Las consecuencias sociales

El autor analiza la relación entre la política fiscal del actual Gobierno y el crecimiento desproporcionado del conurbano bonaerense en comparación con las ciudades del interior del país. “Necesitamos otro régimen tributario que no aplaste al interior y contribuya a crear más y mejores empleos en las provincias, revirtiendo así los movimientos migratorios“, asegura.

29deEnerode2011a las07:51

Desde hace décadas padecemos la hipertrofia de la concentración poblacional en el Gran Buenos Aires. Hubo en el pasado intentos fallidos para corregir este desequilibrio regional, como el traslado de la Capital Federal a Viedma durante el gobierno de Raúl Alfonsín.
Cualquier observador puede apreciar la tensión demográfica y social que existe en el Gran Buenos Aires, donde la presión por acceder a tierra y vivienda se manifiesta de una manera caótica, invadiendo ilegalmente propiedades no sólo publicas, sino también privadas, como ocurrió en el Parque Indoamericano.

En la región metropolitana (Ciudad de Buenos Aires más el conurbano) reside hoy uno de cada tres habitantes, casi 13 millones sobre un total de un poco más de 40 millones. Es decir, que en menos del 0,2 por ciento del territorio nacional se aglomera el 32 por ciento de la población total.

Esta tendencia a la aglomeración, impulsada por corrientes inmigratorias no solo del exterior sino también del NOA y del NEA, dio como resultado que entre los censos del 2001 y 2010 el crecimiento demográfico del Gran Buenos Aires fuera muy superior al del resto de la población, que esta diseminada en el 99,8 por ciento de nuestro territorio.