Combustibles versus alimentos
El FMI advierte que la fuerte demanda de biocombustibles como el etanol o el biodiesel empuja peligrosamente al alza el precio internacional del maíz, trigo y la soja. La lucha contra el calentamiento global puede generar hambre.
Lo verde vende. Tal vez demasiado. El Fondo Monetario Internacional (FMI) asegura en su informe de primavera que la creciente demanda de biocombustibles –procedentes de cereales, de azúcares e incluso de la reutilización de aceites vegetales– amenaza con disparar los precios de los alimentos, empezando por el maíz, el trigo y la soja. Los expertos aluden a otras variables para explicar esa subida, como la especulación. Pero el Fondo reabre el debate acerca de la disyuntiva entre comida o combustible, que puede marcar el desarrollo de los biocarburantes.
El informe del Fondo, presentado la semana pasada, es de lo más jugoso y, por una vez, políticamente incorrecto. Frente a la necesidad de incrementar el uso de carburantes verdes para reducir las emisiones de CO2 y limitar la dependencia del petróleo, el Fondo viene a decir que el éxito de los biocombustibles amenaza con elevar el precio de los alimentos.
