Los pastos que se vienen.

Adriana Andrés, investigadora del INTA Pergamino en mejoramiento genético de Especies Forrajeras, participó del 1° Congreso Nacional de Invernada de AACREA donde expuso sobre nuevas pasturas...

04deJuliode2005a las09:05

Según la especialista -que expuso en mayo pasado en Rosario ante más de 2.000 participantes sobre "Los pastos que se vienen"- el aporte realizado por el mejoramiento genético de numerosos cultivos en el incremento de la producción agrícola, de los últimos 50 años, oscila entre el 30% y 50%.

En las especies forrajeras la tasa promedio de ganancia genética en la producción de materia seca ha sido inferior (4% década -1) a la lograda en los cultivos agrícolas (13,5% década-1) debido, entre otros factores, a los escasos cambios producidos en el índice de cosecha y a la importancia de otros caracteres además del rendimiento.

En términos generales, los objetivos primarios del mejoramiento en pasturas han sido el incremento de la producción total y/o estacional del forraje y de la persistencia. Más recientemente se han dedicado esfuerzos a mejorar la calidad nutricional y la resistencia a factores bióticos y abióticos, y es probable que en el futuro estos últimos aspectos reciban aún mayor atención.

Las estrategias utilizadas para lograr los incrementos productivos han estado sustentadas sobre métodos tradicionales de mejoramiento, dependientes de la variabilidad que ocurre naturalmente en ecotipos adaptados, poblaciones naturalizadas y en cultivares comerciales.

En la actualidad, las herramientas biotecnológicas, como los marcadores moleculares, la selección asistida, la regulación de la expresión génica y la transgénesis, han permitido aumentar la variabilidad genética y la eficiencia de selección en algunos caracteres específicos. Estas técnicas, indudablemente, aportarán al progreso del mejoramiento genético, pero dependerán de las bases fundamentales de los métodos tradicionales para comprobar su verdadero potencial.

Nuestro país

En Argentina, la generación de cultivares forrajeros ha sido discontinua y dependiente de la región agroecológica considerada. Adicionalmente la expansión agrícola, producida en los últimos años, determinó el desplazamiento de la ganadería hacia escenarios productivos diversos, necesitados de nuevas tecnologías en pasturas.

La genética permite abordar estos nuevos desafíos, a través del desarrollo de pastos de elevada calidad destinados a sistemas de alta productividad y de pastos genéticamente tolerantes al estrés abiótico y con elevada persistencia productiva para los ambientes marginales.

Pastos para los ambientes de alta productividad

La selección aplicada en los pastos destinados a ambientes de alta productividad, se ha orientado principalmente a aumentar la digestibilidad y el valor nutritivo del forraje. El desplazamiento de la fecha de floración, la modificación de la relación hoja/tallo, la alteración de las tasas de digestión de la pared celular, el incremento del flujo de proteína pasante y el mejoramiento del balance de aminoácidos para maximizar la síntesis de proteína bacteriana, son algunos de los caracteres utilizados en el desarrollo de variedades.

La selección in situ de genotipos de alfalfa de menor velocidad inicial de desaparición ruminal permitió el desarrollo de una variedad con menor potencial timpanizante. La variación en el porcentaje de digestibilidad de la materia seca de genotipos de pasto ovillo con diferente precocidad posibilitó la liberación de cultivares de elevada calidad y producción de semilla.

En raigrás anual, los cultivares formados por genotipos con 10-15% más de azúcar en hojas y tallos, proveyeron de energía adicional a los microorganismos del rúmen para mejorar la eficiencia de conversión de la proteína, y ello determinó una mayor producción animal y un menor impacto ambiental.

Si bien aún no se conocen progresos lo

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