Chau 2004, hola 2007

Fue tan buen año para el campo que hasta da pena despedirlo.

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31deDiciembrede2004a las08:31

Fue tan buen año para el campo que hasta da pena despedirlo. Llegó y se fue con viento a favor. Durante 2004 soplaron bastante fuerte los todavía buenos precios de los commodities, las bajas tasas de interés internacionales, el dólar barato, la apertura de mercados y el crecimiento de China, entre otros.

Le fue bien al campo y en términos económicos también le fue bien al país. Casi sin sofocones, se creció a algo mas del 8% anual por segundo año consecutivo. Por estos días tanto el The New York Times como el Corriere della Sera coincidieron en elogiar la recuperación económica. Parecería ser que hoy los mismos que hace tres años bailamos en la cubierta del Titanic, somos por lo menos un pariente cercano de Gardel.

Por suerte, se sabe que no es así. ¿Cuál es entonces la verdadera medida? Los agricultores con años de campaña en el lomo saben que lo que en definitiva cuenta son los promedios. No se entusiasman con el rinde del primer lote. Esperan que se trille la superficie total y hacen sus cuentas con el rinde promedio. Este concepto que es vital para el desempeño de los que siembran es perfectamente trasladable a otros ámbitos.

Se podría afirmar entonces, que lo que cuenta no es la suerte corrida en un año, sino el desempeño a través de muchos y, por sobre todo, el rumbo que se tiene. Vale el triste desempeño de nuestra ganadería que actualmente produce lo mismo que en la década del setenta. ¿Sirvieron los años buenos?

Ya hay pocas dudas de que el acto más revolucionario en la Argentina sea pensar y actuar para el largo plazo. Esto significa saber, con bastante precisión, dónde se pretende estar en materia de carnes, de granos, de lácteos, de frutas, de manufacturas con alto valor agregado, en 2007 y en 2010.

¿Será finalmente la Argentina una potencia exportadora de alimentos de alta calidad? La respuesta dependerá del nivel de la apuesta. Según el ministro de Economía, Roberto Lavagna, las retenciones a las exportaciones no se tocarán durante 2005. Y aunque el escenario es bastante propicio, considerando que el superávit primario es de 19.400 millones de dólares equivalentes al 5,9% del Producto Bruto Interno, algo que no ocurre desde hace por lo menos cincuenta años, del cronograma de reducción de impuestos distorsivos que limitan el crecimiento de los sectores productivos, no se dice ni pío.

Las palabras y los diagnósticos ayudan, pero en definitiva lo que cuenta son los recursos e incentivos que se juegan en la actividad.

Como dice Pedro Rojas, ingeniero agrónomo, reconocido especialista en el mercado de quesos y cuasi filósofo, "no hay amor, hay sólo pruebas de amor".

Por Félix Sammartino

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