Sin políticas, el clima determinó este año la suerte del campo
Hasta el desastre actual que provocó en el norte bonaerense, el agua fue la mejor noticia que tuvo el conjunto del sector agropecuario. Qué pasó en carnes, lácteos y granos.
No es fácil trazar un denominador común para todos los sectores englobados en la noción de “campo”. Pero si se trata de buscar la mejor noticia de 2009 para la mayoría (agricultores, ganaderos, productores regionales, y sus proveedores de insumos y clientes, sean industrias o exportadores), esto fue, sin duda, la lluvia.
Más allá, está claro, de las tremendas inundaciones recientes en el norte bonaerense, el agua fue la ayuda más concreta que tuvo el agro este año. La sequía que comenzó por 2008 y se extendió hasta este año (y perdura en algunas regiones), la peor en los últimos 70 o 100 años, según los cálculos, había terminado con la vida de cientos de miles de cabezas bovinas, ovinas y caprinas, y derribado un tercio la cosecha de granos. Muchos dicen que los estragos habrían sido menores de haber habido políticas para el sector, que incentivaran la inversión tecnológica. Chi lo sa, es historia contrafáctica. Lo cierto es que políticas casi no hubo, y las medidas frente al problema fueron pocas y tardías, al menos a nivel nacional. Recién en los últimos días se reglamentó la emergencia en algunas regiones, tras el papelón de agosto pasado, cuando el bloque oficialista que presidía la Comisión de Agricultura en Diputados reconoció no haber leído el proyecto de ley de Emergencia Agropecuaria que mandó y logró aprobar, vetada luego parcialmente por la Presidenta.
