Cara a cara en el Medio Oeste

Eric Rund, de EE.UU., y Gerardo Trossero, de Córdoba, en un diálogo a fondo en pleno "Corn Belt".

03deOctubrede2009a las08:31

Los maíces están todos calcados. Tienen el mismo desarrollo, la misma distancia entre plantas, el mismo estado. Es que aquí, en Pesotum, Illinois (EE.UU.), pleno Corn Belt, la región más importante del mundo para la producción de granos, la siembra se hace en apenas tres semanas, con máquinas casi todos neumáticas, y el clima este año parece haber venido a medida.Estamos en la casa de Eric Rund, un típico farmer estadounidense. Aquí vive junto a su familia, con el asfalto llegando hasta la puerta misma, aunque está en el medio del campo. Rund no es la excepción. Es lo que sucede en cada una de las casas de su colegas de por aquí, que también ven cómo cada día pasa el típico bus escolar de color amarillo para llevar a los chicos hasta escuelas que, entre maíces y sojas, generan envidia.
Es sábado y, bajo una persistente lluvia finita, Rund inicia un interesante intercambio de ideas con un colega suyo que trabaja en una zona similar, pero a miles de kilómetros de distancia. Se trata de Gerardo Trossero, de Escalante, en el sudeste de Córdoba, que llegó aquí para visitar el Farm Progress Show, la feria agrícola más conocida del mundo, y aprovechó el viaje para conocer este establecimiento, invitado por John Deere, que tiene aquí cerca una gran fábrica de cosechadoras.

Rund trabaja 390 hectáreas. Es un productor mediano para la zona. Desde hace casi 10 años, tiene una rotación inmodificable: dos tercios de la superficie van a maíz, y un tercio a soja. Así de claro, sin complicaciones ni dedicación a otros cultivos. "Antes hacíamos un año cada uno, pero creo que los argentinos son mucho más eficientes que nosotros en soja, así que nos concentramos en maíz, donde creo que está nuestra fortaleza". Hacer soja sobre soja ni se le ocurre.Trossero trabaja más de 1.000 hectáreas en Escalante, en parte propias y en parte alquiladas. Hasta hace un tiempo también tenía un esquema fijo: un tercio maíz, un tercio soja y un tercio trigo. Pero cambió. "Ahora valoramos más el ambiente y no tenemos una receta estricta. Seguimos rotando, pero en función del ambiente, de la napa, de los materiales y otros factores", explica, rodeado de la gran parafernalia de fierros propios que tiene Rund.El farmer, que considera a sus suelos muy parecidos a los de Argentina y Ucrania (los define como "profundos, con buena materia orgánica y alta fertilidad") siembra mayoritariamente grupos 3, y algo de 4, entre fines de abril y principios de mayo, en plena primavera boreal (como si fuera fines de octubre y principios de noviembre en Argentina), mientras que Trossero hace un 80% de grupos 4 y algo de 5, para diversificar fechas y no tener un cuello de botella en la cosecha.

El estadounidense no fertiliza la soja ni la inocula. Hace el maíz con buenas dosis de nitrógeno, fósforo y potasio, para que llegue lo suficiente a la soja. Trossero, en cambio, protege la semilla de soja con fungicida y luego inocula en el momento de la siembra. "Además, aplico algo de fósforo en algunos lotes de campo propio, para reponer los nutrientes que se lleva el cultivo", indica. Pero también coincide con Rund en que toda la artillería de fertilizantes se concentra en el maíz.Aún sin tener en cuenta cuestiones políticas, está claro que el estadounidense vive más tranquilo. Entre la siembra y la cosecha de la soja no hace prácticamente nada. No tiene problemas de insectos ni de enfermedades. Es muy extraño que haga alguna aplicación, dice. Sólo controla las malezas con glifosato, sobre la soja RR.

Trossero, protegiéndose bajo un árbol en medio de esta fértil llanura del Medio Oeste estadounidense, dice que su panorama es totalmente distinto. "Yo tengo un problemón con lo que son las isocas y los gusanos de suelo de todo tipo; por eso cuidamos tanto la semilla. A la roya de la soja la tuvimos como

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