Conflicto de Cresta Roja: ¿cuáles son las tres posibles salidas?

Poco a poco, el camino de la avícola Cresta Roja abandona la política y empieza a encuadrarse dentro de la cuestión judicial.

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El concurso preventivo está trabado y se duda de la continuidad de la empresa.

El concurso preventivo está trabado y se duda de la continuidad de la empresa.

22deDiciembrede2015a las16:04

Poco a poco, el camino de la avícola Cresta Roja abandona la política y empieza a encuadrarse dentro de la cuestión judicial. Y entonces, cuando eso sucede las opciones son tres. La primera es que los dueños regularicen los pagos y presenten un plan para conformar los acreedores, que, una vez aprobado, se cumpla mientras la empresa funciona normalmente.

La segunda opción es que aparezca alguien con ganas de quedarse con las acciones, y la tercera, es la quiebra. No hay posibilidades de cooperativas, ocupación de plantas o subsidios cuando lo que actúa es sólo la Justicia con la ley de fondo.

Son jornadas determinantes en el proceso que tramita ante el fuero comercial. La compañía está en concurso de acreedores, un tiempo que la ley entrega a los dueños para que presenten un plan de regularización de sus deudas. Ahora bien, en este caso, la familia Rasic, dueña de Cresta Roja, no logra cumplir con las denominadas obligaciones regulares como como los salarios de los trabajadores.

Ante este incumplimiento, el juez comercial, que siempre debiera tener como horizonte la continuidad de la empresa, el resguardo de los bienes de capital y las fuentes de trabajo, puede adelantar los tiempos. En este caso, según consta en el expediente, le entregó un plazo de 48 horas para que cumpla con las obligaciones regulares. Pasado ese tiempo, se decidió el proceso llamado crown down mediante el que se abre la posibilidad de que un comprador suscriba las acciones y se quede con la compañía. Eso si, implica que se haga cargo de los derechos y las obligaciones.

Resolución Cresta Roja

Se hace inviable una compra

Según fuentes del mercado, el pasivo de la empresa hace inviable una compra en estas condiciones. ¿Qué debería suceder entonces? Sin propuesta a los acreedores ni comprador, el destino es la quiebra, destino inexorable de este tipo de procesos cuando el Estado no aparece a mediar.

La idea de el decreto de quiebra es que se proceda rápidamente a la venta de los bienes para salvar las fuentes laborales mediante la continuidad de la explotación comercial. Durante los últimos años, estos remedios pocas veces se aplicaron. Antes de que se decrete la quiebra, en la mayoría de los casos, los trabajadores tomaban las plantas, constituían una cooperativa de trabajo y frenaban los procedimientos judiciales. Luego venía un sistema de subsidios, pedidos a los proveedores de servicios para que no cobren las facturas y una situación de hecho que en varias oportunidades se prorrogó por años. Otras veces, los acreedores se enredaron en los vericuetos de los expedientes, los empleados perdieron su trabajo y los bienes fueron vendidos años después como chatarra.

Son momentos cruciales para la política y para la Justicia. Y para 3300 familias que no saben qué será de su trabajo.

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