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Interes general

En La Margarita, el agua comienza a amigarse con el suelo y los cultivos

En el establecimiento, cercano a la localidad de Sinsacate, se realizan 20 kilómetros de terrazas y desagües.

Por Carlos Petroli | La Voz del Interior

Los maíces que quedan en pie no permiten decretar el cierre de la campaña “vieja”, pese a que el invierno ya ha corrido en su calendario. Pero lo que llama la atención, por tratarse de labores no habituales, es la presencia de maquinaria dibujando terrazas y suaves canales en medio del trigo que larga sus primeras hojas y recibe la lluvia desde los equipos de riego.

Una motoniveladora y un tractor tirando una rastra doble acción con discos dentados están en plena tarea como parte de un proyecto que comprende la construcción de 20 kilómetros de terrazas y canales que en el futuro quedarán empastados, para un suave deslizamiento de los caudales de lluvia.

En el paraje Mula Muerta, el trabajo de los pivotes de riego instalados en la estancia La Margarita (sucesión de Luis Pereyra, al este de Sinsacate, departamento Colón), compone una gran paradoja.

Aquí, el último verano el agua hizo estragos. Las lluvias torrenciales encendieron la mayor alarma: la escuelita rural colindante con el casco y las instalaciones del campo sucumbió en el fondo de un barranco natural que se fue agrandando con el correr de los años. Sólo quedó en pie una sola pared, con un pizarrón fijado en ella como testigo.

La enorme cárcava, que en su momento copió el trazado de un camino, supera los cinco metros de elevación, atraviesa el campo y amenaza una planta de silos y otras instalaciones. Durante muchos meses permanece vacía, hasta henchirse y embravecer durante el ciclo de lluvias con la fuerza del torrente que baja prácticamente sin control desde los predios vecinos y por la pendiente que nace en las sierras, hacia el oeste.

Momento de decisión

“El trabajo de sistematización ya lo habíamos evaluado hace cuatro años, cuando vivía mi padre pero, por distintos motivos, no lo pudimos iniciar. Este año, las lluvias agravaron el panorama y tomamos la decisión de llevar adelante el proyecto”, señaló a La Voz del Campo Fabio Pereyra, uno de los propietarios del establecimiento.

“Normalmente, acá siempre se hizo una rotación basada en trigo, maíz y soja. Esta es una zona con caudales subterráneos importantes y el riego suplementario (equipos de pivot) nos permite tener ocupado el campo con cultivos durante la mayor parte del año”, agrega Pereyra.

Ahora le llegó el turno a otro tipo de ingeniería, que no sólo permitirá un mejor aprovechamiento del agua, sino evitar que este recurso se salga de madre y provoque daños.

El ingeniero agrónomo Luis Crusta, con más de 30 años como especialista en conservación de suelos, tiene a su cargo la dirección técnica. La misma misión que ya llevó adelante en los consorcios El Salto (Corralito), Las Gamas, Las Peñas Sud, Alpa Corral y Los Mil Lagos. Junto con la arquitecta Melisa Demarchi miden para comprobar que se logre un desnivel de sólo 30 centímetros entre el canal y el bordo de las terrazas en construcción.

Después de estudiar la cuenca, la intensidad de las precipitaciones (cuánto llueve por unidad de tiempo), la topografía del suelo, los técnicos realizan el mapeo y los planos de la obra.

Evaluación

“En este campo, nuestro trabajo ha consistido en un estudio de toda la cuenca de aporte para ver de dónde vienen los flujos de agua y poder hacer un correcto dimensionamiento. La obra consiste en un trabajo de sistematización de terrazas unilaterales (con un solo borde), que permiten el desplazamiento rápido de la maquinaria de grandes dimensiones al momento de realizar las labores de siembra, pulverización y cosecha”, dice Crusta.

Por esta razón, se construyen terrazas de base ancha (12 metros) con carga de tierra en un solo lado, con lo que el bordo construido como terraza queda muy suave. Con una mínima pendiente de descarga (0,2 por ciento), las terrazas se conectan en canales de desagüe. El agua se mueve muy lentamente y así permanece más tiempo en el campo, para lograr un aumento en la infiltración del agua de lluvia.

Los equipos de riego aportando agua al trigo en la estación más seca del año anticipan una conexión directa del trabajo iniciado para alcanzar una mayor eficiencia futura de estos recursos esenciales: la tierra y el agua. El manejo sistematizado traerá un beneficio por partida doble: frenar el proceso de erosión e infiltrar más milímetros en el mismo campo, para beneficio de los cultivos.

Beneficio agronómico

“La prueba evidente es el aumento del agua de lluvia en el perfil que se obtiene con el trabajo de sistematización. En esta zona, en general las lluvias no son tan intensas (30, 40 milímetros) y, a pesar de ese escaso milimetraje, se pierde mucha agua que escurre por la pendiente”, explica Crusta.

En este campo se dispusieron seis círculos de riego, de 96,5 hectáreas cada uno. El planteo busca aportar humedad especialmente al trigo y al maíz aunque, según relata Pereyra, “en épocas de sequía, los pivotes permitieron salvar a la soja”.

Cuencas agresivas

César Cadamuro, de la firma contratista encargada de realizar los canales y terrazas, advirtió que en la región norte de Córdoba, las cuencas hídricas “están siendo muy agresivas” debido a la intensidad de las lluvias, como ocurrió el último verano.

“Se requiere un trabajo urgente de ingeniería y una contención con represas cuenca arriba porque los campos se están degradando y erosionando más. Este tipo de trabajo de sistematización es muy complejo y requiere de precisión”, añadió.

Opinó, igualmente, que en esta materia es necesaria la interacción público-privada para llevar adelante los trabajos.

Magnitud

Sobre este punto, Crusta menciona que la provincia de Córdoba tiene 1,6 millones de hectáreas afectadas por problemas de erosión, según los relevamientos del denominado Plan Mapa de Suelos. La problemática económica excede el flanco agronómico y el de la producción. “La siembra directa, que fue un gran avance, como práctica sola o aislada no alcanza para resolver el problema en una región en la que hay pendientes importantes. Las aguas que salen de los campos van a parar a los caminos, los destruyen, y llegan a los pueblos, que se inundan”, dice.

Según el técnico, la causa del problema nace en el campo y al agua hay que atajarla en el campo, con una responsabilidad importante por parte de los productores. Aunque también subraya la necesidad de un plan integral de manejo, con intervención de los organismos públicos, que debe agrupar las técnicas agronómicas con técnicas de ingeniería, a partir de la zona más alta de las cuencas.

Tiempos y costos

Análisis. Los costos de un proyecto de sistematización de suelos varían mucho, porque dependen del estado del campo y de diferentes detalles del diseño y la ejecución. Algunos productores pueden resolver la sistematización de un lote en ocho a 10 días, según los equipos que se contraten. Según el ingeniero Luis Crusta, los productores más chicos también pueden llevar adelante la sistematización en su campo y utilizar maquinaria propia, desde un arado de rejas que tiene en desuso, cultivadores, o contratar una niveladora de arrastre o una motoniveladora. “Hablando con los productores amigos, no hay ninguno que se haya fundido por esto”, dice Crusta.

Daños por erosión

Ingeniería. El campo de 750 hectáreas de la estancia La Margarita, en el paraje Mula Muerta (Sinsacate) está atravesado por una enorme cárcava, formada sobre una vieja traza de un camino rural. En el último verano, derrumbó una escuela rural cercana al casco de la estancia.

Los técnicos recomiendan trabajos de sistematización de suelos por parte de los productores y obras de ingeniería pública (diques de retención) en la zona alta de las cuencas.

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