Comercialización de soja: ¿Hasta qué punto dependemos de la demanda China?

El procesamiento y agregado de valor a partir del poroto de soja en nuestro país permitió diversificar los destinos, y reducir la dependencia de la demanda asiática, principalmente por parte de China. No obstante, la influencia en los precios internacionales sigue siendo fuertemente dominada por este país.

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Comercialización de soja: ¿Hasta qué punto dependemos de la demanda China?
28deJuliode2014a las16:30

Un reciente estudio publicado por la Bolsa de Comercio de Rosario muestra que durante los últimos 10 años, la demanda global de soja prácticamente se ha duplicado, pasando de 54 millones de toneladas a casi 106 millones de toneladas.

Este fenómeno surgió, básicamente, como consecuencia de un cambio en sus hábitos alimenticios, que generaron un exponencial crecimiento en los requerimientos proteicos. A lo largo de todo el período bajo estudio, China fue el comprador con mayor participación y peso, multiplicando por cuatro sus importaciones sojeras.

En la actualidad, la “aspiradora china”, participa con el 65% de las compras sobre esas 106 millones de toneladas de soja que circulan en el flujo comercial mundial. Lógicamente, a mayor nivel de concentración del mercado, menos competitivo resultará el mismo. Entonces, ¿la comercialización de la oleaginosa y sus productos derivados desde Argentina, se encuentra sometida a un mercado poco competitivo? ¿Hasta qué punto las concentradas compras por el país oriental constituyen una amenaza para la oferta local?

Lo cierto es que el nivel de concentración de la demanda, analizado desde los envíos al exterior que realiza nuestro país, varía de manera sustancial al analizar cada producto del complejo en particular.

Las exportaciones de pellets y aceites de soja, por ejemplo, tienden a seguir un patrón de mercado con diversificación de destinos alta. 

No ocurre lo mismo con el poroto o haba de soja, cuyo comportamiento es exactamente inverso. La participación china alcanza casi el 80 por ciento sobre el total de habas de soja compradas a nuestro país. No obstante, es menester recordar en esta instancia que lo que se despacha como grano desde Argentina, constituye un porcentaje menor sobre la producción y se espera que en la presente campaña esta cifra ascienda solamente a 8 millones de toneladas (sobre un total de cosecha proyectada en 55 MT). Mientras que países como Brasil y Estados Unidos exportan como grano (sin procesar) casi la mitad de su producción.

Lo anterior constituye prueba suficiente para entender cómo gracias al asentamiento de plantas procesadoras, hemos avanzado para salir al mundo a través un “complejo” (conformado por aceites, harinas proteicas, biodiesel), no sólo poniéndole un valor superior a la producción, sino pudiendo escapar a la alta dependencia de una única demanda, adquiriendo un mayor margen de maniobra que nuestros competidores. Aunque parcialmente, ya que es en el proceso formador del precio donde radica la verdadera importancia para el productor y exportador argentino.

Este tipo de productos están muy expuestos a las políticas que incentiven, o desalienten su intercambio comercial (como es el caso del biodiésel elaborado a partir del aceite de soja). Recordemos además, que al ser productos “derivados” están estrechamente atados a los precios de la materia prima, que determinarán en mayor o menor medida la eficiencia del negocio (exportador) y la consecuente presión ejercida sobre la oferta.

El peso del gigante asiático en el escenario global es lo suficientemente considerable como para determinar el comportamiento en los precios de la soja en el mercado de referencia internacional (Chicago) que comúnmente oscila según necesidades, cancelaciones y márgenes chinos, entre otros factores; y que indefectiblemente, se traducen hacia el mercado local como un importante condimento.

*Analista de Mercados en fyo  

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