidad, asociada a la capacidad de detectar fuentes de contaminación (hacia atrás) y retirar productos de la distribución (hacia adelante).
4) Contratación de certificadoras independientes, que garanticen que se siguieron los procedimientos que aseguran inocuidad y/o calidad del producto final.
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Mueve US$ 15.000 millones y da trabajo a 40.000 personas: la industria del campo que podría duplicarse en cinco años“Sin embargo, aunque el sector privado tiene fuertes incentivos para producir alimentos seguros, las señales del mercado a los productores son imperfectas”, sostiene el dossier. “Habitualmente, los consumidores no pueden distinguir qué nivel de seguridad le ofrecen los productos al momento de comprarlos, con lo cual su preferencia por alimentos seguros no se ve reflejada en el precio”.
Acá entran a jugar las regulaciones públicas, que en las naciones industrializadas han sido implementadas sobre la base de siete tendencias concretas:
1) Concentración de la normativa en una única agencia, responsable de la seguridad alimentaria.
2) El uso del análisis de riesgo como base para el diseño de las regulaciones.
3) Una aproximación al análisis de riesgo a partir de la cadena productiva (del campo al plato).
4) Adopción de HACCP como base para la normativa sobre presencia de patógenos en los alimentos.
5) Adopción de estándares más estrictos, en determinados casos.
6) Agregado de nuevas y más amplias regulaciones a medida que aparecen nuevos riesgos.
7) Utilización de la información como forma de mejorar el desempeño del mercado, en lo que hace a la seguridad alimentaria.
Lógicamente, cada enfermedad o problema alimentario conlleva su problemática específica, pero en líneas generales, ésas son las principales tendencias.
Impacto en el comercio
El comercio global de materias primas agrícolas y alimentos en 1975 alcanzaba a u$s138.000 millones. En el 2001, esa cifra se había elevado a 436.000. Sin embargo, según los expertos del ERS, no hay evidencia de que los riesgos en la seguridad alimentaria se correlacionen con el intercambio comercial.
No obstante, la aparición de un problema en la cadena de producción alimentaria genera un impacto económico sustancial.
El ERS estudió el caso de la contaminación con dioxinas en la industria pollera belga, en 1999. En enero de ese año, entre 60 y 80 toneladas de grasa utilizada en la elaboración de alimentos balanceados para la industria avícola, porcina y bovina, se contaminaron con Policloruro de Bifenilo (PCB) y dioxina, agentes cancerígenos ambos.
La contaminación en uno de los ingredientes (la grasa) se trasladó aguas abajo, pri
