San Luis, el mar de maíz
Con el riego, Daniel Lusich rota en forma sustentable y obtiene alto rinde, en una zona de gran potencial.
Uno de los principales desafíos de los productores que apuestan por las zonas extrapampeanas es estabilizar la producción. El clima subhúmedo a semiárido, los suelos con alto contenido de arena y baja fertilidad o los riesgos de erosión hídrica o eólica, son algunas de la variables que cartacterizan al agroecosistema y con las que hay que lidiar para ganar eficiencia productiva.
Quizás, es también por estos motivos que Daniel Lusich llamó “Mi Sueño” al establecimiento de 550 hectáreas en Liborio Luna, en el centro-este puntano, a 25 kilómetros de Villa Mercedes, que adquirió en el año 2005. Su sueño era ver cómo un campo estrictamente ganadero, con un alto grado de erosión, baja cobertura y con evidentes síntomas de degradación, se transformaba en un campo agrícola en siembra directa, con una rotación sustentable y con rendimientos competitivos.
En diálogo con Clarín Rural , Lusich dejó bien en claro que en la zona en la que produce no hay margen para cometer errores y que, por ese motivo, con su manejo ajustado en maíz y soja no deja ninguna variable librada al azar. “Es hacer agricultura con cuidados extremos, ya que el sistema es muy demandante de tecnología”, precisó (ver Sobre la ...).
La primera decisión que tomó, luego de la adquisición del campo, fue instalar el primer pivot de riego, con dos posiciones de 92 hectáreas cada uno. El siguiente pivot llegaría dos años más tarde y riega igual superficie que el primero. De esta forma, de la totalidad de la superficie, el 65% está cubierto con aportes complementarios.
