La exportación que empieza en el campo.

La historia del laboratorio de productos veterinarios que fue un paso más allá: integra a los productores, traza la hacienda electrónicamente y vende las carnes con marca propia...

02deAgostode2005a las09:45

Cañuelas- Hernán Bustos muestra los dientes de leche de un novillo con la misma delicadeza con la que una señora trataría a su Yorkshire. Sólo una diferencia: su "mascota" es un Limangus que pesa unos 445 kilos. En realidad son unos 2000 ejemplares como éste que pastan en el establecimiento La Esmeralda, a unos 70 km de la Capital. Y nada quita que el nacimiento, la alimentación, sanidad y hasta descanso de cada uno de estos rumiantes sean cuidados como esos minúsculos canes que viajan en la cartera de tal o cual dama.

Pastos verdes en pleno invierno, enormes calles que dividen los potreros para que la hacienda descanse mejor, lotes sin alambres de púas y marcación a fuego hecha en la quijada para no dañar el cuero del animal, una alimentación completamente pastoril durante 22 meses y otros detalles completan un manejo pensado sólo para el bienestar animal.

El celo profesional invertido por Hernán forma parte de una filosofía que intenta revolucionar el planteo ganadero en la Argentina con el objetivo de que la imagen de "la mejor carne del mundo" no sea sólo una tradición folklórica que supo globalizarse, sino que se convierta en un atributo visible y verificable por quien se siente a comer un bife. Aquí o en Singapur.