Desafío ganadero en Mendoza

Los campos El Clarín y El Molino demuestran que es posible lograr una cría y recría eficientes en zonas habitualmente no tenidas en cuenta para el negocio pecuario

10deDiciembrede2011a las08:11

Los establecimientos El Clarín y El Molino, ubicados en la ruta 188, kilómetro 716, cerca de la localidad mendocina de General Alvear, se desarrollan en un entorno complejo: con precipitaciones escasas y altamente variables, y suelos arenosos (proclives a sufrir erosión hídrica y eólica) invadidos por la paja amarga ( Elionurus muticus ), carente de valor forrajero. Ello da como resultado una baja receptividad (12,3 ha equivalente vaca en los establecimientos citados).

El manejo de la actividad ganadera en el establecimiento Agrícola San Andrés SA fue descripto por su titular, Alejandro Viñolo, en el marco del encuentro "La ganadería argentina hoy", organizado por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva), con la participación del CREA Pehuenche, del INTA Rama Caída y del INTA San Luis.

El campo El Clarín posee 5500 hectáreas de monte, donde predominan el algarrobo y la jarilla. En el pastizal natural abundan especies estivales como tupe, tricloris, plumerito, flechilla fina y flechilla crespa. El Molino tiene una superficie de 3500 hectáreas. Allí predomina el tipo de pastizal de transición entre el monte de algarrobo y la travesía (pastizal pampeano). Tiene las mismas especies estivales que el campo anterior, con la diferencia de que gran parte ha sido colonizado por especies invasoras herbáceas, principalmente paja amarga, sin valor forrajero.

El mal manejo favoreció también la proliferación de especies arbustivas, como olivillo y romerillo. "Las especies deseables representan menos del 6% de la materia seca disponible", señaló Viñolo. Esta situación de degradación está estabilizada y no admite retroceso si no es con una tecnología de alto impacto, como la eliminación mecánica o química y la siembra de especies forrajeras. "En nuestro planteo se ha decidido incorporar el pasto llorón como alternativa forrajera", comentó el propietario del campo.

Agregó que los dos campos funcionan como una sola unidad productiva. El sistema integrado incluye la cría, la recría a campo, el engorde y la cabaña para provisión de toros y reposición de hembras. El rodeo total está compuesto por 270 vacas, de las cuales 194 pertenecen al plantel de la cabaña y 76 son del rodeo de cría del campo El Clarín, que por estar en proceso de recuperación del pastizal natural ha sido descargado, destinándose esa cantidad de vientres temporalmente a El Molino.

"Tal como les ocurre a muchos criadores de Mendoza y de la zona árida, teníamos la necesidad de incorporar toros al rodeo anualmente. Entonces, nos encontrábamos con un inconveniente: no conseguíamos toros adaptados a nuestra zona", explicó Viñolo. Y agregó: "Habitualmente, en las cabañas, cuando se habla de toros producidos a campo, se hace referencia a campos totalmente distintos a los nuestros, con agua de mejor calidad y pasturas de alta producción, donde el animal no se ve obligado a trasladarse. Esto complica mucho el proceso de adaptación a un medio muy distinto al de su crianza. Así, hubo animales que debieron ser rechazados por no tolerar el agua o porque no podrían superar el primer invierno a campo en buena condición corporal. Esto nos llevó a desarrollar la idea de generar nuestros propios toros en el mismo medio en el cual se iban a desenvolver".

Viñolo explicó que el primer paso fue conseguir madres de cabaña que pudieran adaptarse a la zona. Así se produjo una asociación con la cabaña Chañar Chico. "Hoy, el plantel de madres de la cabaña se encuentra adaptado y produce en las mismas condiciones que los rodeos de cría de secano de Mendoza. Consumen agua de la zona y son sometidas a un riguroso plan de selección por fertilidad. Los terneros se destetan y son llevados a recriar el primer año al c

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