El campo y los medios: ahí apuntan los Kirchner

Los Kirchner ya elaboraron una explicación canónica del 28 de junio.

24deAgostode2009a las07:32

 La derrota no se debió a la insatisfacción del electorado por las deficientes prestaciones del Gobierno. Sucedió otra cosa. La "gran masa del pueblo" fue sometida a la manipulación de dos corporaciones: la oligarquía agropecuaria y los medios de comunicación. Por lo tanto, para recuperar la competitividad perdida no hace falta revisar las decisiones o procedimientos aplicados hasta ahora. Ni siquiera en la gestión de la economía, que ya sumergió en la pobreza a casi el 40% de la población. De lo que se trata es de quebrar aquellas dos organizaciones.

Las principales iniciativas del matrimonio se dirigen en estos días a ese objetivo. Por un lado, la estatización del fútbol televisado ?insumo clave de la industria audiovisual? y el intento de sancionar una nueva ley de radiodifusión, más intervencionista que la sancionada por la última dictadura militar. Por otro, la promoción de una ley de arrendamiento que podría provocar una ruptura de la Comisión de Enlace de las entidades rurales.

El kirchnerismo pretende vampirizar la popularidad del fútbol. El anuncio del acceso gratuito al fútbol por TV iba a ser una fiesta que ni la más demagógica de las decisiones podría justificar. Pero al frente del Gobierno hay gente poco propensa a la alegría. La Presidenta se enredó en una comparación espantosa entre los que secuestraban personas y los que secuestran goles. Imposible dar con una analogía más ofensiva para el dueño de casa. Llevada al extremo, Julio Grondona sería el principal "secuestrador": fue él quien cedió la exclusividad de la transmisión a Televisión Satelital Codificada, la empresa integrada en partes iguales por el Grupo Clarín y Torneos y Competencias. El "secuestro" no sólo afectó a los televidentes, sino también a los clubes, titulares de los derechos a la filmación de sus partidos.


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El pacto con Grondona apunta también a provocar un daño económico al Grupo Clarín. A ese holding pertenece la red de TV por cable más extensa del país, que se vino beneficiando con la exclusividad del fútbol. Los Kirchner esperan, con su gesto, disciplinar a las demás "corporaciones".

Si aquella tarde la señora de Kirchner pecó por macabra, a Grondona se le fue la mano con la sinceridad. Cuando se le están arrebatando al presupuesto nacional $ 600 millones por año, no es oportuno decir: "Acá no hubo calculadoras". En efecto, no las hubo. Nadie sabe de dónde saldrá el dinero comprometido. La publicidad que se ve por televisión suma, en total, $ 1100 millones. Es impensable que más de la mitad se concentre en el fútbol. Los funcionarios sugieren que será el Estado, con los cortos que gerencia Télam, el que corra con los gastos. Durante los partidos, entonces, se podrán conocer en detalle las hazañas de los Kirchner. Una decisión astuta, que se completa con otra en estudio, revelada ayer por LA NACION: la de prohibir los aportes privados en la publicidad electoral. El ardid va más allá de penalizar a los adinerados que, como Francisco de Narváez, incursionan en la política.

La exigencia de que los partidos financien su propaganda sólo con los aportes del Estado funciona más o menos bien en países como Brasil, ya que allí el gobierno tiene prohibido difundir su acción durante las campañas electorales. Pero en la Argentina, donde la línea divisoria entre Estado, Gobierno y partido es invisible, la exigencia de que la oposición sólo financie su propaganda con fondos públicos agregará otra deslealtad a las muchas que aprovechan los oficialismos.

El esposo de la Presidenta quiere avanzar también sobre la Comisión de Enlace. Al escritorio de Cristina Kirchner había llegado, hace poco más de una semana, un proyecto de regulación de los arrendamientos rurales, elaborado por el secretario de Agricultura, Carlo

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