Claves para lograr un silo de sorgo de calidad

Un buen silo de sorgo es el producto de un largo proceso que comienza mucho antes de su confección y termina mucho después de su suministro.

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¿Cuáles son las pautas a tener en cuenta para asegurar un silaje exitoso?

¿Cuáles son las pautas a tener en cuenta para asegurar un silaje exitoso?

15deAbrilde2015a las07:58

El cultivo de sorgo para silaje de planta entera se presenta como alternativa para zonas en las que el cultivo de maíz es inestable. Por otro lado, al comparar ambos silajes, tanto en calidad como en parámetros productivos, los resultados podrían equipararse en algunas situaciones.

Lograr un buen silo implica alcanzar la fermentación apropiada en un ambiente de anaerobiosis (sin oxígeno) que permita conservar las características nutricionales del forraje en pie en el tiempo. Para ello se deben bajar, lo más rápidamente posible, los valores de pH (a menos de 4,5) con el objetivo de frenar el crecimiento de microorganismos y de inhibir procesos fermentativos. Luego, la estabilidad final del silo se logra al bajar la temperatura.

La calidad de un silo y su efecto sobre el sistema no deben pensarse sólo en función de un análisis de laboratorio que representa al silo en el momento de muestreo, sino en su relación con aspectos más dinámicos ya que el mismo se deteriora a través del tiempo - que se reflejan en la productividad (carne o leche) si el silo no es por ejemplo bien suministrado, racionado en forma balanceada y aceptado para consumir por el animal.

¿Cómo lograr un silo de calidad?

Para obtener un producto final óptimo deberán considerarse algunas pautas a lo largo de un proceso que comprende desde la elección del cultivo, la confección y la conservación del silo, hasta la correcta extracción y entrega del forraje.

En primer lugar, deberá elegirse el híbrido más apropiado (alto rendimiento, buena calidad, mayor o menor proporción de granos, resistente a enfermedades e insectos, etc.) según el destino. Luego, las tareas de implantación y de manejo general del cultivo deberán ser adecuadas (momento de siembra, control de malezas, plagas y enfermedades, etc.).

La elección del momento óptimo de corte, que dependerá del forraje a ensilar y de las condiciones ambientales, es un aspecto fundamental para definir el porcentaje de materia seca (MS), que es a su vez el principal factor que afecta la calidad del silaje (lo ideal es que el mismo sea superior al 30-35%). La altura de corte es otra de las variables que define el % de MS -porque el agua se acumula en la parte inferior del tallo, por lo tanto al levantar la plataforma se ganará en calidad nutricional en detrimento del volumen ensilado.

Por otro lado, el tamaño de picado deberá ubicarse entre los 1,5 y 2 cm, de manera de asegurar una compactación apropiada y lograr el tamaño de fibra efectiva para las raciones. En esta etapa también deberá prestarse atención al adecuado afilado de las cuchillas, garantizando cortes uniformes sin deshilachar. El uso de cracker es clave para asegurar el quebrado y aprovechamiento del grano pasado.

Durante la confección del silo la compactación del material deberá ser rápida y uniforme a fin de eliminar todo el oxígeno, siendo el nivel óptimo 240 kg MS/m3, como mínimo. Posteriormente, deberá asegurarse una hermeticidad inmediata, realizando un rápido sellado de la boca así como de cualquier rotura, en el caso de silo bolsa o cobertura con mantas plásticas y contrapesos, en silos aéreos. Existen algunas tecnologías complementarias que ayudan a asegurar buenos resultados de ensilado, especialmente cuando las condiciones de confección no son las óptimas en términos de % de MS o de tiempo de exposición al aire. Tal es el caso del uso de aditivos inoculantes.

Otra cuestión a considerar es el correcto almacenamiento y ubicación del silo, tanto para su conservación (por ejemplo, los silos bolsas en pendiente, lejos de árboles, etc.) como para su posterior utilización.

Las técnicas de extracción y suministro deberán apuntar a controlar las pérdidas, tanto en calidad como en cantidad.

Por último, deberán ofrecerse raciones balanceadas que cubran los requerimientos nutricionales de los animales.

Indicadores de calidad del silo

Si colocamos en la palma de la mano una muestra de silo de sorgo cuyo % de MS, estado de conservación y de fermentación son óptimos, no fluirá agua al comprimirla y al abrir la mano el material se desarmará lentamente. Al volcarlo, una leve humedad permanecerá en la mano sin dejar olor alguno, como consecuencia de que el ácido láctico (producto de una correcta fermentación anaeróbica) es inodoro. El color tendría que ser similar al material recién cortado.

Partiendo de allí, existen ciertos indicios que nos permiten identificar muestras alteradas. Así por ejemplo, el olor a vinagre indica la presencia de ácido acético, resultado de una fermentación inadecuada. Esto ocurre cuando se ensilan materiales con alto nivel de humedad y bajo contenido de azúcares. Volviendo sobre los conceptos anteriores, un buen silo debe favorecer a las bacterias lácticas, lo cual se logra bajando rápidamente el pH y estabilizando el material.

El olor rancio o a “leche cortada” se vincula con la presencia de ácido butírico, producto de la fermentación de bacterias clostridiales. Este tipo de fermentación ocurre cuando el material tiene muy bajo contenido de MS, baja cantidad de azúcares y alta proporción de proteínas (las cuales generan un efecto buffer que demora el descenso del pH).

En tanto, el olor a alcohol predomina cuando por acción de levaduras, los azucares son transformados en alcoholes.

Estos microrganismos (levaduras), además de consumir nutrientes (lo que disminuye la calidad) utilizan el ácido láctico afectando la disminución del pH. Este proceso puede ocurrir cuando el tamaño de picado es demasiado grande y no permite eliminar todo el oxígeno, cuando se demora la compactación y sellado o cuando ingresa aire por roturas o exposición posterior. Por último, el olor a tabaco, acompañado de una coloración marrón o negra, se asocia a silajes que se sobrecalentaron o permanecen calientes. Este proceso ocurre cuando el forraje picado no fue bien compactado (plantas muy maduras o picado grande) o cuando el ingreso de aire se combina con la predominancia de hongos y levaduras en detrimento de las bacterias lácticas. La proliferación de microrganismos que respiran genera calor y consumo de nutrientes. El calor a su vez promueve reacciones entre las proteínas y los azúcares, los que se vuelven indigestibles para el animal.

Entre otras alteraciones, la existencia de manchas blancas o el crecimiento de hongos se asocian también a la presencia de oxígeno, mientras que la presencia de efluentes líquidos está vinculada a forrajes ensilados con mucha humedad (bajo % de MS), aunque también puede ser consecuencia de cuchillas desafiladas que desgarran el material o de un tamaño de picado demasiado pequeño. Este proceso arrastra los nutrientes solubles y favorece el crecimiento de hongos y levaduras, todo lo que afecta la calidad nutricional del silo.

Análisis de laboratorio

Aparte de las inferencias acerca de la calidad del silo que pueden realizarse “a campo”, los análisis de laboratorio son una fuente de información muy útil. Entre los parámetros de calidad fermentativa más comunes ofrecidos por tales análisis encontramos el pH y el nitrógeno amoniacal (N-NH3), expresado como porcentaje del N total. La primera de estas variables indica la acidez del material ensilado. El pH óptimo es igual o menor a 4,5 mientras que pH superiores a 5 indican una fermentación inapropiada. En cuanto al N-NH3, este se relaciona con el nivel de deterioro de las proteínas o aminoácidos que contenía el forraje originalmente, siendo consecuencia de transformaciones secundarias del pasaje de ácido láctico a butírico por acción de microrganismos que prosperan en condiciones de elevado pH (dado por altos contenidos de proteínas con efecto buffer que no el descenso rápido del mismo). Para este índice los valores debieran estar, como máximo, en el orden del 10 o 15 %.

Complementariamente, es posible obtener otros indicadores de laboratorio relacionados a la calidad en la elaboración y conservación del forraje, como son los porcentajes de nitrógeno insoluble en detergente ácido (NIDA), los valores de ácido láctico y de ácido butírico. El primero de estos índices representa indirectamente la cantidad de proteína no disponible para el animal y es consecuencia del aumento de la temperatura en el silaje.

Por otro lado, el % de ácido láctico es el principal producto de la fermentación anaeróbica y por lo tanto es deseable su presencia en las muestras, mientras que elevados porcentajes de ácido butírico, producto de la fermentación aeróbica de carbohidratos, podría generar rechazo en el consumo animal.

A través de los análisis químicos de las muestras es posible conocer además la calidad nutricional del silo de sorgo. Así, el % de MS indica indirectamente el contenido de agua del forraje y su conocimiento permitirá realizar las raciones en base seca. El % de Proteína Bruta (PB) indica la proporción de proteínas verdaderas y de compuestos no proteicos ricos en N (aminas, amidas, urea, etc.). Si bien los valores de este indicador en silos de sorgo suele ser deficitario (entre 5 a 7 % PB), la limitante resulta fácilmente solucionable con la adición de suplementos que aporten proteína. El % FDN (Fibra Detergente Neutro) representa los componentes de la pared celular del forraje y puede asociarse al consumo potencial del silaje, aunque cabe aclarar que esto es también dependiente del tamaño del picado.

Por su parte, el % FDA (Fibra Detergente Acido) representa la celulosa ligada a la lignina y otros componentes indigestibles, por lo cual este indicador esta inversamente relacionado con la digestibilidad del forraje (altos valores FDA indican forrajes de menor calidad y menor aprovechamiento ruminal). El % de cenizas permite conocer el contenido de minerales de la muestra. Otro indicador de gran utilidad es el tamaño de partícula (análisis realizado a través de un separador “Penn state”), que indica de manera indirecta la proporción de fibra efectiva, lo que resulta fundamental para el armado de raciones donde es clave el buen funcionamiento ruminal, por ejemplo en sistemas de alta producción como puede ser un tambo.

Mucho más que “un silo”

Contar con un buen silaje es importante en el logro de sistemas ganaderos eficientes y rentables ya que afecta directamente los resultados logrados en producción animal.

Los datos de calidad fermentativa y nutricional permiten formular raciones balanceadas para satisfacer los requerimientos nutricionales de cada categoría, sin embargo la respuesta productiva también estará afectada por el deterioro aeróbico (por exposición prolongada), lo que causa rechazo y perdidas en el suministro.

En otras palabras, el éxito del ensilado depende de una serie de factores, que se suceden desde la implantación y manejo del cultivo a ensilar, la confección, preservación y suministro del silo, terminando en el resultado productivo obtenido en el animal.

Indicios de alteraciones del silo:

  • Olor a vinagre por presencia de ácido acético.
  • Olor a rancio, “leche cortada” por presencia de ácido butírico.
  • Olor a alcohol.
  • Manchas blancas o crecimiento de hongos.
  • Olor a tabaco y color marrón o negro.
  • Presencia de efluentes líquidos.

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