Para los argentinos, comer, es comer carne - Ignacio Iriarte (*)

El retroceso de la productividad y el aumento de la demanda. Los intentos del gobierno para controlar los precios y las difíciles alternativas para lograrlo.

12deMayode2005a las10:32

En el marco de su presentación en el 2º Simposio Nacional de Sistemas Ganaderos en Siembra Directa, llevado a cabo por AAPRESID en Rosario, el director nacional de Ganadería, Ignacio Iriarte, realizó un pormenorizado análisis de la situación del sector en la actualidad, teniendo en cuenta los intentos del gobierno para regular los precios y las particulares características de la cadena de comercialización de carne en la Argentina.

Iriarte señaló que la productividad del rodeo de cría nacional retrocedió en los últimos dos años, en gran parte por el exceso de carga que se observa en la mayoría de las zonas ganaderas. "Hay más vacas, pero peor alimentadas y peor cuidadas, que dan un número declinante de terneros. Quizás en los años próximos el clima se estabilice y estos bajísimos índices mejoren, pero por ahora lo que tenemos es esto. Cada vez que se proyecta o se fantasea con un aumento en la productividad y de la tasa de extracción, los números reales de la ganadería argentina nos hacen aterrizar".

Para Iriarte en los últimos dos años la suplementación intensiva y la terminación a corral se ha incrementado enormemente y el consumo, lejos de caer, en lo que podría haberse interpretado como un rechazo del consumidor a ese tipo de carne, ha crecido notablemente, tanto en kilos per cápita como en los valores pagados al mostrador.

"Entre enero y febrero -detalló- el precio de la carne al mostrador (INDEC, seis cortes) subió el 13%. El gobierno quiere hacer algo para hacer retroceder el precio del novillo y de la carne a los niveles de fines de enero, pero no sabe qué. El intento de acordar precios máximos para algunos cortes fue acatado por las principales cadenas de supermercados y fue desconocido por la mayoría de las carnicerías, que en su mayor parte se abastecen de medias reses y no de cortes. Sólo en la Capital y el Gran Buenos Aires habría más de 16 mil carnicerías, muchas de las cuales se caracterizan por estar fuera del alcance y del control del fisco. Una mínima parte de ellas ha adherido al acuerdo".

Asimismo, el director de Ganadería expuso los problemas del gobierno: "El mercado de la carne en la Argentina es demasiado grande (14 mil millones de pesos el consumo, 3 mil millones de pesos la exportación) y actúa en condiciones parecidas a las de la competencia perfecta, donde ningún agente individualmente puede regular ni la oferta ni la demanda, y menos poner los precios. Son 250 mil ganaderos, 468 plantas frigoríficas, miles de matarifes, miles de carniceros. Por ser muy grande, para intervenir (o interferir) en este mercado se necesita mucha plata, y una capacidad de gestión que el estado hoy no tiene".

Y respecto del aumento de la demanda, consideró que "es en gran medida consecuencia del éxito de la política de ingresos del gobierno; no es que los que ya comían carne hoy consuman más: es que nuevos consumidores -que hoy tienen un empleo, por malo y precario que sea- se agregan al consumo de carne. En la Argentina, para la mayoría, comer, es comer carne. Por primera vez en tres años el consumidor parece ahora dispuesto a pagar modestos aumentos en los valores al mostrador, y a convalidar los aumentos en el precio de la hacienda".

El gobierno exige que los precios al mostrador no sólo dejen de subir, sino que bajen. Entre las medidas que el gobierno estudia para bajar los precios al mostrador, según adelantó Iriarte, se incluyen: a) quitar las restituciones a la exportación y eventualmente aumentar las retenciones a las ventas al exterior. b) Actuar sobre los operadores del mercado de Liniers, intentando erradicar a los compradores que compran usando la matrícula del frigorífico, "a caballito". c) Liberar parcial o totalmente la exp

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