Luces y sombras en la faena.

La resolución oficial que lleva el peso mínimo de faena a 300 kilos no es una medida de fondo lo suficientemente importante como para esperar un cambio en la marcha de la ganadería argentina, pero algún efecto tendrá...

31deAgostode2005a las09:12

Se lograrían 40 kilos de carcasa adicionales por res si todos los terneros y terneras, que hoy se matan con 220 ó 250 kilos, son llevados al nuevo peso mínimo. Multiplicados por una faena de 1,6 millones de terneros anuales, permitiría un consumo per cápita adicional de 1,7 kilos por año. Si a esto se agrega el volumen de carne de todos los novillitos y vaquillonas que hoy se matan con menos de 300 kilos, se llega a un consumo total adicional de 1,9 kilos per cápita. Pero un leve aumento en las exportaciones (seis mil toneladas mensuales) se llevaría todo el efecto esperado de esta medida, pensada para aumentar la oferta de carne en el mercado interno.

Si los “feed lots” dejan de premiar con precios altos el destete precoz de terneros de 120 a 150 kilos —técnica que alivia a la vaca y permite que se vuelva a preñar— esta medida podría provocar un desestímulo para el destete precoz, práctica que ha permitido aumentar la carga, incrementar la preñez y el número de terneros nacidos, y en consecuencia, la producción de carne. En la medida que los ciclos de engorde de los feed lots terminen obligatoriamente en los 300 kilos, los engordadores preferirán encerrar terneras más pesadas que ahora, porque con animales de 100 a 130 kilos al inicio del ciclo, el período de engorde se hará muy largo, aumentando los costos de producción de cada kilo ganado, no sólo por la mayor estadía en los corrales, sino por la peor conversión grano-carne que tiene el animal a medida que crece. Además, hasta que se le tome la mano a la alimentación, y tratándose de razas británicas, los animales (especialmente las vaquillonas) vendrán probablemente con un exceso de grasa.

En la Argentina se matan anualmente 1,8 millón de vaquillonas de 300 a 330 kilos; ahora se le agregará otro 1,6 millón de cabezas con el mismo peso y características, que antes se mataba como terneras, por lo que se duplicará la oferta de esa categoría en pocos meses. Habrá “puré” de vaquillona, lo que bajaría probablemente el precio de esta categoría, y los valores que puede pagar el engordador por ternero de invernada.

En la Argentina se come carne de ternera (medias de 65 a 75 kilos) desde hace un siglo; la mayoría abrumadora del comercio de esta categoría está hoy en caja y se faena en blanco en frigoríficos habilitados. El prohibir la faena de una categoría tan impuesta entre el público es una invitación al “negro”, a la subfacturación y a una alteración del peso de faena declarado. ¿Quién controlará en los palcos de tipificación de los frigoríficos o en los corrales que el peso vivo sea de 300 kilos? ¿Y si llegan con 10 kilos menos? ¿Es el fin del ternero mamón? Peligraría también todo el excelente trabajo realizado por la Oncca en los últimos años, que ha logrado reducir en forma importante la evasión en el negocio de carne.

Nacen en el país 7,5 millones de terneras, calculándose en 3 a 3,5 millones el número de terneras que habría que reservar para reposición; entonces hay entre 4 y 4,5 millones de terneras que se pueden matar sin afectar la natural reposición del rodeo. En años recientes fue récord el número de cabezas (y de terneras) encerradas en los feed lots y el stock ganadero nacional no sólo no cayó, sino que creció cerca de cinco millones de cabezas. El feed lot no afecta el aumento del rodeo de cría; al contrario, lo estimula, y genera a partir del maíz y de los granos una demanda de terneros que la invernada a pasto nunca podría crear sola.

Se tomaría esta medida para sostener “precios políticos” de cinco cortes y evitar un mal mayor: las retenciones. El problema es que Economía quiere un aumento en la producción, y r

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