Tranquilos bajo el sol

En Salta los Gracía tienen en el riego un factor que les brinda seguridad y les permite ajustar cada año el sistema productivo de acuerdo al clima y precios. La genética y el manejo también son centrales

Por
Tranquilos bajo el sol
15deOctubrede2013a las06:56

Frente a un escenario de sequía, como el que se viene sucediendo en los últimos años, los productores ganaderos del norte argentino deben ajustar el manejo y emplear todas las herramientas disponibles para sostener sus planteos. Con la falta de lluvias como denominador común, el manejo nutricional, la disponibilidad forrajera y la incorporación de genética de calidad marcan la diferencia no sólo a la hora de ganar kilos, sino también de mantener el rodeo.

El establecimiento salteño “La Población” no escapa a esta realidad. Ubicado sobre el kilómetro 70 de la ruta provincial 29, en el departamento de Metán, Antonio García adquirió el campo de 3.000 hectáreas a principios de 1980, con la intención de hacer agricultura. Pero las complicaciones originadas por el clima y los márgenes que no cerraban desviaron el objetivo hacia la ganadería, que dio sus primeros pasos con un manejo pastoril, en el cual la tecnología tenía muy poco peso.

Pablo García es el nieto de Antonio, y junto a su padre Francisco son quienes hoy llevan las riendas de La Población, en donde pasaron de un esquema ganadero tradicional a uno con incorporación de tecnología que incluye genética de calidad, pastoreo mecánico, producción de cultivos bajo riego y raciones eficientes.

De esta manera, y en una zona compleja, este combo aporta estabilidad productiva y permite a los García, de acuerdo a las condiciones climáticas y de mercado, elegir al comienzo de cada año el sistema de producción que, por márgenes económicos, mejor se adapte al momento, con la meta de no perder competividad. “El objetivo en el mediano plazo es llegar a un ciclo completo con una producción de 400 kg/ha de carne”, reconoce Pablo García.

Con 1.000 hectáreas efectivas destinadas a ganadería, el planteo se apoya en dos pilares fuertes: el manejo reproductivo y asegurar la disponibilidad de forrajes para el rodeo. El resto de la superficie es monte, que hasta el momento es improductivo.

Con un rodeo de 575 animales Brangus y Braford, la incorporación de genética de punta permitió mejorar la “sangre” que en sus comienzos era muy variada y contaba con una mezcla de rasgos de cebú y criollo. El manejo reproductivo comienza con la inseminación artificial a tiempo fijo. Así, para esta práctica, la calidad genética es clave, ya que se necesita tener una hembra precoz que no tenga complicaciones al parto y brinde un ternero con un justo peso al nacimiento.

En la etapa previa a la inseminación, se implementa un preservicio: por medio de tactos se evalúa el grado de desarrollo reproductivo de los vientres. En esta instancia, las prioridades pasan por revisar el área pélvica y apuntar a vaquillonas que superen los 280 kilos y revisar al detalle el estado corporal, para que al momento del servicio queden las mejores madres.

La inseminación artificial a tiempo fijo permite ajustar la logística, porque al trabajar con todos los vientres en una sola instancia, se concentran las tareas. Dos semanas más tarde de inseminar se hace un repaso con toros y, luego, se determina el índice general de preñez del rodeo.

Y si bien en los últimos dos años la sequía pegó fuerte, en La Población muestran muy buenas cifras. En 2012, la preñez general del rodeo alcanzó el 93%, con un porcentaje de destete del 85%.

Este panorama no sería posible sin un adecuado manejo forrajero, que a su base de pasturas megatérmicas agrega una superficie bajo riego, que constituye una reserva para la época en la cual cae la producción de alimentos.

Por el lado de pasturas, la producción se apoya en 320 hectáreas de buffel grass, divididas en cinco lotes de 40 hectáreas y dos de 60 hectáreas, además de 440 hectáreas de gatton panic. Sin embargo, las 100 hectáreas bajo riego son el punto fuerte, que permite cubrir parte del bache forrajero durante el invierno.

A ocho kilómetros del campo, los García cuentan con una toma propia en el Río Juramento, que les permite regar una esquina del establecimiento, en donde se producen 60 hectáreas de maíz y 30 de alfalfa, utilizada para confeccionar fardos y rollos. Por su parte, el maíz es destinado para picado de planta entera y se almacena en silobolsa, mientras que una parte del cereal se cosecha para ser conservado como grano entero en silo metálico.

Además, para tener un refuerzo forrajero, arriendan 350 hectáreas a unos seis kilómetros del establecimiento, para confeccionar rollos. Si bien la idea era trasladar animales en caso de sequía severa, al final esa superficie se destinó para la confección de pasto. “Buscamos llegar a los 1.000 rollos por año, aumentar la superficie de riego y lograr una mayor producción de silo de planta entera de maíz”, destacó García.

En cuanto al manejo del rodeo, se divide en dos etapas. En una primera parte, los terneros machos y hembras se destetan sobre los cinco meses, con un peso que varía de 130 a 150 kilos y pasan a una recría a campo sobre pastura de alfalfa o verdeo de invierno y, si el clima acompaña, pasturas megatérmicas en estado vegetativo. En esta etapa, y de acuerdo al estado de la pastura, los bovinos pueden ganar hasta 600 gramos por día.

En enero se decide el engorde de los machos, en función de las variables climáticas y de la relación de precios que existe en ese momento. Si se resuelve engordar, entre marzo y abril los terneros son destetados y consumen una dieta de transición durante tres semanas.

Con 160-180 kilos, los terneros pasan a pastorear gatton panic, con una suplementación de silo de maíz de planta entera hasta alcanzar los 250-270 kilos. Con este peso finalizan la recría y empieza la etapa de engorde a corral, que se extiende por entre 90 y 110 días, para terminar con animales de 340-360 kilos que son comercializados en frigoríficos de la región.

Así es el esquema de La Población, que permite concluir que, también en el norte argentino, y aún en medio de una gran sequía que complica a la producción, la tecnología aplicada a la ganadería brinda una base importante para lograr una producción más flexible y estable. No es poco, en esas difíciles circunstancias.

Temas en esta nota