¿Un grupo de "vampiros" en puertos del sudeste bonaerense?

Una productora denuncia abusos a camioneros que transportan granos en la playa de estacionamiento de la terminal portuaria de Bahía Blanca.

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Camioneros deben enfrentar un complejo sistema mientras esperan para ingresar al puerto.

Camioneros deben enfrentar un complejo sistema mientras esperan para ingresar al puerto.

07deDiciembrede2016a las09:27

Es notable. Parece ser que no solo los animales domésticos cuentan con defensores de sus derechos, sino también los tres elefantes del zoológico de Buenos Aires, que ya tienen abogado por causa de maltrato. Esto pareciera ser un avance, sino fuera porque hemos logrado acordarnos de los derechos de los animales, olvidados por tanto tiempo, ignorando los de algunos camioneros que ahora son tratados como animales.

Este verdadero cuento de la selva comienza en la playa de camiones de la ciudad de Bahía Blanca, y muestra a las claras cómo una buena idea puede ser capturada por oportunistas para complicar la vida a todos en pos del propio beneficio.

Originalmente creada para recibir camiones sin cupo (durante la gestión Linares), unos particulares armaron una sociedad anónima. Hasta aquí, todo bien. Los camiones con cupo, irían, como lo hacen en el resto de los puertos del país, directamente a descargar a la terminal correspondiente, y los que no tienen cupo, se estacionarían en la playa pagando una tarifa por la espera.

Pero las personas pueden ser muy creativas, y vaya a saber uno con que contactos y con qué apoyo, estos “vivillos” se las ingeniaron para: recibir tierras fiscales; construir por debajo de una línea de alta tensión; monopolizar el calado para que todos los camiones deban pasar por ahí (a esta altura usted imaginará que el tema con cupo sin cupo ya dejó de existir); achicar la playa a la mitad, ya que de un lado están los camiones calados y del otro los sin calar; cobrar $ 150 por camión (a razón de 1.000 camiones por día la cuenta empieza a gustarme); cobrar solo en efectivo; no aceptar que se pague en una cuenta, inclusive si se trata de una empresa con 30 camiones.

Claro que en este estado de situación, carece de sentido pensar en el camionero, que espera durante horas porque la terminal no lo recibe, inexplicablemente, ya que le dio un turno y un código alfanumérico de una extensión que desafía la memoria e inteligencia del propio Steve Jobs.

Pero todo puede empeorar, porque en la playa de camiones se roban los cupos. Simplemente, el camionero llega con su numerito de 20 cifras y resulta que un señor que tendría poco sueldo y casa en barrio caro le informa que ya ha sido usado.

Y no se haga el loco, porque lo mandan a otro lugar para que acondicione su mercadería (que por lo general está en perfectas condiciones). Ello lo obligará a volver a pagar los $150 cuando reingrese. Así que señor camionero: ¡más vale que no se queje!

Demás está decir que todo esto es resultado no solo del vampirismo descarado de estos oportunistas sin límites, sino también de quienes dicen defender a sus pares, de los incompetentes que para solucionar algo le agregan un trámite al problema, y ni hablar de las autoridades que, por ahora, parecen estar más preocupados por los elefantes.

De volver a los orígenes, de entender que las terminales deben hacerse cargo de los cupos que entregaron y eliminar intermediarios: ni hablar. ¿Para qué solucionar algo, si podemos complicarlo?

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