Los pecados de la carne
Bastó que el novillo rozara al dólar en Liniers el martes último para que se encendieran las señales de alarma...
Bastó que el novillo rozara al dólar en Liniers el martes último para que se encendieran las señales de alarma. La medida tan temida por la cadena de ganados y carnes -un aumento de las retenciones a las exportaciones- parecía inevitable. Los voceros de la industria frigorífica exportadora se esforzaron por explicar que el incremento en el precio de la hacienda no respondía al aumento de las ventas externas sino a la recuperación del consumo interno y a la caída en la oferta.
La advertencia del presidente Néstor Kirchner contra los aumentos parecía encaminada, nuevamente, a adoptar una herramienta tradicional: castigar a la exportación. Sin embargo, el secretario de Agricultura, Miguel Campos, no parecía dispuesto a recomendar ese mecanismo dado que cree que la suba tiene un componente estacional, tanto por el aumento del consumo como por la baja en la oferta. Y confiaba en que una concertación con la industria frigorífica permitiría frenar una escalada alcista de los precios con impacto sobre los consumidores.