Soberbia y soja: ahí está la explicación

Por Joaquín Morales Solá - La política se notificó de que la suerte de Agustín Rossi estaba echada el día en que Carlos Reutemann se alejó de él y del kirchnerismo.

25deJuliode2011a las11:02

No porque Reutemann cuente con capacidad para dar vuelta una elección en su provincia, sino porque tiene un olfato especial para predecir el humor de los santafecinos. Algo le decía que su amigo Miguel del Sel estaba a punto de convertirse en un fenómeno electoral, aunque quizá nunca imaginó la noche de espanto que les esperaba a los socialistas. Es la misma percepción que llevó a Reutemann a alejarse de esta elección; sabe que las heridas abiertas en 2008 por las confiscatorias retenciones a la soja no han cicatrizado.

El kirchnerismo hizo todo lo contrario y pecó, como suele pecar asiduamente, de soberbia. Rossi es un hombre leal a sus líderes y un político componedor, pero le tocó ser la cara más visible de la defensa de aquella embestida del kirchnerismo contra la Argentina rural. Rossi y el kirchnerismo confirmaron ayer a Reutemann: la profunda crisis del gobierno nacional con los productores rurales vive ahora sólo una tensa tregua, no una reconciliación.

De hecho, la derrota de Rossi se convirtió en una paliza electoral, sobre todo en el interior sojero. El peronismo perdió ayer en Santa Fe casi el 50% de los votos que había conseguido hace sólo dos años. El precedente no es bueno para el proyecto de reelección de Cristina Kirchner ; en 2007 fue elegida con el voto masivo de los productores rurales, a los que vapuleó tres meses después de acceder al poder.

La irrupción de Miguel del Sel como segundo candidato mejor votado, que quedó casi junto al socialista Antonio Bonfatti y muy lejos del tercero, Rossi, es, sobre todo, la expresión del profundo anhelo de renovación política de los argentinos. Del Sel es un actor que hace política, aunque él diga que no la hace. Criticado injustamente por haber llegado al centro de la política desde los teatros de la porteña calle Corrientes, demostró que puede simplificar una idea abarcadora en una frase corta. ¿Es eso no hacer política? Es hacerla de otro modo, nada más.

La diferencia de Del Sel con los socialistas y con Rossi es mucho más amplia que la que aparece en los números si se comparan estructuras y recursos. Desde 1983, el peronismo santafecino siempre gobernó la provincia con la sola excepción de los últimos cuatro años, que están bajo la administración de la alianza socialista-radical. La estructura peronista en Santa Fe es, por lo tanto, fenomenal. Rossi es, además, un hijo dilecto del kirchnerismo nacional, que lo dejó solo, es cierto, pero que no le retaceó recursos.

Los socialistas tienen el gobierno provincial y eso significa ya, por sí solo, el dominio de una enorme estructura. Están aliados con los radicales, que tienen su propia y poderosa estructura. Del Sel no tiene estructura ni recursos. Es sólo un hombre popular que llegó a la fama por caminos propios.

En la más que excelente elección que hizo Del Sel debieron influir también los resultados de la Capital y el amplio triunfo reciente del macrismo. ¿Por qué negarle a Mauricio Macri la intuición precisa de haberle ofrecido a Del Sel, en las vísperas de la última Navidad, la candidatura a gobernador? ¿Por qué seguir despreciando esa idea que resultó exitosa y por la que nadie daba nada al principio de todo?

Del Sel le puso a Macri, en aquella primera conversación entre ellos, una sola condición: nunca se haría cargo de la corrupción de nadie ni la justificaría. Venía decepcionado por otro amigo personal, un importante gobernador kirchnerista, al que entrevió con más dinero que el que podía explicar. Sea como sea, Macri extendió ayer su influencia capitalina a otro de los cuatro grandes distritos electorales del país. No será candidato a presidente esta vez, pero la política no podrá prescindir de él d

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