Resistencia: preocuparse y ocuparse
Las malezas resistentes son uno de los principales escollos en el manejo de los cultivos. Monitoreo, identificación, reconocimiento cualitativo y cuantitativo son algunas herramientas para enfrentar el problema.

Una de las principales complicaciones con las que se enfrentan actualmente las prácticas agronómicas a nivel mundial, de la que no escapa nuestra región, es el manejo y control de malezas resistentes. “Estamos atravesando un período de transición de un sistema perfecto que era la tecnología RR (Roundup Ready, de resistencia al glifosato), se simplificaban muchas cuestiones de este problema fitosanitario que es muy complejo. Ibamos 10 o 15 días antes de sembrar, hacíamos un barbecho que funcionaba maravillosamente y entrábamos al lote limpios sin ningún problema para sembrar”, describe el ingeniero agrónomo Osvaldo Figueroa, consultor privado y coordinador del proyecto Manejo Sustentable de Malezas de la Región CREA NOA.
El técnico, que trabaja en Salta y Tucumán, asegura que hoy ese sistema está fallando por proliferación de malezas resistentes. “Se han seleccionado biotipos resistentes de malezas, específicamente al glifosato, y también han avanzado otras que estaban en el monte y que hoy tienen condiciones para desarrollarse dentro de los cultivos como malezas”, explica.
Figueroa comenta que ya hay varias malezas resistentes en la región, las cuales son todas gramíneas. Se trata de la Echinochloa colona o capín; Sorghum halepense o sorgo de Alepo y Eleusine indica o pata de ganso. La que más difundida está en el NOA es Eleusine indica, junto al sorgo de Alepo. Mientras que la Echinochloa está avanzando en Tucumán y en el norte de Salta. Además, se sospecha de la resistencia al glifosato de Cetárea y una nueva Chloris virgata.
