El juego de la Oncca

Mientras los productores critican el entramado de controles del organismo, su presidente, Ricardo Echegaray, dice que lo hace para garantizar el consumo interno.

18deOctubrede2008a las08:21

"Estamos hartos de pedir ROE para todo, cuando la única que roe es la Oncca, que se ha convertido en una cueva de ratas", disparó un explosivo dirigente de la Federación Agraria hace pocos días, en el fragor de una asamblea agropecuaria. La frase desnuda la antipatía que produce en cámaras de productores e industriales la Oficina de Control Comercial Agropecuario (Oncca) el mega organismo que controla todo lo que comercia y exporta el campo argentino.

Controles para comerciar que terminan trabando el comercio exterior, exceso de celo en el contralor, reglamentaciones ridículas, discrecionalidad en reparto de los registros de operaciones de exportación (ROE) y persecusión ideológica a las entidades son algunas de las acusaciones que el campo hace a la Oncca y a su titular, Ricardo Echegaray.

Claro que la mayoría de las acusaciones se hacen off the record , porque si hay algo que molesta al funcionario son las críticas dichas a través de la prensa, como la que hace poco le dedicó el presidente de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes de la República Argentina (Ciccra), Miguel Schiariti, que publicó LA NACION el lunes pasado. Esta cronista pudo presenciar cómo, en los foros de la Oncca, conocidos industriales de la carne o los granos que critican al funcionario a sus espaldas le dedicaron extensas parrafadas de elogio en su presencia, como para no dejar dudas de su fidelidad.

Echegaray contesta las críticas de sus opositores alegando que el rechazo a los controles de la Oncca se debe a la tradicional informalidad con la que operó siempre el campo. "Los que me descalifican carecen de solvencia técnica y en el fondo no quieren controles. Acá nada se hace por capricho, todo está reglamentado", dijo a LA NACION el funcionario, en respuesta a las acusaciones de discrecionalidad que rodean a la entrega de los ROE.

"El peor problema de la Oncca es la discrecionalidad con la que se manejan los permisos de exportación. Falta transparencia en el proceso, los permisos se entregan a los amigos y en los plazos que ellos quieren y no se pueden prever. Si es tan transparente como Echegaray dice, "por qué no publican listados de los ROE entregados por empresa y montos" En la época de Marcelo Rossi y José Portillo (ex presidentes de la Oncca) sabíamos quiénes recibían los permisos", insistió Schiariti, el único empresario que denuncia a Echegaray con nombre y apellido. Según Schiariti, algún empresario K le sugirió que no le convenía ser "el segundo Rodolfo Walsh", en alusión al periodista desaparecido desde 1977 luego de denunciar atropellos de la dictadura militar.

"La resolución del encaje de la carne (que obliga a los exportadores a exportar el 25% de la producción reservando el 75% al mercado interno) es una de las causas mayores de discrecionalidad, ya que no se aplica a todos por igual. Y está afectando a exportadores y a la industria mediana, porque obliga a la venta en el mercado interno a precios ridículamente bajos. Nos están destruyendo", dijo Schiariti.

El famoso encaje, explicó el empresario, obliga a tener tal cantidad de carne en el mercado interno para poder exportar que a veces los vendedores se ven casi obligados a rifar el producto para los supermercados. Eso, sin contar que hay muchos operadores especializados en productos de exportación (menudencias o cortes Hilton, que no se consumen en el mercado local) que no tienen estructura comercial ni empresaria para operar en el mercado interno o que tienen que regalar stocks de productos que el consumo interno no requiere. "Gracias a la Oncca, ahora exporto el 20% de lo habitual", dijo uno de los empresarios que se agarran la cabeza por el nuevo entramado de regulaciones.

"Echegaray se equivoca cuando dice que no queremos

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